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Cuando a Susana Martínez le preguntan cuántos hijos tiene responde que dos, pero, casi de inmediato, corrige que biológicamente, porque su corazón se comparte con 50 niños y niñas que, como los otros, le quitan el sueño, le dan preocupaciones y en mayor proporción la llenan de amor y satisfacciones.

Ellos son los chicos de la Fundación Mi Casa, que hace diez años la recibieron como una de las visitas ocasionales que llegan a dejar sus donativos. Grande fue su sorpresa cuando ella regresó la semana siguiente, la subsiguiente y desde entonces no faltó jamás.

Hoy llega como lo hace una madre, repartiendo besos y siempre cargada con algo para ellos: ya sea remedios para algún enfermo, un par de zapatos para el que estuvo de cumpleaños o alimentos para equipar la despensa del comedor que lleva su nombre y que alimenta a 38 niños de escasos recursos.

Otros 12 viven en la fundación y con ellos tiene una cercanía especial. Cuenta que los conoció muy pequeños y que con algunos ya desfiló cuando salieron bachiller.

Mi Casa, su casa

Rubén Quiroz creó la fundación hace 14 años. Eran él, una decena de niños y solo dos cuartos como su nuevo hogar. El proyecto crecía lento, pero las responsabilidades aumentaban.

Quiroz dice que la llegada de la ‘tía Susy’ fue una bendición. De inmediato ella se comprometió a construir un baño y una cocina con todas las de la ley.

Entre sus responsabilidades de madre, esposa y administradora de empresas se puso en campaña y tocó puertas de amigos, de empresas y de los clubes a los que pertenece, también organizó rifas y bingos para cumplir su palabra. No paró más. El centro hoy también cuenta con dos pisos con habitaciones, comedor, panadería y una carpintería.

A diario, los 50 reciben las tres comidas, solo algunos pasan clases virtuales por la falta de equipos y otros aprenden algún oficio. Este año, gracias a las gestiones de la ‘tía Susy’, tres ingresarán a estudiar una carrera en Infocal. Para ella ese es el mejor regalo del Día de la Madre, ver a sus pequeños crecer sanos, felices y convertirse en hombres y mujeres de bien.


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