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Hoy es otro día triste para el arte boliviano. Se fue uno de los más grandes, prolíficos e importantes pintores y muralistas nacionales, falleció el maestro Gil Imaná, quien abrió el camino a otros creativos nacionales y formó parte de la generación dorada de la pintura del país.

Vivía en la ciudad de La Paz, donde desarrolló buena parte de su obra pictórica y donde falleció. Era chuquisaqueño y siendo muy joven tomó los pinceles y empezó a plasmar sus ideas, su creatividad y su rebeldía.

Estudió pintura con el maestro Juan Rimasa y su primera exposición la hizo en 1949. Al año siguiente y junto a otros destacados artistas plásticos, como Walter Solón, Lorgio Vaca y su hermano Jorge Imaná, fundó el grupo Anteo, que tenía como propósito promover la cultura boliviana desde la vanguardia social, reivindicar los derechos de los pueblos originarios y sus manifestaciones artísticas.



Luego se estableció en la sede de Gobierno, donde fue profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes de La Paz. Integró varias organizaciones relacionadas con el arte, pues siempre le preocupó que a la cultura no le den el lugar que le corresponde.

A la par de sus labores reivindicativas pintaba y producía grandes obras, entre cuadros medianos y murales. Imaná realizó más de 80 exposiciones individuales y 200 colectivas. Su arte se pudo apreciar en galerías y museos de muchos países, como Argentina, Brasil, Ecuador, Colombia, México, Uruguay, Venezuela, EEUU, Rusia, Francia e Italia.

Fue el primer pintor boliviano cuya obra fue vendida en la famosa casa de subastas Christies de Sothebys de Nueva York, lo mismo que fue el pionero de los creativos latinoamericanos que llegaron con sus cuadros al prestigioso Museo Hermitage de San Petersburgo, Rusia.



Estuvo casado con la también artista Inés Córdova, que falleció en 2010. En 2014 recibió la distinción Cóndor de los Andes en el grado de Caballero.

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