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En 1970, los Rolling Stones estaban hartos de su compañía discográfica, Decca, así que se marchaban para fundar su propia productora. Sin embargo, la disquera no les iba a dejar ir sin litigar y les recordó que, según la letra pequeña del contrato que los vinculaba, todavía debían un ‘single’. Así que ‘cariñaosamente’ los Stones les enviaron una última canción titulada "Cocksucker blues" (El blues de los soplap… o chupap…), una canción que hablaba de bajos fondos y sexo anal. Es decir, un tema absolutamente impublicable. 

El cuarteto vivía los tiempos más salvajes y testimonio de sus costumbres son "Sticky Fingers" y "Exile on Main Street", de 1972, el disco que se proponían llevar de gira por Estados Unidos.

Para documentar ese tour aceptaron la propuesta de un fotógrafo, Robert Frank, para que les acompañase con su cámara de 8 milímetros. Frank grabó y calló y ya tenía la película terminada para publicarse cuando los Stones vetaron su estreno. Orgías, drogas y un invitado especial, el tedio, se asomaban por un metraje que permaneció inédito para los circuitos oficiales pero que se intercambió en montones de ediciones 'piratas'. Frank lo tituló "Cocksucker blues¨ como venganza

 La película, que el propio autor presentó en Madrid durante una proyección oficial en los años 90, regresa a la gran pantalla en la programación del Documenta Madrid, este sábado 12 de diciembre. en el Cine Doré, indica el diario español La Razón.

 Según parece, los Rolling Stones pensaron que ya no era tan divertida la imagen de viciosos que proyectaban. Su fama era grande y las fuerzas de la ley les vigilaban, así que vetaron el estreno del mismo. Razones podían tener: no han pasado 20 minutos del metraje de "Cocksucker blues" cuando el avión privado de los Rolling Stones empieza a ser el escenario de una orgía.

Las discrepancias entre la banda y el realizador acabaron en los tribunales. Los abogados de los Stones defendían que el documental era un encargo y, como clientes descontentos, podían decidir que no viera la luz. Por su parte, Frank defendía su libertad creativa y el derecho a mostrar su obra. Finalmente el tribunal optó por una solución intermedia: la película era propiedad de los Stones y, si bien no podía ser exhibida sin su consentimiento, tampoco tenían derecho a guardarla en un cajón. Podría proyectarse una vez al año, en un contexto artístico y siempre que el autor estuviera presente en la sala, cuenta el diario El País. 

Así fue, por ejemplo, en 1992, cuando Frank viajó a Madrid para presentarla en la Filmoteca. Sin embargo, poco a poco, la interpretación de la sentencia se fue haciendo más laxa. “Miren a su izquierda, miren a su derecha. Uno de ustedes podría ser Robert Frank”, bromeaba el comisario de arte Jeff Rosenheim antes de la proyección de "Cocksucker Blues" en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York en 2009. Ese día el realizador no estaba en la sala y aunque Rosenheim comentó que se encontraba en “alguna parte del edificio”, nadie se tomó la molestia de comprobarlo. Johannes Klein, jefe de programación de In-Edit, confirma que tampoco estuvo en el pase que el festival realizó en 2018, meses antes de que Frank falleciera. En consecuencia, no estará hoy sábado 12 de diciembre en la Filmoteca, dentro de la programación de Documenta Madrid, lo que no impedirá que el filme se proyecte. De hecho, será la primera vez que se exhiba a nivel mundial después de la muerte del realizador, en 2019, comenta El País . 

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