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El caso 'La manada' sonó en gran parte del mundo, incluso en Bolivia, donde también despertó el repudio a la violencia sexual machista, presente hasta en la justicia. En 2016, durante la fiesta de San Fermín, en Pamplona (España), una chica, que en ese entonces tenía 18 años, fue violada por cinco hombres, que, además la filmaron y difundieron en grupos de WhatsApp las terribles escenas. 

Los chicos fueron detenidos, llevados a juicio, luego liberados, pero mientras todo esto sucedía, la afectada era tan interrogada como los mismos criminales que se aprovecharon de su estado de inconsciencia para abusar de ella. Este es el argumento de la obra de teatro Jauría, del dramaturgo español Jordi Casanovas (42), que se estrenó en 2019 en Madrid, pero que acaba de ganar dos Premios Max, uno de los más importantes del teatro en España, como el mejor montaje del año y mejor adaptación.

“Queremos dedicar este premio a la protagonista de esta obra. Gracias por no callar, por tu valentía y tu determinación, ojalá nunca hubiéramos subido a las tablas esta pieza porque nunca hubiera tenido lugar esta pesadilla. Utilizando sus propias palabras, nadie tiene que pasar por esto, lamentarse por beber en una fiesta, ir sola a casa o llevar una minifalda”, expresó el equipo de la obra al recoger el galardón, según recoge el diario La Vanguardia.

El montaje de Jauría

En enero de 2019, próximo al estreno en Madrid, el autor Casanovas explicó al diario El País que Jauría, obra de teatro documental, estaba basada exclusivamente en las declaraciones de la víctima y los acusados de este mediático proceso judicial. Además, resaltó el propósito de la puesta en escena: la reivindicación de un teatro activo y comprometido con el presente.

No es lo mismo leer un testimonio que verlo interpretado sobre un escenario. He optado por no recrear el relato de los hechos, sino por extraer el aroma emocional de cada momento: la estrechez sofocante del portal donde ocurrió todo, el desconcierto, la angustia, el sentimiento de acoso. Lo que pretendo es que todo eso que ya conoce el espectador le transite por el cuerpo. El relato en primera persona llega de otra manera que la lectura de una noticia de prensa: le ponemos cara a la historia y la entendemos de otra manera”, expresó el escritor.

Casanova dejó en claro que Jauría no tuvo ningún elemento inventado, que todo lo que se dice en escena fue pronunciado durante el juicio y que él se limitó a trenzar con ritmo dramático el relato de la víctima con el de los acusados para que el público saque sus conclusiones. “Desde el primer momento llama la atención que a la víctima se le pidan más explicaciones que a los acusados. Se investiga su pasado y se cuestionan sus actos más que los de ellos”, resaltó.

Sobre los personajes de Jauría, Miguel del Arco, director de la obra, detalló que no se entrevistaron con ninguno de los originales, solamente le escribieron una carta a la víctima para ponerla al tanto del proyecto, y se basaron en sus testimonios y palabras para la construcción. 

“Si hacemos esta obra es para poner sobre la mesa la gran deficiencia que esta historia deja al descubierto y por lo que se ha convertido en un caso paradigmático: que estos chicos y mucha otra gente sigan pensando que no hicieron nada malo, que es normal dejar tirada en el suelo a una mujer después de mantener relaciones sexuales con ella. Ahí está la médula de esta obra: la constatación de que ciertos actos asumidos como normales en el pasado son en realidad un delito", finalizó el director. 

El caso en la vida real

Según se conoce, el 7 de julio de 2016, los cinco amigos identificados como 'La manada', llevaron de madrugada a la víctima en estado de ebriedad al interior de un edificio, donde abusaron sexualmente de ella. Además, la grabaron en video y luego se marcharon tras robarle el celular.

Durante el juicio, los condenados argumentaron que se trató de una relación consentida, por lo cual, inicialmente, los jueces dictaminaron que fue un caso de abuso, pero no de agresión sexual por no haberse probado que hubo violencia o intimidación.

El juicio, que se inició en 2017, estuvo marcado por varios momentos importantes. En junio de 2019, finalmente tuvo un contundente resultado, cuando el Tribunal Supremo (TS) de España elevó de 9 a 15 años de prisión la condena a los acusados, al considerar que en los hechos ocurridos sí hubo un delito continuado de violación por parte del grupo sobre la joven de 18 años.

El TS consideró incorrecta la calificación jurídica de las anteriores sentencias porque el relato describía un "auténtico escenario intimidatorio, en el que la víctima en ningún momento consiente a los actos sexuales llevados a cabo por los acusados".

Tras el dictamen, José Ángel Prenda, Jesús Escudero, Alfonso Jesús Cabezuelo, Antonio Manuel Guerrero y Ángel Boza, que estaban en libertad provisional desde junio de 2018, fueron enviados a la cárcel, donde deberán pagar por sus actos. Los jóvenes fueron separados y enviados a prisiones distintas.

Antonio Manuel Guerrero fue condenado a dos años más por un delito de robo con intimidación al quedarse con el teléfono de la joven tras la agresión.