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El querido Pippo, el peinador de reinas, falleció ayer en Santa Cruz de la Sierra, dejando como herencia para los peluqueros bolivianos sus imponentes moños, estructurados y bien elaborados, señala el estilista Álex Rojas, al tiempo de recordar la vida y sobre todo el trabajo de Enrique Galarza Vaca.

La diabetes complicó la salud del estilista que será sepultado hoy. A las 13:30 habrá una misa de cuerpo presente en el centro velatorio Las Misiones, y a las 15:00, será enterrado en el cementerio Las Misiones Norte.

"Fue un maestro", manifiesta Rojas, pues "enseñaba y difundía sus técnicas de peinado, no las escondía y le gustaba compartirlas con los demás. Decía venga, mire, así se peina, así se ponen los tocados de reinas, así se consigue más volumen con el cabello". Todo eso lo hacía en su salón de belleza, a donde invitaba a sus colegas jóvenes para que sigan su trabajo.

Por su parte, Mary Lizzie Ortiz describe que los peinados de Pippo se caracterizaban por ser bien elaborados, especialmente los de las soberanas de belleza, por ello se ganó el nombre de peinador de reinas. "Colocaba los tocados de una manera única, quedaban fijos y no se movían en toda la noche", explica.



Sandra Mano, del salón Sandra y Teo, trabajó varios años en el salón de Pippo, lo llamaba 'papi' y 'maestro', pues dice que  fue ambas cosas para ella. Cuenta que estar en su peluquería fue mejor que ir a una academia, pues allí se aprendía en directo y con las mejores técnicas.

Patricia Arce, que fue reina Internacional de la Caña 1985 y miss Bolivia 1987, cuenta que ella desde niña fue al salón de Pippo, que la adulaba y la peinaba de manera magistral. Cuando se casó, él se encargó de su arreglo personal y la acompañó cuando ganó su concurso en Colombia. 

"Peinaba rápido, las ideas salían de su mente, pasaban a sus manos y se reflejaban en el moño. Era muy talentoso, todo le salía de manera natural, fluía, ese don es único, no se lo aprende, se nace así", destaca.



¿Cómo era sus moños?

Del salón de Pippo nunca salían dos clientes con peinados iguales. Siempre había creatividad y exclusividad en su trabajo. Él decía que dos mujeres no podían llevar el mismo vestido ni el mismo moño en una fiesta. 

Enrique Galarza Vaca empezó a peinar a sus 18 años, en el salón La Dama Elegante, que estaba situado frente a la plaza 24 de Septiembre. Después puso su propia peluquería y durante 60 años hizo del estilismo un arte. Aunque fue autodidacta se actualizaba y aprendía nuevas técnicas en las capitales de la moda. Estuvo en ferias y congresos en París, Londres, Berlín, Milán, Nueva York, Buenos Aires y San Pablo.


Pippo comenzaba sus peinados batiendo primero el cabello, luego empezaba a dar forma a su obra, con ayuda de mucho fijador y porteñas, para que "no se mueva ni un pelo".

Después venía la forma del moño, algunos eran lisos, otros con bucles, con entrelazados y trenzados. El volumen también era importante, pues tenían que ser imponentes y hacer lucir la belleza del rostro de la cliente.

Con el pasar del tiempo, Pippo se adaptó a los nuevos tiempos y peinaba siguiendo las tendencias modernas. Todos sus trabajos tenían su sello, de ser elaborados con prolijidad y sobre todo que duraban mucho tiempo.



En otros salones de belleza se puede escuchar decir a algunas las mujeres, "hágame un moño estilo Pippo". Ello significa que la obra del peinador de reinas queda como una marca, un estilo que impuso con talento y esfuerzo.


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