Escucha esta nota aquí

La crisis que ocasiona el coronavirus en todo el mundo y en Bolivia ha cambiado la vida de muchos y a otros los ha empujado a adaptarse a la nueva realidad. Es el caso concreto de los diseñadores de moda, de los costureros y artesanos de la confección de ropa, que tuvieron que cerrar sus talleres cuando empezó la cuarentena.

Luego de un mes de inactividad laboral, de no tener ingresos económicos ni para ellos ni para sus funcionarios, estos creativos nacionales idearon otro trabajo, algo similar, relacionado con la costura, que es la confección de prendas de vestir de bioseguridad, para ser utilizados cuando se sale a la calle y para quienes van a trabajar fuera de sus casas.

La idea ya había sido plasmada en el exterior. Varias casas de modas famosas anunciaron que cambiaban las telas finas y bordadas para trabajar en la elaboración de barbijos, mandiles y trajes de bioseguridad. Carolina Herrera, Cristian Dior, Valentino, Saint Laurent, Armani, Gucci, entre otros, le pusieron su sello a estas prendas que ya empiezan a verse en las calles de las ciudades en el mundo.

Santa Cruz de la Sierra, es la capital de la moda de Bolivia. En la urbe están la mayoría de los diseñadores, costureros, modelos, productores y las tiendas que proveen del material para la elaboración de la ropa. Por ello, el impacto que dio el Covid-19 en esta industria fue fuerte y la reacción de sus protagonistas fue importante.

"No me podía quedar en los lamentos, tenía que ver lo que iba a hacer y rápido. Fue así que viendo TV se me vino a la mente crear trajes de bioseguridad, que también sean bonitos y cómodos", manifestó el diseñador Rodolfo Pinto.

Luis Daniel Ágreda, Hijos de Ramón y Jessica Gutiérrez vieron en la pandemia la oportunidad de crear prendas diferentes, que sirvan para protegerse de los virus que acechan actualmente. Se pusieron manos a la obra y han tenido buena acogida. 

Antes de empezar a trabajar se hicieron asesorar. Consultaron a médicos e infectólogos y siguieron las tendencias de ropa de bioseguridad en otros países para ver cómo iban a diseñar y a 'meterle la tijera a las telas', pues la labor era un poco diferente a la que estaban acostumbrados.

​​

Lo hicieron y muy bien. Ahora, en el mercado nacional están sus trabajos, con diseños atractivos, de colores y sobre todo seguros. Algunos de ellos han sido donados a instituciones que están ayudando a personas golpeadas por la pandemia. 

Los creativos

Luis Daniel Ágreda, fiel a su estilo, rescata personajes y situaciones regionales para plasmarlas en sus creaciones, produce barbijos con máscaras de abuelos chiquitanos que han sido pintados a mano, agregando valor artístico a la pieza.

Estas mascarillas son confeccionadas con dril, una tela firme de algodón cuya textura se asemeja a la mezclilla. Está entretelada y tiene aglomerados antifluidos, con bordes suaves para no irritar la piel. Son anatómicos, lavables y reutilizables. Está trabajando en otros diseños, como los de Rosita Pochi, que pronto sacará al mercado en barbijos que protegen y comunican la cultura boliviana.

Hijos de Ramón, la pareja de diseñadores formada por Carlos Xavier Araúz y Fernando Justiniano, también crean indumentaria de bioseguridad. Tienen una atractiva colección de barbijos con diversos diseños, que van desde los florales hasta los diseños a cuadros. Son elaborados con doble tela de algodón antialérgica y con filtro antibacterial.

También confeccionan trajes tipo impermeable para ir a trabajar a lugares donde atienden a la gente y así estar bien protegidos de posibles contagios. En su elaboración siguen los protocolos de seguridad y salubridad.​

Rodolfo Pinto ha creado una variada colección de vestimenta de protección antivirus para mujeres y para hombres, diseñados a medida. Tiene principalmente impermeables y enterizos, confeccionados con tela PVC antifluidos, que protege de los gérmenes, con cierre en la parte delantera, holgada (no pegada al cuerpo), con mangas largas y cuello alto.

Estas prendas las elabora en tonos negro, blanco, nude, naranja, amarillo y transparentes. Están diseñadas para ser utilizadas en el trabajo, pero sobre todo para estar sentado y protegido. 

Jessica Gutiérrez también se reinventó y se puso manos a la obra para crear piezas de vestir de bioseguridad y barbijos, confeccionados bajo estrictas normas de protección que, además de evitar posibles contagios, hace lucir atractivas a las personas. 


Se destacan en su colección las mascarillas para niños, de telas antibacterial, seguras y atractivas. También las hay las sublimadas con diversos diseños para que esta prenda deje de ser aburrida y hasta intimidante, y pase a ser una pieza de confianza y agradable. Los enterizos tienen su sello, son cómodos, seguros y bonitos.

Estas cuatro marcas de moda nacional proponen que, si se tiene que salir a la calle, se lo haga bien protegido, con vestuario elaborado especialmente para ello, para repeler cualquier virus. Y se lo puede hacer de manera cómoda y atractiva, con piezas de vestir 'made in Bolivia'.

Así en Bolivia, las máquinas de costura vuelven a funcionar. La moda se reinventa y se adapta a la necesidad, en este caso específico, la protección contra cualquier tipo de contagio.