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Su vida era perfecta. Estaba casado con la mujer que amaba, la actriz Tracy Polland, tenía cuatro hijos, era famoso, millonario y brillaba en el cine. Hasta que a la vida del actor canadiense Michael J. Fox llegó un oscuro nubarrón y luego una fuerte tormenta. Le detectaron la enfermedad de Parkinson, cuando tenía solo 29 años.

Él es el popular protagonista de la trilogía Volver al futuro, que lo consagró en Hollywood. Su figura se hizo popular en todo el mundo y se convirtió en uno de los actores mejores pagados y más solicitados por los productores de cine.

El martes 17, de manera virtual y en todo EEUU y Canadá se llevará a cabo la presentación del libro biográfico del artista, titulado No hay tiempo como el futuro, en el que cuenta cómo es su vida con la enfermedad, informa el diario español ABC.

Todo empezó en 1998, cuando le encontraron en la columna vertebral un tumor no canceroso que crecía con el paso del tiempo, por lo que tenían que operarlo para evitar que quede paralizado. La intervención quirúrgica era delicada, pero todo salió bien. Después vinieron cuatro meses de recuperación en los que Fox tuvo que volver a aprender a caminar.

Al año siguiente y ya recuperado, el artista se fue de vacaciones con su familia y regresó a Nueva York solo para filmar la pequeña parte de una película. Estaba apoyado en la pared de la cocina de su casa esperando que pasen a buscarlo cuando se cayó y se rompió un brazo.



Cuando esperaba la ambulancia que lo llevaría al hospital, Michael J. Fox tuvo una avalancha de pensamientos negativos. Dice que ese fue uno de los peores días de su vida. En ese momento empezó a perder las ganas de vivir, el mundo se le vino abajo y pensó que era el inicio del fin.

En el centro médico lo atendieron, pero le hicieron otros estudios y así descubrieron el Parkinson. Inicialmente se negaba a aceptarlo, pero otros profesionales confirmaron el diagnóstico.

Regresó a su casa, le informó a su familia lo que tenía y su vida cambió totalmente. Suspendió todos sus proyectos cinematográficos, canceló sus contratos publicitarios y viajes promocionales. No dijo que estaba enfermo, simplemente argumentaba que estaba cansado y que por un buen tiempo se retiraba de escena.

Entró en una espiral depresiva; empezó a consumir alcohol y no quería ver a nadie. También se automedicó con tabletas para los nervios y somníferos. Su enfermedad avanzaba y empezó a notársele y eso lo puso más triste.

El actor no quería que el público se entere para no causar lástima. Sin embargo, en 1998 la información se filtró y los medios de comunicación lo anunciaron escandalosamente. Como ya se sabía, aceptó entrevistas en algunos programas de TV y en diarios, solo para servir de ejemplo para otras personas que padecen la misma enfermedad.



"Mi memoria a corto plazo está destruida. Siempre tuve un gran dominio para memorizar mis líneas. Después de que me detectaron esta enfermedad empecé a olvidarme de las cosas. Fue duro, tal vez lo más traumático que he pasado", contó a una revista estadounidense.

No hay tiempo como el futuro

Así titula su biografía que escribió para contar todo lo que sufrió y como salió de aquel pozo oscuro, con ayuda principalmente de su familia y con fe en Dios. 

Tenía miedo no poder valerse por si mismo, tener que depender de otras personas para caminar, para ir al baño y hasta para alimentarse. Las peores ideas pasaban por su cabeza.

El optimisno y las ganas de vivir regresaron a la vida de Michael J. Fox cuando aprendió a ser agradecido con todo lo que tiene y recibe, además de aceptar lo que le sucede y así empezó a sentir que podía seguir adelante.



"Uno aprende muy rápido lo que puede controlar y lo que no. La única respuesta es aceptarlo. Estos son los principios que practico todos los días: la aceptación y la gratitud", manifiesta el actor.

Añade que el optimismo está unido a la gratitud, y lo que sigue es la aceptación. Tolerar lo que ha sucedido no significa que no se debe esforzar para cambiar y mejorar. Simplemente se tiene que poner en el lugar que corresponde todo lo que pasa y luego se puede seguir adelante, comenta en su libro.

"Mi vida ahora es tranquila, y de hecho la estoy pasando muy bien. La gente no me cree, pero amo la vida, estar con mi familia, me encanta la compañía de mi esposa Tracy. Me gusta no hacer muchas cosas inútiles que antes solía hacer, porque no tengo ni la energía ni el tiempo", expresa al actor.



Hoy, Michael J. Fox, con 59 años, dirige una fundación que ayuda a las personas que padecen de Parkinson.