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Pocas ciudades en el mundo tienen el privilegio de llenarse de flores en el mes dedicado a su gesta cívica. Santa Cruz de la Sierra es una de ellas, que en septiembre sus árboles se tiñen de colores, brindando un hermoso aspecto a sus calles, avenidas y plazas. Propios y extraños se admiran de tanta belleza natural, que cambia el paisaje de la ciudad de los anillos, dándole un aspecto romántico, pintoresco y acogedor.

La mayoría de las especies arbóreas que florecen en esta época son los tajibos, los gallitos, los jacarandás y los alcornoques, que tienen tonos rojos, rosados, lilas, amarillos, morado y blanco, convirtiéndose en un espectáculo visual natural.

Que estos árboles florezcan principalmente en septiembre no es casualidad, es consecuencia de un proceso fisiológico de las plantas, que al terminar la temporada de lluvias y subir las temperaturas, hace que broten sus flores para después sus frutos voten sus semillas, pues saben que la tierra está lista para germinar, explica Darío Melgar, director del Jardín Botánico Municipal de Santa Cruz de la Sierra.



La naturaleza es sabia, pues a estos árboles de nada les serviría botar semillas en otra época del año, si el suelo no está preparado para recibirlas y germinar después. En en cambio en agosto, septiembre y octubre, por las lluvias y luego la llegada de la temporada de calor, hacen benigna la tierra para que las plantas se estimulen para florecer, luego aparezcan sus frutos y se lleve a cabo el proceso de reproducción natural.

Y precisamente en este mes, el de la cruceñidad, es cuando los árboles lucen sus mejores galas, se llenan de  flores, por lo que se dice que no hay jardín de amores que se iguale a Santa Cruz

¿Cómo se arborizó la capital cruceña?

En los años 50, Santa Cruz de la Sierra no tenía más de 50.000 habitantes. Era una pequeña ciudad perdida en la selva, sin servicios básicos, de calles polvorientas pero con una población inquieta y que anhelaba el progreso. Por ello fue que surgió el movimiento cívico, que reclamaba más atención para este departamento, que a pesar de ser el más extenso del país (360.561 kilómetros cuadrados) y con incontables riquezas naturales, estaba sumido en el atraso.

En 1958 se inicia un proyecto de planificación de Santa Cruz de la Sierra y en 1960 la empresa italiana Techint sugiere la puesta en marcha de una moderna forma urbanística, que es aceptada con algunas modificaciones, que dio lugar a la construcción de los anillos y las avenidas transversales hasta el segundo anillo. Estaba planificada para 200.000 habitantes, pues pocos creían que la capital cruceña se convertiría, en 50 años más, en un gran centro urbano, menos que en 2020 pasaría de los dos millones de habitantes y que sería la ciudad más poblada, más grande y progresista de Bolivia.



En la década de los 50 se construyeron los anillos y avenidas de Santa Cruz de la Sierra, pero era puro cemento, le faltaba cubrirse de verde, llenarse de plantas y árboles. Fue a principios de los 60 cuando el profesor Noel Kempff Mercado, con un gran sentido de visión, siendo él director del Jardín Botánico, sugirió a la Alcaldía que se coloque flora en la mayor parte posible de la ciudad.

El proyecto de arborizar la ciudad con especies nativas, que florezcan en diversas épocas del año, para que Santa Cruz siempre esté teñida de colores, fue aceptado por el Gobierno Municipal. Propuso que se planten los diversos tipos de tajibos, de gallitos, de jacarandá, de alcornoques y toborochis. También sugirió sembrar algunos frutales, como tamarindo, ambaiba, cupesí, mangos, entre otros.

Para darle un toque tropical y combinar las especies de plantas pidió que se coloque también la mayor cantidad de palmeras posibles. Además de ser símbolos naturales regionales, pues están en el escudo cruceño, son hermosas y altivas.

Luego de sortear los trámites burocráticos, en 1966 el profesor Noel Kempff Mercado junto al ingeniero Antonio Banegas, que también trabajaba en el Jardín Botánico, empezaron la labor de arborizar los dos anillos, avenidas, las calles, las plazas y las plazuelas de la capital cruceña.

Junto a ellos un ejército de trabajadores municipales, y también voluntarios, empezaron a colocar los árboles en la ciudad. La gran mayoría eran nativos y se tuvo que explicar a los vecinos que cada uno tenía que cuidar las plantas, que eran de ellos y que en el futuro les daría su sombra y su frescura.

El rostro de Santa Cruz empezó a cambiar. Se empezó a teñir de verde. Y es que no era posible que una ciudad tropical, asentada sobre tierra fértil y húmeda, no tenga árboles y plantas en sus calles, avenidas y plazas.



A principios de los 70 se empieza a ver más el cambio en el paisaje urbano cruceño. Sus árboles ya estaban grandes, sus ramas daban sombra y ello ayudaba a bajar la temperatura en la ciudad. Ya en los 80 se podía ver el florecimiento de dichas plantas, que ahora llena de orgullo a los habitantes de esta capital.

La obra de Noel Kempff Mercado y de Antonio Banegas fue titánica, llenaron de verde a Santa Cruz de la Sierra y enseñaron a la gente a amar a la naturaleza, dentro de la ciudad, cuenta Darío Melgar. La ciudad siguió creciendo y la Alcaldía acompañó la expansión de la mancha urbana colocando árboles, plantas y palmeras. 

En la actualidad

Según el Gobierno Municipal en Santa Cruz de la Sierra, hasta el cuarto anillo hay 360.000 árboles, distribuidos en 1.500 plazas, 80 parques protegidos, alamedas, calles y avenidas. En el marco del programa Yo planto un bosque están llegando más lejos en la ciudad, para alcanzar arborizar los barrios y los espacios distanciados del centro urbano.

En el 2000, Antonio Banegas fue uno de los impulsores del Comité de Arborización de la ciudad, dependiente de la Alcaldía cruceña. Tuvo el apoyo de las cooperativas CRE, Cotas y Saguapac, que donaron los plantines, con la ayuda de la Uagrm y de la Federación de Profesionales. 

Darío Melgar explica que las ciudades deben tener árboles en sus calles y avenidas, pues además de brindar belleza natural, minimizan el efecto de los vientos, de la radiación solar y el ruido ambiental. Proporcionan sombra, ayudan a refrescar el ambiente y a bajar la temperatura, mitigan el nivel de contaminación en el aire y se convierten en refugio para las especies de fauna (aves e insectos) que habitan en la ciudad.



En septiembre Santa Cruz de 
la Sierra se viste de gala, se pone de colores, los árboles de sus calles, avenidas, anillos y plazas florecen. Y lo hacen de manera escalonada, primer los gallitos rojos y rosados, después los tajibos amarillos, lilas y rosados, luego los alcornoques y los jacarandás, y para terminar la fiesta cromática, el tajibo blanco.

Antes, en mayo y junio, los toborochis ya habían florecido y regalado su belleza natural. Todo en esta tierra hermosa que es Santa Cruz, en donde hoy empieza la primavera, y el jueves 24 se recuerda el 210 aniversario del grito libertario emancipador.