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Santo Corazón fue la última Misión Jesuítica fundada en la Gran Chiquitania, en 1763, pues cuatro años después, por orden de la corona española, los misioneros fueron expulsados de lo que hoy es el territorio de Bolivia, siguiendo la norma que emitió el Vaticano. Los nativos habían aprendido tantos oficios y artes que estaban capacitados para seguir la vida sin sentirse abandonados. La música, la arquitectura, la escultura, la pintura, la agropecuaria y la fabricación de telares formaban parte de lo asimilado mientras fueron reducciones de la Compañía de Jesús.

Las artes y oficios misionales chiquitanos se fueron transmitiendo de generación en generación, hasta llegar al siglo XXI. Actualmente en el mismo pueblo de Santo Corazón queda una sola tejedora en telares verticales, doña Reina Cayú, que con sus hábiles manos elabora tejidos, en los que el diseñador nacional Luis Daniel Ágreda se ha inspirado para crear su nueva colección.

A pesar de que la modernidad ha arrancado de muchos pueblos sus tradiciones y costumbres, doña Reina lucha para no dejarse arrastrar por esas corrientes. Trabaja sentada en el piso con el algodón y otros hilos naturales, que ella misma tiñe.



Es la única que queda en el pueblo. Pero no será la última, pues hay una nueva generación de mujeres que están empezando a aprender este oficio artesanal. Son jovencitas de Santo Corazón que al ver a doña Reina hilar, también quieren hacer lo mismo.

Están entusiasmadas, saben que puede ser una buena fuente de ingresos económicos al vender sus trabajos en el mercado artesanal cruceño. 

Los telares vuelven a funcionar. Las manos habilidosas de las mujeres empujan las maderas y colocan los hilos multicolores, luego empiezan a aparecer los tejidos, unos más bonitos que otros. De ahí saldrán las famosas hamacas chiquitanas, las artesanías y, sobre todo, se asegura de que una tradición con casi 300 años de antigüedad seguirá vigente.



La población de Santo Corazón está situada en la provincia Ángel Sandóval, cerca de la frontera con Brasil y forma parte de la Gran Chiquitania. Actualmente tiene unos 900 habitantes y para llegar allá, desde Santa Cruz de la Sierra, se tarda al menos 10 horas.

Luis Daniel se inspira en esos tejidos

El diseñador de modas boliviano Luis Daniel Ágreda ya había visitado varias poblaciones de la Gran Chiquitania y quedó sorprendido por la habilidad de los artesanos de la zona en tejidos y en otras manifestaciones del arte.

Le contaron la historia de Reina Cayú y viajó a su pueblo para conocer su trabajo.

Ágreda dijo que es sorprendente cómo mezclan los colores, para dar paso a una policromía única, que desafía al mismo arcoíris. De igual manera, los diseños demuestran que han heredado de los misioneros jesuitas esa exquisita forma de la composición, con presencia de flora y fauna, de su entorno, de su cosmovisión.



Dichas piezas artesanales sirvieron para que el diseñador dé rienda suelta a su creatividad. Empezó a imaginarse los tejidos utilizados como accesorios, como complementos de vestidos, dando forma y color a sus creaciones de moda, combinadas con texturas propias de la Chiquitania, que van en tonos desde los marrones y naranjas a los blancos y amarillos, componiendo una policromía vistosa.

El diseñador, que tomó fotos de los tejidos que había visto producir a doña Reina, llegó a su atelier en Santa Cruz de la Sierra y se puso manos a la obra. Empezó a diseñar vestidos, faldas y blusas, inspiradas en la Chiquitania, sin ser folclórico, teniendo a las piezas misionales como importante complemento de sus pieza.

Después de varios días, los diseños de la colección ya estaban listos. Y no podía recibir otro nombre que no sea Santo Corazón, en honor a aquel pueblo de la Gran Chiquitania, a doña Reina Cayú, a sus ancestros y a la nueva generación de jóvenes que está empezando a aprender el oficio de tejedoras.