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Al igual que su famosa hermana, la reina emérita Sofía de España, la princesa Irene de Grecia y Dinamarca nació con todo el linaje posible de las casas reales de Europa. Es descendiente de la emperatriz Catalina la Grande, de los zares rusos, del káiser Guillermo II de Alemania, de la reina Victoria del Reino Unido y del rey Christian III de Dinamarca.

A pesar de su abolengo es una mujer sencilla y discreta. Viste de manera simple, no lleva joyas, es vegetariana y no le gusta asistir a las galas de las familias reales europeas. A lo que sí va, porque le encanta, son los eventos culturales, sobre todo a los musicales clásicos.

Su vida

Nació hace 78 años, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, cuando sus padres, los reyes Pablo I de Grecia y Federica de Honnover, estaban en el exilio debido a la invasión de los nazis a tierras griegas y desde la cuna tiene el tratamiento de su alteza real.



Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y se reestableció la monarquía en su país de origen regresó con su familia a Atenas, hasta que de nuevo tuvo que partir en 1967 al exilio, dado que un golpe de Estado depuso a su hermano, el rey Constantino II. Esta vez se fue con su madre a India, donde pasó varios años de su juventud.

La princesa Irene fue invitada en 1981 por su hermana, la reina Sofía de España, a vivir con ella en el palacio de La Zarzuela. Desde entonces reside en Madrid ocho meses del año, dos en Grecia y dos en India. Hace dos años que tiene la nacionalidad española y la griega.

Esta princesa es una mujer culta. Le gusta la música clásica, la literatura, las artes plásticas, la arqueología y habla perfectamente griego, alemán, inglés y español. Nunca se casó, no por falta de pretendientes, pues fue novia del príncipe Michel de Francia, con quien tenía planes de boda. También fue pareja de Jesús Aguirre, que después se casó con la duquesa de Alba, de Gonzalo de Borbón y de Guido Brunner, que fuera embajador de Alemania en España, informa el diario El Español.

Se dice que su madre, la reina Federica era muy absorbente y posesiva con ella, que no la dejaba tener vida propia, que decidía lo que iba y no iba hacer, y por ello le corría a sus novios.

Irene de Grecia es de buen carácter, se lleva bien con todos, inclusive con su cuñado el rey emérito Juan Carlos, con quien tenía largas y amenas charlas. Ella es la conciliadora de la familia, quien interpone sus buenos oficios para que el ambiente sea fraterno.

Según El Español, sus sobrinos, los griegos y los borbones españoles, incluido el rey Felipe VI, la quieren mucho. Le dicen Tía Pecu, por peculiar, porque a pesar de ser una noble con todas las de la ley, no sigue los protocolos y no se cree más que nadie.

Una vez sus parientes reales le recriminaron porque lavaba su baño en el palacio, y ella les dijo, "acaso una princesa no puede limpiar su cuarto de baño, si tengo manos y fuerzas". Nunca va a la peluquería, luce orgullosa sus canas naturales ni es asistida por un estilista, ella misma se peina y arregla su ropa. Jamás lleva joyas, ni usa diademas, ni condecoraciones o bandas, si tiene que estar elegante se pone un sencillo vestido largo y ya está lista para cualquier gala, cuenta la revista Vanity Fair.

No tiene fortuna personal. Cuando recibió un millón de dólares como indemnización del Gobierno griego por los bienes que le confiscaron a su familia cuando abolieron la monarquía, el dinero lo donó a una fundación que ayuda a los jóvenes de su país en sus estudios de música.



Amiga de su hermana Sofía

La princesa Irene y la reina Sofía tienen tres años de diferencia, lo que nunca fue obstáculo para que sean bien unidas, desde que eran niñas. Crecieron juntas y fueron a los mismos colegios.

Desde que viven juntas Sofía e Irene son más unidas. La menor de las griegas es su confidente, su consejera, su paño de lágrimas en estos casi 40 años que lleva de doble vida. Por un lado reina de España, devota esposa del rey y madre abnegada. Por otro, mujer infeliz, rechazada públicamente por su marido, teniendo que soportar a sus amantes.

Ahí aparece la figura de Irene de Grecia, para ponerle al hombro a su hermana. Además es una princesa prudente y discreta, siempre se sitúa al costado y un poco atrás de su hermana. Ella sabe que la reina es Sofía y que tiene su espacio de protagonismo.



Casi no aparece en fotos, menos en las familiares, prefiere el anonimato. Fue una de las grandes ausentes en las imágenes en la celebración de los 80 años de la reina Sofía, no porque no haya ido, porque sí fue, solo que no aparece en ninguna fotografía.

En la crisis que vive la familia real española la princesa Irene está al lado de su hermana. No se separan para nada. Actualmente están en el palacio de Marivent, en Mallorca, donde se han refugiado para alejarse del escándalo. Las dos veces que salieron a la calle se las vio juntas, solo que una adelante de la otra.