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En apenas dos meses todo cambió. Dejó todo en Florencia para subirse, mochila en mano, y retornar a Bolivia. El cierre de fronteras obligó a una salida apresurada de Italia, a dejar sus clases de arte visual y sus investigaciones sobre el uso del óxido en el arte.

Todo cambió para la artista visual Verónica Virreira. El lienzo de sus obras anteriores quedó a un costado para dar protagonismo al metal. El óxido, tan molestoso en otras ocasiones, se convierte en manos de la artista en una sorprendente paleta cromática.

Cambió los pinceles por las jeringas. La investigación de Virreira recuperó fórmulas químicas que aguardaban en antiguos laboratorios y libros de 1840 para explorar la oxidación de metales y descubrir hasta 8 tonalidades diferentes de oxidación sobre las superficies de metal. Como si fuera un alquimista del siglo XIX, la artista dedicó su tiempo para investigar el potencial cromático de algunos químicos.

Llegó la pandemia y Virreira tuvo que retornar a Bolivia. Dejó pendientes muchas historias por pintar, muchos trabajos por concluir. Apenas logró enviar una foto, de uno de sus obras en metal, en respuesta a una convocatoria de la ArtExpo Gallery La Donna nell´Arte. La propuesta exploraba la técnica de la electro química, el uso de químicas y jeringas para componer formas.

Dejó todo y retornó a Bolivia. Días después, siguiendo su estela, llegó un comunicado. Desde la galería italiana, un mensaje reconocía el trabajo de Verónica como primer premio en creatividad. Un reconocimiento que abre las puertas a nuevas exposiciones y galerías.

Actualmente, Verónica mantiene la cuarentena y el aislamiento en su domicilio. Aguarda que la situación mejore para retomar las visitas a los talleres y seguir explorando los misterios del arte.

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