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Desinfectar se ha convertido en la actividad más repetida en estos días. Para salir de casa, al entrar a casa, para ingresar al banco o antes de acceder al mercado. La desinfección con alcohol en gel o con otras composiciones que rocían desde los túneles se han vuelto situaciones comunes. En la lista de la compra, la lavandina, el amoniaco y otros productos semejantes siempre están presentes.

Un informe de la consultora Nielsen revela que, a nivel mundial, la lavandina ha visto crecer sus ventas online en un 93 % y hasta en un 51 % se ha incrementado la venta de otros productos de limpieza en el hogar, desde que se expandió el coronavirus. De manera paralela, en el mismo tiempo se ha detectado un aumento de las urgencias toxicológicas vinculadas al uso de estos productos. El reporte de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), de Estados Unidos, muestra un aumento del 20,4 % en llamadas recibidas en este periodo de tiempo relación a las cifras del anterior.

Las afecciones más recurrentes en las consultas detectan dificultades respiratorios como rinitis, irritación de la faringe o tos; y problemas en la piel, como irritación o inflamación de la misma. Estos síntomas, de acuerdo al comunicado del Servicio de Información Toxicológica (SIT) del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de España, corresponden al uso inadecuado de productos como la lavandina, el amoniaco, el alcohol y otros productos que se usan en la desinfección del hogar.

La mezcla de estos productos se convierte en la principal causa de las intoxicaciones. Así lo refrenda Isabel Urrutia, coordinadora del área de Medio Ambiente de la Sociedad Española de Neumología y Ciencia Torácica (SEPAR), quien considera que “hay muchas cosas que se hacen mal; lo de las mezclas no tiene sentido porque cada producto es eficaz por sí mismo, sin necesidad de combinarlo”. Otro de los errores frecuentes que se han identificado por parte del SEPAR apunta a la “cantidad recomendada de lavandina que se debe diluir en agua. Ésta debe ser mínima (20 ml. por litro de agua) y no a chorros, como hace mucha gente”.

La exposición a los vapores de estos productos puede provocar, según manifiesta Urrutia, una reacción de irritación en los bronquios y un malestar en la respiración. En el caso de personas con asma, estos síntomas pueden ser más intensos y riesgosos.

Los productos tóxicos como el amoniaco y la lavandina afectan también a la piel. La Asociación Española de Dermatología y Venereología, a través de su responsable, María Antonia Pastor, remarca que “el enrojecimiento de la piel, la sequedad o el picor” derivan del contacto con la lavandina y otros productos químicos.

“El efecto más frecuente de exponer la piel a estos productos es la aparición de un eccema o dermatitis de contacto de causa irritativa. Asimismo, el contacto directo con algunos productos industriales sin diluir o mezclas de productos puede generar reacciones como quemaduras químicas en grado variable”, explica Pastor.

Los hábitos de limpieza deben combinarse con acciones que ayuden a ventilar adecuadamente las habitaciones. El aire fresco, recomiendan los expertos, ayuda a despejar los vapores que los desinfectantes puedan generar. Además, la limpieza de la casa, se puede combinar para que no sea constantemente con lavandina. Algunos días, puede realizarse con agua y jabón, que también cuentan con componentes de desinfección.

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