Escucha esta nota aquí

Los hermanos Irving, Peter, Leonore y Helen Kahn son caso de estudio porque demuestran que se puede vivir hasta los 110 años de forma saludable (aunque sus hábitos de vida no lo hayan sido tanto). 
Del cuarteto, ningún hermano sobrevive, pero los cuatro superaron el siglo de vida. Peter falleció a los 103, Helen a los 110  y Leonore, la que menos vivió, llegó hasta los 101 años. El último Kahn, Irving, falleció a los 109 en 2015 pero su ADN, junto con el de sus hermanos, sigue ‘hablando’.

"El caso de los hermanos Kahn es paradigmático, porque demuestra que tenemos la capacidad como especie de vivir hasta los 110 años de manera saludable", explicó Nir Barzilai, médico y director del Proyecto de los Genes de la Longevidad, una investigación que comenzó en 1998 y que busca analizar el material genético de 670 personas que bordearon los 100 años, señala el periódico español El País.
 
En busca del bendito gen
Contrariamente a lo que dictan los consejos de buena salud, los hermanos Kahn no llevaron un estilo de vida muy saludable. Una de las hermanas fumó durante 95 años e Irving, analista financiero de la bolsa de Nueva York, llevó una vida sedentaria entre números, estrés y horas de escritorio.
De los 670 casos estudiados, “el 60% de los  hombres y el 30% de las  mujeres fumaron durante un largo periodo de tiempo. Casi el 50% eran obesos y menos de la mitad hacía ejercicio. No hacían nada saludable. Tienen genes que los protegen. Y los tenemos que encontrar”, manifestó Barzilai, a tiempo de abrir el Congreso Interdisciplinar de Genética Humana en Madrid (España).

Los hermanos Kahn, relata, tenían una mutación en un gen asociada a niveles más altos de colesterol bueno. “Hay más proporción de personas con esta mutación entre los centenarios que en cualquier otro rango de edad”, señala el médico. Las personas que presentan esta mutación tienen, además, menos probabilidades de sufrir alzhéimer.

La hormona del crecimiento

Por otra parte, más de la mitad de los centenarios cuyos genes son estudiados, tenían menos actividad en la hormona del crecimiento. “Una cantidad baja de hormona del crecimiento los protege de morir”, subraya Barzilai. 

La hipótesis del médico, como la de muchos otros, es que las enfermedades asociadas al envejecimiento (como el alzhéimer, los ataques cerebrales y los problemas cardiovasculares) se pueden retrasar interviniendo la hormona del crecimiento.
Mientras algunos científicos buscan descubrir un ‘secreto’ que garantice la longevidad y la buena vida, el resto de los mortales debe jugarse a lo seguro: solo una dieta saludable y hacer ejercicio de forma regular permiten gozar de buena salud y vivir más años. 

Comentarios