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Ya es oficial. Un estudio confirma lo que hace tiempo sospechábamos: las redes sociales, ese espacio de convivencia permanente y apabullante, nos deprimen.


Una encuesta de dos instituciones británicas (la Universidad de Cambridge y la Sociedad Real de Salud Pública) reveló que de las cinco redes sociales más populares, solo una se salva: YouTube, que genera un efecto positivo en la salud mental de los jóvenes, mientras que Facebook, Twitter, Instagram y Snapchat tienen más efectos colaterales negativos.


Los sentimientos que antes florecían en el encuentro, en carne y hueso, con el otro ahora se producen también en los espacios de soledad, desde la cama hasta el baño. El ágora virtual de las redes sociales provoca la sensación de no estar solo nunca, permite enterarse de todo lo que los otros hacen y nos hace testigos de la felicidad ajena casi  todo el día.

Espejito, espejito...
Dime quién es la más linda de todas. Si ser adolescente ya era difícil en la época de la máquina de escribir, Instagram está complicando las cosas por su impacto en la salud sicológica.  
La investigación británica afirma que la plataforma para compartir fotografías afecta negativamente la autoestima sobre la imagen corporal a diferencia de Snapchat, que obtiene unas notas casi tan negativas, pero sus efectos son diferentes: afecta el sueño y amplifica la ansiedad por perderse eventos sociales.


Facebook, la reina de las redes, es la más propicia para el ciberacoso, según el estudio. 
Twitter mejora levemente las notas de las anteriores y casi compensa sus efectos negativos con sus aportaciones positivas pero solo YouTube ‘pasa el examen’ gracias a que sus efectos tóxicos son más escasos, según la encuesta y lo único malo, para la salud mental, es que quita horas de sueño: horas y horas de desvelo viendo tutoriales, videos virales o conciertos.

Una aproximación en Bolivia
Cuatro jóvenes bolivianos, consultados por EL DEBER, coinciden con los resultados del estudio inglés. La mayoría ve las redes sociales hasta cerca de la medianoche (o hasta “las 3:00, depende de mi nivel de sueño”) y sienten que los afecta de alguna manera. “Lucho para dejar de entrar tanto a las redes, me desconecto del wifi para no tentarme y he llegado a eliminar aplicaciones del celular, pero siempre vuelvo”, admite una joven que prefiere no dar su nombre. “(En las redes) siempre se trata de aparentar que nuestra vida es más interesante o más divertida”, explica Jorge Carlos Morales y dice que eso afecta en la aceptación social.


Si bien Instagram es la más nociva, no es la más popular en Santa Cruz. Un estudio de la Utepsa dice que el 22% de los jóvenes entre 15 y 25 años la usan y es la única que tiene una leve predominancia entre mujeres. La más famosa es Facebook en la que el 93% de los jóvenes tienen cuenta (y un 13% tiene dos o más) mientras que Snapchat conquistó al 11% de los jóvenes cruceños.

El lado amable
El panorama parece negro, pero como todo, tiene cosas buenas. Entre los aspectos  positivos de estas plataformas, el estudio destaca la capacidad de tomar conciencia sobre cuestiones sociales, ofrece canales para expresarse, encontrar una identdad propia y de formar parte de una comunidad con los mismos intereses.


Para equilibrar la balanza del bien y el mal, los autores del estudio plantean que las plataformas creen mecanismos para que los usuarios reciban una notificación de la aplicación advirtiendo que las fotos están manipuladas y que, por otro lado, se realicen campañas para hablar sobre estos riesgos en el ámbito escolar. 

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