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La Navidad tal como se celebra en la actualidad no se registra en la Biblia, que sí se refiere claramente al nacimiento de Jesús, se lo anuncia como el Hijo de Dios, el Salvador y rey de los cielos y de la tierra. En el capítulo 2 del evangelio de San Lucas, se cuenta sobre la llegada de Cristo. 

El papa Julio I, en el siglo IV, tomando como referencia a las Santas Escrituras institucionalizó la Navidad, con los personajes bíblicos y los hechos narrados en los evangelios.

El 25 de diciembre no es exactamente el día en que nació Jesús, pero el pontífice sacó las cuentas sobre el paso de una estrella, el invierno en Medio Oriente y llegó a la conclusión de que más o menos esa era fecha y la impuso en el calendario de festejos como el nacimiento de Jesús, así quedó hasta la actualidad, y pasó a ser una celebración universal.

Con el paso de los siglos fueron apareciendo símbolos que refuerzan el espíritu de celebración de la Navidad. Por ello es que los dos mayores referentes de este festejo cristiano, y que se extendió a otras creencias religiosas, son el árbol y el pesebre, que tienen toda una simbología y rica historia.

El árbol de Navidad



Sus orígenes se remontan al año 723, cuando San Bonifacio, un obispo del norte de Alemania, quería convertir al cristianismo a varias poblaciones que tenían dioses paganos que estaban en contradicción con los enseñanzas de Jesucristo. Se acercaba el fin de año y hacía mucho frío, la gente estaba adorando a un árbol al que le atribuían poderes sobrenaturales, porque les daba calor y algunos frutos.

Bonifacio tomó un hacha y con furia derribó el árbol y les demostró que su dios era tan intrascendente y débil que de un golpe se acababa, sin embargo el Dios que él les proponía era todopoderoso y había creado al mundo. Así aquellas personas se convirtieron al cristianismo. 

Para representar el nacimiento de Jesús, cuya fecha ya se acercaba, les propuso adornar un árbol, que les recuerde que tenían un solo Dios. Que lo decoren con manzanas, que representaban el pecado original del hombre, y con luces que era el equivalente al camino iluminado que todos quieren transitar.

Dicha costumbre de decorar un árbol para Navidad llegó en 1605 a Finlandia, luego a los otros países escandinavos y después a Inglaterra, informa el diario El Tiempo.

Así nació el árbol de Navidad. Sin embargo quien lo popularizó tal como lo conocemos ahora, fue la reina Victoria del Reino Unido, a mediados del siglo XIX, que hizo cortar un pino grande, pidió que lo pongan en una de las salas del castillo de Windsor, que lo adornen con bolas de colores, velas encendidas y otros elementos para hacerlo más atractivo. Luego todas las casas reales europeas siguieron su ejemplo y la costumbre saltó a todo el mundo.

El pesebre



En la Navidad de 1223, en el pueblo italiano de Greccio, San Francisco de Asís quiso celebrar de manera diferente. Se le ocurrió representar el nacimiento de Jesús en vivo, con personas y animales de corrales reales. Lo hizo como una obra de teatro y salió tan bien que lo representaron varias veces.

Así nació la representación del nacimiento del Niño Dios. Luego mandó fabricar piezas de cerámica que representaban a Jesús acostado en un pesebre, a María y a José, a algunos pastores, a un ángel y a los tres reyes magos. 

Dicha representación gustó y se expandió entre las familias del lugar, luego saltó a otros pueblos y países de Europa y con la colonia española llegó a América, donde le dieron un toque regional, sobre todo en México, Ecuador y Perú, sede de importantes corrientes artísticas.

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