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La pandemia también fue resiliencia, fue inspiración. Entre el miedo y la incertidumbre, la poesía, y aquella que nació dentro de las fronteras de Bolivia, llegó al alma de la cantante paceña Vero Pérez y luego sus cuerdas vocales la transformaron en música.

Dos meses de cuarentena sirvieron para que las palabras de los poetas Matilde Casazola, Blanca Wiethüchter, Jaime Saenz, Paola Senseve, Valeria Canelas, Jessica Freudenthal, Julio Barriga, Roberto Echazú y Adela Zamudio la inunden y, tomando la guitarra, comience el proyecto que denominó Cadáver exquisito.

Ese también es el nombre de su primer disco solista, que tiene nueve poesías musicalizadas en diferentes ritmos, y una de su inspiración. Cada sonido es Vero, pues grabó en confinamiento los instrumentos y las voces. Las guitarras, la percusión y los bajos suenan a ella.

Todos esos elementos acompañaron temáticas del tiempo, la luz, el amor, la melancolía, la soledad, la noche, la naturaleza, como define la artista. También define Cadáver exquisito como un álbum fusión rock.

El productor musical Gigio Diaz ‘Fuerte Audio’ y el ingeniero So Myung Jung se encargaron de que las cuestiones técnicas queden a la medida de una de las mejores voces contemporáneas del país.

Cuatro invitados de lujo quisieron acompañarla en esta aventura, los músicos argentinos Andrés Rotmistrovsky, que grabó el bajo en Cadáver exquisito, y Agustín Uriburu, el cello, en Trama y Luminar; el brasileño Andrei Matorin, el violín, en La noche; y el boliviano Andrés Proaño, los sintetizadores en La noche y La partida.

Tras cinco producciones discográficas con Efecto Mandarina, dos con Jorge Villanueva y varias como invitada, Vero Pérez abre las alas y vuela sola a Spotify, Itunes, Deezer, Youtube Music y otras plataformas digitales. Este fin de semana, Cadáver exquisito ya estará arriba.

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