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El 'true cime' o crimen verdadero es un género cinematográfico que va alcanzando popularidad en las plataformas de streaming. Con varios en su catálogo, Netflix estrenó hace unas semanas Elitze Matsunaga: Érase una vez un crimen, pero, lo interesante de esta producción es que sucede muy cerca del país, en Brasil, y que el nombre de la producción no es el de la víctima, más bien el de la asesina. 

Pudo ser un asesinato más, incluso siendo perpetrado por una mujer, pero el caso tiene muchos detalles llamativos, como que la víctima es Marcos Matsunaga, heredero de la multimillonaria empresa de alimentos Yoki, asesinado en 2012 por un disparo en la cabeza y descuartizado por su esposa.

La miniserie repasa desde los inicios del matrimonio, sus crisis y hasta el día del asesinato, captura, confesión y condena de la culpable, en 2016. 


La producción de Netflix está dividida en cuatro capítulos de 50 minutos cada uno y tiene el mérito de mostrar la primera entrevista que da Elize, nueve años después del asesinato por el que recibió casi 20 años de prisión, y con las ideas más ordenadas y el próposito de acercarse a su hija, a la que una noche dejó con su padre en el cementerio y su madre en la cárcel. 

Los tiempos han cambiado, pero algunas cosas siguen iguales. En su momento, el nivel económico y el pasado de Elize redirigieron el caso y provocaron que medios, sociedad y denunciantes la acusen de ser una mujer interesada, fría y calculadora.

Pero otro detalle llamativo, planteado por una periodista que cubrió el caso en esa época, es que con la misma vara se midió al hombre, solo que este ya no puede defenderse. Al no ser un santo, algunos justificaron su asesinato por sus constantes infidelidades y prácticas. ¿Revictimación del otro lado?


Partes del cuerpo que fueron apareciendo en las afueras de Río de Janeiro, detalles morbosos como la ropa de diseñador que llevaba la víctima, la intimidad del matrimonio, cámaras de seguridad, los gustos excéntricos de la pareja, el juicio que realizó la sociedad brasileña fuera del juzgado y los artilugios de los abogados de la parte acusadora y la defensa sobrecargan el interés de los cuatro capítulos que dan ganas de ver de corrido. 

Hay muchos más detalles que mejor verlos a leerlos, pero con todas las cartas sobre la mesa y con un bien logrado equilibrio, el espectador tiene todo como para sacar sus propias conclusiones y elegir su bando. 


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