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Jill Tracy Jacobs, conocida como Jill Biden, esposa del candidato demócrata a la presidencia de EEUU más que nunca está en la mira de la opinión pública mundial, no solo porque su marido aspira a ser el primer mandatario de su país, sino también por sus cualidades como mujer, profesional y ahora  puede llegar ser la primera dama a la Casa Blanca.

Ella tiene rasgos personales que la hacen diferente de quienes antes estuvieron en su posición, desde su vida juvenil, hasta su desempeño como profesional y mujer trabajadora.

Jill nació en Nueva Jersey, hace 65 años, en el seno de una familia trabajadora. Empezó a ganar su propio dinero a los 15 años y desde entonces ha tenido una vida económica independiente. Es católica, lo que no es muy usual entre las parejas presidenciales en EEUU. Si llegase a ser primera dama, sería la segunda, después de Jackie Kennedy.

Su primer esposo fue Bill Stevenson, con quien se casó en 1970 y se divorció en 1975, año en que obtuvo una licenciatura en lengua inglesa en la universidad de Delaware. Después alcanzó dos masterados en la universidad West Chester de Pennsylvania, una en Educación y otra en Inglés. Y en la universidad de Villanova consiguió un doctorado en Educación.

Siempre ha estado ligada a la docencia, tanto de secundaria como de estudios superiores. Cuando fue segunda dama de EEUU siguió trabajando, a pesar del cargo que ocupaba su esposo. Actualmente es profesora de inglés en el Northern Virginia Community College, en la capital estadounidense.

Ella dice que no dejará de trabajar, pues sabe organizar su agenda para cumplir con su tarea de madre, esposa, profesional y si se da el caso, de primera dama de EEUU, dijo en una entrevista al diario New York Time.

Su vida

Jill siempre fue una mujer activa. En el colegio y en la universidad era líder, participaba en las actividades extracurriculares y hablaba en los mitines. En 1976 conoció a Joe Biden y en 1977 se casaron en la capilla del edificio de las Naciones Unidas, en Nueva York. Los dos son católicos.



Rápidamente se integró a la familia de Joe, pues él era viudo y tenía dos hijos, Joseph R. III y Robert. Ambos tuvieron una hija, Ashley.

Es una persona para quien la familia es el pilar fundamental de la sociedad, por la que se debe luchar y darle el lugar que le corresponde. Y ella practica eso, pues en sus discursos no solo siempre lo nombra, sino que en su vida lo pone en práctica, está al lado de su esposo y de sus hijos.

Es una mujer discreta, en los eventos públicos se sitúa a un lado de su marido, un poco atrás, para no competir en protagonismo, pues la figura pública y candidato es él, ha dicho en varias oportunidades.

Mide 1,68 m y en su manera de vestir también es sencilla. Le gusta llevar conjuntos de dos piezas, de saco y pantalón, algunas veces vestidos, cuando la ocasión así lo amerita, y casi no usa joyas. Su cabello es rubio y usa una melena que siempre tiene suelta. 

Su esposo Joe no oculta la admiración que siente por ella y lo manifiesta públicamente. Una vez que fue a recogerla a su trabajo, ingresó y dijo con orgullo "soy el esposo de la doctora Biden, vengo a buscarla", a pesar de que era el vicepresidente de EEUU.

As bajo la manga

Para muchos analistas políticos Jill Biden es una pieza importante en la búsqueda de votos para el aspirante demócrata. Es la mujer que buena parte de la ciudadanía media estadounidense le gustaría tener como primera dama, proveniente de una familia trabajadora, profesional, esforzada, preocupada por los suyos e inteligente, informó el diario español ABC.



También su historia de amor, atípica, pero conmovedora, gusta a la gente. Joe perdió a su primera esposa y a su hija menor en un accidente de auto en 1972, por lo que quedó devastado. Al año siguiente conoció a Jill, con quien entabló una bonita amistad, que luego se transformó en amor.

Le pidió matrimonio cinco veces, y cuatro veces lo rechazó. Jill decía que no quería entrometerse en su familia, que su esposa y su hija pequeña habían muerto hacía pocos años, que no era conveniente casarse. A la quinta petición aceptó, se casaron y ahora son una pareja sólida.

Ella ahora hace incapié en la recuperación que debe tener EEUU luego de la pandemia por el coronavirus, sobre todo de la educación, que es su especialidad. Dice que le duele el alma ir a los colegios y a las universidades y verlos vacíos, pues no hay clases presenciales. Propone que por el momento se sigan pasando clases virtuales, que luego sean mixtas y que cuando el Covid-19 haya sido desterrado completamente que las puertas de las aulas se abran para recibir a los alumnos. 



Jill Biden podría ser la próxima primera dama de EEUU, aunque no la tiene fácil, enfrente tiene a Melania Trump, que quiere conservar el cargo y que también ayuda a su esposo, Donald Trump para quedarse cuatro años más en la Casa Blanca. Ella tiene como referencia a Michelle Obama, con la que  compartió muchas actividades mientras sus esposos eran gobernantes, entre 2009 y 2017.