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La fisiología del organismo tiene ‘trucos’ para adaptarse a distintos factores o bien tolerar un amplio rango de circunstancias. El cuerpo cuenta con mecanismos de defensa frente al calor (como la sudoración), al frío (como la constricción de los vasos sanguíneos), o la elevada altitud (como la producción de mayor cantidad de glóbulos rojos). 


A las defensas propias del cuerpo, se suman las comodidades, la tecnología y los avances médicos que le sirven como especie de colchón ante las adversidades de la naturaleza. Gracias a su ingenio a lo largo de la historia, el ser humano puede, por ejemplo, conservar alimentos durante mucho tiempo, crear estructuras que lo protejan de las tempestades y, gracias a la medicina, puede incluso hacer transfusiones de sangre de un cuerpo a otro. 


Pese a todo, el cuerpo tiene unos límites muy claros y la revista National Geographic recogió lo que en promedio  un  hombre de 68 kilogramos de peso sería capaz de soportar.

Cuestión de temperatura
Si el ser humano se expone a una temperatura ambiente de 150 grados centígrados (algo que puede suceder en una mina o en un incendio), moriría luego de 10 minutos. Pero si se trata de un niño, el cuerpo resiste un máximo de 49 grados centígrados.


Pero cuando el calor es corporal, por causa de fiebre o de insolación, la temperatura interna puede pasar de los habituales 37 grados hasta los 42, lo que resultaría letal para el hombre.
Por el contrario, si una persona cae en medio de un mar frío (a unos 4,4 grados centígrados), puede sobrevivir apenas media hora. Esto sucede porque el agua fría tiene una gran capacidad para absorber el calor del cuerpo, lo que la convierte en el recurso ideal para refrescarnos. 

Encima y debajo del mar
Subir una montaña supone respirar aire más pobre en oxígeno. La altura máxima a la que las personas habitualmente pierden la consciencia está en torno a los 4.500 metros. Sin embargo, quienes viven en regiones muy elevadas tienen una mayor concentración de glóbulos rojos en la sangre y pueden resistir tranquilamente.


Por el contrario, cada 10 metros bajo el nivel del mar la presión aumenta en cerca de una atmósfera. Si bien los buceadores experimentados lidian con lugares más profundos, la mayoría de las personas desvanecería en dos minutos si alcanza una profundidad de 18 metros bajo el mar.

Morir de hambre y de sed
Sin comer se puede vivir cerca de 45 días pero sin hidratarse el cuerpo resiste apenas una semana. Cuando no se consume alimentos sólidos, se considera que la muerte es inminente cuando la persona llega a perder el 30% de su masa corporal (aunque es más probable contraer una enfermedad letal antes de llegar a ese punto).


Se puede estar sin beber un máximo de siete días, dependiendo de las circunstancias. Si una persona no reemplaza al menos la cuarta parte del agua que pierde cada día, la muerte llegará en menos de una semana.


Vivir sin aire 
Si bien con entrenamiento hay gente que puede resistir hasta 11 minutos sin oxígeno, una persona normal se desmayaría a los dos minutos.

Sangre
Cuando se pierde mucha sangre ocurre lo que se denomina shock hipovolémico, una reacción por la cual muchos órganos dejan de funcionar. Esto ocurre cuando el cuerpo ha perdido más del 40% de su sangre, lo que en promedio equivale a 2,2 litros. Normalmente, un individuo puede sobrevivir después de perder el 30% de su sangre, pero a partir del 40 requeriría una transfusión inmediata. 

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