Escucha esta nota aquí

Nació en cuna de oro, vivió en palacios y totalmente alejado de lo que pasaba a su alrededor. Así lo disponía su familia y la monarquía británica. Sin embargo, el príncipe Harry, el llamado 'rebelde de los Windsor', quiso dejar esa vida e inició el recorrido de su propio camino, luego de que formara su familia.

El hijo menor de los príncipes Diana y Carlos de Gales, ahora tiene 36 años, está casado con la actriz Meghan Markle (39) y es padre de un niño de un año y medio, Archie. Rompiendo la tradición y hasta causando disgustos en su familia, se fue a vivir primero a Vancouver, Canadá, y luego a California, EEUU, donde actualmente reside.

Al momento de su nacimiento en Londres, ocupaba el tercer lugar en la línea de sucesión al trono británico, ahora es sexto. Se sabía que difícilmente llegaría a ser rey, pero su educación estaba orientada a formar a un integrante de la realeza de primera línea, pues ocuparía un puesto de privilegio en la corte.

Sus padres deseaban que él y su hermano, el príncipe Guillermo, tengan una excelente educación. No quisieron que tengan maestros en el palacio y los enviaron a colegios privados. Primero al Ludgrove y luego al Eton, donde terminó los cursos secundarios. Después ingresó a la universidad, que no completó para seguir la carrera militar. 

En una reciente entrevista, el príncipe Harry confesó que si bien estudió junto a otros jóvenes de su edad, se trataba de una burbuja, que lo alejó de la realidad social de su país y del mundo. Allí nunca se enteraba de lo que pasaba en la sociedad, no sabía de los problemas de la gente común, ni de los conflictos sociales y raciales que aquejan al planeta.



Su madre, la princesa Diana, les inculcó la solidaridad hacia los demás, a trabajar por la sociedad y a ver más allá de los paisajes de los palacios. Aún así, dice que fue criado aislado, demasiado protegido y con los ojos tapados frente a la realidad.

Esa educación tan parcial que recibió de niño y de adolescente, lo llevaron a desconocer algunos aspectos históricos. Recordó que para una fiesta de disfraces se vistió de Hitler porque lo encontró simpático. No sabía que dicho personaje aún causaba dolor en cierta parte de la población. Tuvo que pedir disculpas a quienes se sintieron ofendidos y reconoció que su ignorancia lo llevó a cometer ese error.

Visitó campamentos de refugiados, sitios donde hay minas antipersonas, escuelas y hogares de niños huérfanos, enfermos terminales y personas con discapacidades diferentes. Todo ello vio hacer a su madre y quiso seguir su ejemplo, sin embargo, no fue suficiente para conocer una parte de la realidad social del planeta.



Megham rompe la burbuja

Así era la vida del privilegiado príncipe hasta que llegó a su vida la afroamericana Meghan Markle, una actriz de Hollywood que lo hizo conocer el verdadero mundo. A la familia real británica eso no le gustó mucho, pues se rompía la tradición de tener a sus integrantes encerrados en palacios y castillos.

En 2018 Hary y Meghan se casan en una boda de ensueño. Y a partir de allí empezó el cambio en su vida. Viajan a África, a las islas del Pacífico sur, a Norteamérica, a algunos países europeos y recorren casi todo el territorio británico.

El príncipe poco a poco se aleja del protocolo real. Pide que lo llamen solo Harry, se interesa por lo que está sucediendo en todo el mundo. Se convierte en un consumidor de noticias, lee diarios independientes y se da cuenta de que vivía en otra realidad.

Expresó que nunca había sentido en carne propia el racismo, hasta que llegó a su vida Meghan. No podía creer que por tener la piel más oscura, por ser afrodescendiente y por hablar con un acento diferente, haya gente que insulte y menosprecie, informa el diario Clarín.

Harry contó que desde que anunció su romance recibió muchos mensajes discriminatorios. Le decían que no podía mezclar su sangre real con una descendiente de esclavos y otros calificativos denigrantes.



Se sintió dolido y ofendido, pues todo lo asumía como propio. Más aún cuando anunció que se casaban. Varios medios de comunicación expresaron su descontento, pues se trataba de la primera boda interracial en la familia real británica.

Cuenta que fue Meghan quien le dio apoyo y le dijo que ella ya estaba acostumbrada; sin embargo, él expresó que nadie se puede acostumbrar al dolor y a las injusticias.

En parte por ello decidió renunciar a su condición de integrante de primera línea de la familia real británica. Se fue a vivir a EEUU con su esposa y con su hijo Archie, para quien quiere una educación diferente a la que él recibió. Desea que se críe en una sociedad libre de prejuicios y de injusticias.