Escucha esta nota aquí

El uso de la mascarilla se impone como una medida necesaria para frenar el incremento de contagios que se están detectando en Santa Cruz. Junto al lavado constante de manos y la distancia social, forman parte de los consejos de prevención más extendidos. Bancos, supermercados y otros establecimientos exigen la utilización de barbijos para el ingreso.

Sin embargo, y a pesar de la obligatoriedad en el uso, hay personas que no se sienten cómodas con la mascarilla. Les produce una sensación de angustia y asfixia. En otros casos, las personas que padecen asma o rinitis, pueden acrecentar su malestar por la ansiedad que les provoca.

“Es posible tener una sensación de asfixia, de falta de aire, pero jamás se va a producir con una mascarilla de las que se recomiendan para salir a la calle”, señala la doctora Raquel Blasco, internista y vicepresidenta 2ª del Colegio de Médicos de Valladolid, en España, para el suplemento Moda del diario español El País.

La reacción natural ante la molestia provocada por el barbijo supone retirarlo. Es un impulso casi inconsciente. “La mascarilla una vez puesta no debe tocarse para que siga cumpliendo su función”, remarca la doctora. A pesar de las molestias, Blasco sugiere que se mantenga la calma y prime la cordura, sobre todo cuando se está en espacios compartidos con otras personas.

La elección de un barbijo de protección eficaz y que se adapta de manera dinámica al rostro forma parte de la solución. Cuando se debe forzar a la mascarilla para que se adapte a la forma de la cara o para que se adecúe a la nariz, es posible que, con el uso, se pueda producir roces molestosos.

Antes de retirarse la mascarilla, es conveniente alejarse a un espacio retirado y proceder a quitarse el barbijo con el cuidado necesario y lavarse las manos. Como advertencia, recuerdan la importancia de evitar el contacto con la cara antes de desinfectarse las manos.

La desobediencia a la norma es la principal razón del incumplimiento en el uso de barbijo. En algunos casos, puede provocar problemas a quienes ya de por sí padecen ansiedad o algún tipo de patología respiratoria. 

Las estadísticas reflejan que hasta un 18% de la población general presenta trastornos de ansiedad en distinto grado en algún momento en su vida. Los síntomas de la ansiedad (aumento de frecuencia respiratoria, sensación de falta de aire, tos, dolor u opresión en el pecho) pueden confundirse con los de una enfermedad respiratoria y sentir, efectivamente, que le falta el aire. Si además padece asma o rinitis, los síntomas serán más acusados”, explica la doctora española Marina Blanco, neumóloga y coordinadora del Área de Asma de SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica). 

De acuerdo a la propuesta de la neumóloga, hay casos en los que puede resultar inevitable retirar la mascarilla, bien por la sensación de asfixia que conlleva la ansiedad o porque la secreción nasal impide respirar. 

“En ese caso, busca un área abierta, al aire libre, donde se pueda mantener la distancia social. Retira con cuidado la mascarilla y, si es reutilizable, introdúcela en una bolsa de papel”. Aquí es fundamental no saltarse ningún paso. “No te toques la cara para nada, ni para sonarte, antes de lavarte las manos con agua y jabón durante 20 segundos o con una solución hidroalcohólica”.

Los casos más singulares se producen cuando la sensación no se basa en situaciones física, como la congestión, sino que proviene de la cabeza. Es el ataque de ansiedad que genera una desagradable experiencia muy vívida de falta de aire

Para la psicóloga Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen, en España, “lo que nos digamos de manera interna es fundamental. De entrada, piensa que es un elemento diseñado para proteger. Sé consciente de que, aunque sientas que te falta el aire, en ningún caso es real. También ayuda recordar que los profesionales sanitarios se pueden pasar horas con ellas, prueba de que es posible respirar tranquilamente con una mascarilla. Sin olvidar que es una pantalla para protegernos y proteger a los demás”.