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Termina otra tradición que había en la Casa Blanca, en Washington, que estaba relacionada con la primera dama que se iba y con la que llegaba, y que data de hace mucho tiempo. Hace cuatro años, Michelle Obama invitó a su sucesora Melania Trump a la casa presidencial a tomar el té. Ello para enseñarle la residencia, explicarle cómo funcionan ciertos aspectos y para darle la bienvenida a la nueva residencia, en un gesto de cortesía.

Eso no sucedió este año. Melania empezó el traslado de sus cosas personales de la Casa Blanca a sus residencia en Florida y Nueva York hace algunas semanas, cuando ya sabía que su esposo había perdido las elecciones.

Personal de la residencia presidencial contó que el traslado fue meticuloso, que la misma Melania supervisaba que lleven adecuadamente las cajas de sus cosas, y, al parecer, la aún primera dama estaba feliz de dejar Washington, donde nunca se sintió a gusto, informó la revista Vanity Fair.



El encuentro entre las señoras Trump y Biden nunca se dio y, aunque la nueva primera dama ya conocía la Casa Blanca, pues su esposo fue ocho años vicepresidente, tenía que haber sido guiada por su antecesora por los pasillos y estancias de la residencia.

A Melania nunca le importó mucho la política y prefería quedarse en su lujoso apartamento de la Torre Trump en Nueva York o en la mansión de Mar a Lago en Florida, que estar en la Casa Blanca, a la que una vez calificó de poco acogedora.

El día en que se llevó a cabo el asalto al Capitolio, Melania Trump se encontraba participando en su última sesión de fotos en la Casa Blanca. Había contratado un equipo de producción para tener buenas imágenes en la residencia presidencial como recuerdo de los años en que fue primera dama de EEUU.



A pesar de que no le gustaba la residencia presidencial, hizo algunas reformas, cambió muebles y parte de la decoración, que la adaptó a sus gustos. La modificación más notoria y polémica que hizo fue el cambio en el jardín de las rosas, creado en 1963 por Jacqueline Kennedy, cuando era primera dama.

Se trataba de un espacio lleno de rosas, de varios colores y origen, que fue considerado uno de los sitios más bonitos de la Casa Blanca y que nadie se atrevió a cambiar por considerarlo también histórico. Sin embargo, Melania hizo quitar todos los rosales y lo convirtió en un espacio minimalista, al que muchos paisajistas consideraron de mal gusto. 

Por su parte, Jill aún no ha tomado posesión oficial de la residencia. Lo que ha hecho es desinfectar completamente el lugar y limpiar las alfombras, como medida de bioseguridad frente al Covid-19. Junto a su familia se instalará oficialmente el miércoles 20, luego del acto de posesión presidencial.

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