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En Asia se lo consume desde hace más de cinco mil años. De ahí lo llevaron a Egipto, al imperio romano y luego a todo el mundo. El ajo es utilizado en muchos platos, brindando un sabor muy especial como condimento. Sin embargo, su fuerte aroma, que después se repite en el estómago y deja mal aliento, hace que sea rechazado por muchos.

En casi todas las recetas está presente, desde los platos típicos bolivianos, hasta las pastas italianas, la comida china, la gourmet francesa y hasta en los aperitivos que se sirven antes de las comidas.

La revista de gastronomía del diario Heraldo explica que el ajo tiene múltiples componentes químicos que lo hacen muy especial, que le dan su sabor y sobre todo sus propiedades nutricionales. Se dice que para evitar su olor fuerte, el ajo debe ser comprado y consumido lo más nuevo posible, pues si está fresco aún no tiene la alicina potente que normalmente lo caracteriza, que es su olor y su sabor picante y ácido. 

Cuando el ajo ya tiene varios días después de haber sido cultivado y llevado a la casa, empieza a ganar esas propiedades químicas que muchas veces molestan. Sin embargo, es ahí donde se concentran la mayor parte de sus nutrientes.

Otra forma para evitar las molestias ácidas del ajo es pelarlo, partiéndolo en pedacitos, poniéndolo en un recipiente con agua y llevándolo al fuego, hasta que hierva. Una vez se consiguió el hervor se retira el agua, y se vuelve a repetir dos o tres veces más. Así se saca el olor que tanto molesta de este alimento.

La tercera forma para quitar el olor fuerte del ajo y que no cause mal aliento después que se lo consume, es quitándole la cáscara, cortarlo en pedazos chicos, luego ponerlos en un recipiente con jugo de limón, machacarlo adentro para hacer una pasta, que después se utiliza en la cocina. 

Cualidades



El ajo tiene muchos nutrientes, por ello es que la medicina recomienda consumir este alimento. Tiene carbohidratos, grasas naturales, proteínas, vitaminas B y C, calcio, hierro, magnesio, fósforo, sodio, zinc, potasio y manganeso.

Ayuda a la buena circulación sanguínea, evita la subida de la presión y los ataques al corazón. Es antibiótico, por lo que combate a los virus, ayuda regenerar las células, a la buena cicatrización de los heridas. Es antifúngico, es decir que termina con los hongos internos y externos del cuerpo.

Fortalece el sistema inmunológico, por ello es que evita los resfríos, los dolores de garganta, los problemas respiratorios y pulmonares, e infecciones como las del coronavirus. Reduce el colesterol, pues limpia el sistema sanguíneo.

Al ser antioxidante combate las enfermedades degenerativas y retrasa el envejecimiento prematuro, dándole lozanía y salud a la piel También fortalece las encías y la dentadura, gracias al calcio que contiene, explica el sector de salud de La Vanguardia.