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Son tiempos de cambio para los docentes. Con la suspensión de clases presenciales, los profesores han buscado una y mil formas de mantener contacto con los estudiantes para dar continuidad a los aprendizajes. Aplicaciones nuevas y conectividad se han convertido en los elementos recurrentes de la educación virtual. En poco tiempo, los docentes y estudiantes han tenido que adaptarse a nuevas metodologías.

Ya sea por Zoom, por Meet o a través de grupos de Facebook, los profesores mantienen un contacto casi permanente con los estudiantes. La tecnología aparece como un recurso de apoyo a los docentes… o no siempre.

La historia de José Luis López, profesor de Geografía e Historia en un instituto de Zaragoza, España, tiene los dos lados de la moneda. La suspensión de clases obligó a López a trasladar a su casa todos sus materiales de enseñanza. Durante horas, preparaba las clases que entregaría a sus estudiantes. También aprendió a usar Meet, una aplicación de Google que permite reuniones virtuales. "La herramienta que se nos dijo que empleásemos era Meet, una funcionalidad gratuita de Google con la que se pueden hacer videollamadas grupales. En la misma página de inicio se remarca que es gratuita", señala el profesor afectado.

Desde el principio, López tuvo que hacer frente a un gran contratiempo: su computadora de escritorio no tenía cámara ni micrófono, dos elementos fundamentales para impartir su asignatura, que precisa de apoyos visuales como mapas, vídeos o infografías. Indagando en la red, encontró una alternativa, que se presuponía también sin coste adicional, y que permitía utilizar la cámara y el micrófono de su teléfono móvil. "Permite conectar el teléfono móvil a la videollamada, de modo que puedas verla en la pantalla del ordenador, pero empleando la cámara y el micrófono del teléfono. En ningún momento avisa de que no es que se integre el teléfono a través del wifi, sino que se trata de una llamada telefónica", explica.

Las ganas de superar las limitaciones impulsaron a buscar soluciones. Al igual que a otros muchos docentes, la adaptación les ha sorprendido con el desconocimiento de algunos recursos. En el caso de José Luis, lo que aparecía como una solución tecnológica se tradujo en una factura telefónica de 900 euros, aproximadamente 975 dólares.

La aplicación que utilizó este profesor para integrar la cámara del teléfono a su computadora implicaba una llamada telefónica. El uso de la aplicación resultaba gratuito, pero no se observó que, para ello, debía sostener una llamada de teléfono que "encima lo he hecho con llamadas internacionales". Desde la compañía telefónica le explicaron que "se trataba de llamadas a Estados Unidos y que, por tanto, se aplicó la tarifa de llamadas internacionales".

López señala que se siente "estafado", ya que "dentro del conjunto de herramientas de Google hay algunas gratuitas y otras que no lo son. Esta lo era, tal y como indica al abrirla, y así debería ser siempre que no se señale lo contrario. Como consumidor, creo que tengo ese derecho", denuncia.

El profesor, que ya ha adquirido una cámara y un micrófono a través de internet, también cuenta que su hermana fue víctima del mismo gasto. Los dos han reclamado a sus compañías de teléfono y devuelto la factura antes de tomar otras medidas. 

"Presenté la reclamación por escrito a la compañía y me contestaron que lo sentían, pero que no podían devolverme los importes porque se había facturado como una llamada internacional. Yo no hice esas llamadas por ocio, sino para que mis alumnos no pierdan clase y se vean aún más perjudicados por la pandemia", apunta desconcertado.