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Los tambores y las cornetas se callaron, el silencio los rodeó y los obligó a bajar el ritmo hasta casi desaparecer. El coronavirus, virulento y oportunista, paró las actividades en la ciudad de los anillos, entre ellas los eventos sociales. Las horas locas que animan diversos tipos de encuentros festivos dejaron de salir a los escenarios y a las pistas de baile, la cuarentena se los prohibía.

Los bailarines, zanqueros, coreógrafos y productores guardaron sus disfraces y suspendieron todas sus presentaciones. Había una premisa mayor, proteger la salud de todos ellos y del público al que animan.

Diego Reynoso (45), director general de Creatilokos, una de las compañías más grandes de animación de eventos en Santa Cruz, dice que quedó impactado cuando se enteró de la presencia del Covid-19, que ya estaba en la ciudad, que se cobraba sus primeras víctimas, por lo que las autoridades regionales y nacionales decidieron implementar una cuarentena.

"Sabía que la medida era necesaria para cuidar a la gente, pero también veía un nubarrón grande en nuestro horizonte, porque no íbamos a poder trabajar. Y ello significaría que muchas personas de nuestro equipo se quedarían sin trabajo", manifiesta.

Cuenta que fue muy difícil tener que decirle a su gente que no había trabajo, que se vayan a su casa y que se cuiden. Su compañía completa en temporada alta llega a 600 personas, que conforman varios grupos y que animan los eventos. Hay bailarines, percusionistas, zanqueros, animadores, asistentes, diseñadores, estilistas y productores. Todos ellos fueron afectados de una u otra manera por el Covid-19.

La tristeza los invadió, con sus caras desencajadas tuvieron que aceptar que ya no había trabajo y que no sabían cuando volverían a la normalidad. Reynoso dice que trató de animarlos, pero muchas veces él era el triste. Solo les pudo decir que agradezcan a Dios que estaban sanos, que se busquen otros oficios y que cuando todo pase, los llamarían.



¿Qué hicieron?

Cada uno se fue a su casa a buscar una nueva realidad laboral. Y como no se iban a quedar de brazos cruzados, decidieron buscarle a la vida. Siguieron en contacto y empezaron a pensar en qué trabajar. Varios de los varones fueron aceptados en una empresa de delivery y subidos en sus motos empezaron a recorrer la ciudad entregando pedidos.

Las mujeres empezaron a preparar comida para vender en el almuerzo y en la cena. Además de diversos tipos de horneados y dulces, que ofrecían y personalmente llevaban a sus clientes.

Consiguieron que una empresa importadora les proporcione barbijos a bajos precios, para que ellos puedan venderlos y ganar un porcentaje.

Así casi nadie del equipo de Creatilokos se quedó sin empleo. Buscaron la forma de sobrevivir y lo consiguieron, pudieron llevar el sustento diario a sus casas. Diego Reynoso comenta que se siente orgulloso de su gente, porque en momentos críticos como este supieron serenarse, pensar qué hacer, ponerse manos a la obra y salir adelante.

¿Qué harán?

Creatilokos forma parte de la recientemente creada Coordinadora Departamental Artística, Musical y Entretenimiento, que protege los derechos de quienes trabajan en esta área, que según sus directivos podría alcanzar a 150.000 personas en todo Santa Cruz. 

Incluye a músicos de bandas, orquestas, grupos, solistas, bailarines, actores, técnicos, productores, vestuaristas, estilistas, taxistas, personal de hoteles y restaurantes, es decir todos los que tienen un trabajo que  está relacionado con el entretenimiento.

Se reunieron con las autoridades municipales y del Coem, a quienes les contaron su realidad, que necesitaban volver a trabajar. También escucharon la otra parte, que la cuarentena es necesaria para evitar más contagios, que la salud y la vida es lo más importante, porque sin ellas no hay espectáculos.

Llegaron a un buen acuerdo. Desde el lunes 14 pueden volver a trabajar, a animar encuentros sociales, pero bajo normas técnicas especiales y de bioseguridad.  Podrán participar en eventos que deberán ser evaluados y aprobados por las autoridades municipales y del Coem.



Dichos encuentros no pueden pasar del 30% del aforo del lugar en el que se lleva a acabo. Se pueden celebrar desde horas de la mañana hasta máximo las 17:00. En todos ellos se tiene que respetar las normas de bioseguridad. Todos los integrantes de los grupos de animación deben llevar barbijos, cumplir el distanciamiento social y ponerse alcohol en gel en las manos, antes y después de sus presentaciones.

Y como muchos acontecimientos se están llevando a cabo de manera virtual, transmitidos por las redes sociales y la televisión, los animadores de eventos participarán de esta nueva normalidad, con sus vestuarios coloridos y toda la alegría que los caracteriza. 

Creatilokos

En 2009 Diego Reynoso crea el grupo de animación de fiestas al que inicialmente llamó La hora loca, siguiendo una corriente de celebraciones que eran populares en Argentina, Brasil y Uruguay. Después el grupo pasó a denominarse Creatilokos y la hora loca quedó como un concepto de diversión en fiestas.

Varios de los exfuncionarios de Creatilokos han formado su propio grupo de entretenimiento, que en la actualidad son más de 60 solo en la ciudad. Todos ellos también volverán a trabajar.