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Desde el inicio de la cuarentena escalonada mundial por el Covid-19, médicos y científicos de distintos países advirtieron sobre los efectos sicológicos y emocionales que desencadenaría el confinamiento y también el acecho latente del virus. El insomnio, la depresión y otros trastornos más vendrían naturalmente.

Las alteraciones del sueño no son cosa simple y se acentuaron al grado de tener un denominativo propio de esta atípica situación: coronasomnia. Así lo llamó la profesional estadounidense Christina Pierpaoli Parker, sicóloga clínica que estudia la medicina del sueño en la Universidad de Alabama en Birmingham (EEUU).

"Un buen sueño es la base de todos los aspectos de la salud mental y física, que debemos apoyar ahora más que nunca. Cuando creamos las condiciones cognitivas, conductuales y ambientales óptimas para dormir, incluida la temperatura ambiente baja, también apoyamos las condiciones óptimas para la salud en general", indicó Pierpaoli a CNN.

Más claro, la falta de sueño puede aumentar el riesgo de problemas de salud crónicos como diabetes, obesidad, presión arterial alta, enfermedad renal, enfermedad cardíaca y depresión. Además, el sueño también es fundamental para el funcionamiento adecuado del sistema inmunológico, muy importante durante una pandemia.

Otros estudios en España resaltan que dormir es tan importante para estar sanos como la dieta o el ejercicio físico. También determinan que una buena higiene del sueño está relacionada con la mejora de la función cognitiva y la protección de la salud cardiovascular, así como con el buen funcionamiento del sistema inmune. El descanso afecta, además, al peso. 

"Dormir poco tiene una estrecha relación con en sobrepeso. Esto se debe a que la falta de sueño hace que disminuya la masa muscular, algo que no podemos permitirnos, puesto que es la que mantiene el metabolismo del cuerpo. Por otro lado, reduce la tolerancia a la glucosa, cosa que provoca menor sensación de saciedad y hace que entremos en un círculo vicioso de subidas y bajadas de energía. Si queremos tener un peso saludable, dormir bien nos llevará al éxito, concluye la dietista-nutricionista Georgina Hernando en el diario La Vanguardia.

Ella sugiere seguir una serie de rutinas, desde cenar de forma ligera al menos dos horas antes de acostarse, evitar las pantallas o el ejercicio físico a última hora de la tarde, además de no dormir siestas de más de media hora

Igual de importante es evitar o controlar el consumo de estos alimentos: 

Café y té
La cafeína activa el sistema nervioso central, de manera que conviene evitarla unas horas antes de ir a dormir si tenemos problemas para conciliar el sueño. Ocurre lo mismo con la teína, la guaranina (presente en el guaraná) y la mateína (que encontramos en el mate). Las bebidas energizantes y algunos refrescos también son ricos en cafeína. 

Chocolate
La teobromina presente en el chocolate también puede afectar al sueño. Este compuesto químico natural estimula el sistema nervioso y es el responsable de la sensación de placer que muchas personas experimentan al comer chocolate. Sin embargo, "el chocolate contiene magnesio, un mineral que ayuda a calmar el sistema nervioso central y favorecer el sueño, de modo que a algunas personas les puede ayudar a relajarse, solamente si es negro y sin azúcares añadidos", aclara Hernando.

Un vaso de leche antes de dormir puede ayudar a conciliar el sueño, siempre y cuando no se le añada una cucharadita de cacao azucarado, "que puede hacer que nos activemos y anular los efectos de la leche", recomienda.

Alcohol
El alcohol tiene un doble efecto sobre nuestro descanso; puede provocar somnolencia y hacer que nos durmamos más rápido, pero el sueño que se obtiene no es reparador. 

Un estudio publicado en la revista Alcoholism: Clinical & Experimental Research, que rescata La Vanguardia, con adultos de entre 18 y 21 años a los que se suministró alcohol o placebo antes de dormir, señala que aquellos que tomaron alcohol presentaron patrones de ondas de sueño más lentos y una mayor actividad de las ondas alfa y delta, lo que da lugar a un sueño interrumpido. 

Por ello, si queremos tomar una bebida relajante antes de ir a dormir lo mejor es evitar el alcohol y optar por infusiones "como la manzanilla o la valeriana".

Sal
Si tenemos problemas de insomnio, Hernando recomienda evitar los alimentos excesivamente salados, desde algunos quesos a snacks con sales añadidas. "La sal no afecta directamente al sueño, pero puede aumentar la sensación de sed, lo que puede hacer que tengamos que levantarnos a beber en medio de la noche y después nos cueste conciliar de nuevo el sueño", indica la profesional. Lo mismo ocurre con las legumbres, que pueden provocar flatulencias y, por tanto, dificultar el descanso. 

Masas
Los alimentos ricos en carbohidratos simples como las masas, los zumos industriales, los refrescos o cualquier otro producto que pueda provocar picos de glucosa, no son buenos para tener un sueño reparador. Al incrementarse la glucosa antes de dormir se dispara un pico de energía que puede afectar al sueño. 

Igual se recomienda evitar los alimentos excesivamente grasos que pueden dificultar la digestión, desde frituras a procesados, quesos muy grasos y, sobre todo, comida rápida, que resulta muy difícil de metabolizar.

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