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Una copa de vino o una cerveza acompañan una reunión en Zoom. Forma parte de la nueva dinámica social que el confinamiento ha impuesto. Los juntes, a través de las aplicaciones, permiten el encuentro de la familia y los amigos. Una bebida para brindar la ocasión acompaña muchas de estas reuniones.

El profesor titular de Farmacología de la Universidad San Pablo CEU, Madrid, Gonzalo Herradón aclara, para el portal de vida saludable Cuidateplus, que el consumo de alcohol durante el periodo de cuarentena “tiene un mecanismo de acción cerebral similar a los fármacos sedantes o ansiolíticos”. En un inicio provocan una reacción placentera que alivia la sensación de crisis. A la larga, complementa el especialista “provoca estrés, insomnio, ansiedad y dependencia”.

El catedrático explica el incremento en los índices de consumo de alcohol como respuesta al excesivo tiempo que se permanece en casa. Ante el aburrimiento, las personas buscan formas de ‘escaparse’ de esa sensación de vacío. Herradón recomienda rutinas saludables como mecanismo para sentirse activo. La lectura, el ejercicio o el tiempo de cocina se puedan intercalar con otros hobbies que despierten la sensación de satisfacción y plenitud. Cumplir pequeñas metas ayudan a mejorar la estima personal. El catedrático en Farmacología alienta para que esas pequeñas metas también se extiendan a “la limitación del consumo de alcohol. Se aconseja trabajar en un sistema por objetivos: por ejemplo, limitar la ingesta a dos bebidas al día, si es posible de forma espaciada; proponerse un día a la semana sin ingesta de alcohol, e incluso recompensarse por todo ello”.

Los riesgos médicos, apunta el profesor del CEU, señala que el alcohol afecta al sistema inmunitario a distintos niveles y, al bajar su tono, puede aumentar el riesgo de infección. De hecho, se conoce que el alcohol puede aumentar el riesgo de neumonía al limitar la función de los macrófagos a nivel pulmonar, células clave en la protección contra patógenos.

En apariencia, el consumo controlado de alcohol no se percibe como dañino para el organismo. Herradón resalta los riesgos silenciosos que se detectan. “Efectivamente, aparte del mero hecho de que el consumo de alcohol en cualquier cantidad es nocivo para la salud, en esta época de confinamiento podemos encontrarnos con nuevos pacientes con consumo de alcohol problemático no por la cantidad que beben, sino por haber desarrollado la conducta de beber para paliar el malestar síquico asociado al confinamiento (estrés o ansiedad). Aunque no sea un consumo muy elevado, esa conducta aprendida durante esta situación es también un trastorno por consumo de alcohol que puede requerir tratamiento”.

La situación se agrava para las personas que ya presentan problemas por adicción al alcohol, ya sea una tendencia moderada o represente un problema más serio. El especialista consultado por el portal digital de vida saludable CuidatePlus alerta que “se debe tener en cuenta que los pacientes con trastornos por abuso de sustancias tienen mayor probabilidad de experimentar problemas emocionales durante el confinamiento y eso redundaría en un empeoramiento de su adicción. Obviamente, dependerá de muchas variables individuales y ambientales, pero está demostrado que, en situaciones de estrés prolongado, puede conllevar no solo el aumento del consumo de alcohol, sino de la dependencia del mismo”.