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El ecuatoriano Jorge Fernández, padre y formador de la joven tenista canadiense Leylah Fernández, declinó viajar hasta Nueva York para acompañarla en la final del Abierto de Estados Unidos por temor a alterar las rutinas que están funcionando. 

Fernández, un ex futbolista ecuatoriano que se convirtió en entrenador de tenis para instruir a su hija, seguirá la final desde su casa del estado de Florida, desde donde la ha apoyado y enviado consejos en las últimas dos semanas.

A sus 19 años cumplidos el lunes, Fernández disputará ante la británica Emma Raducanu, de 18, la final más joven del US Open desde que Serena Williams (17 años) venció a Martina Hingis (18) en el US Open de 1999.

"No, no voy a estar allí", confirmó Fernández en una videoconferencia con periodistas que cubren el Abierto. "Soy extremadamente supersticioso. Mi hija también lo es".

"He estado usando el mismo champú el día del partido, he usado los mismos 'jeans' el día del partido, creo que los mismos calcetines y ropa interior. Esto se ha llevado a un nivel completamente diferente", explicó.

El exjugador se justificó: "no es nada nuevo. Uno también se ata los cordones de los zapatos de una manera determinada. Leylah y yo siempre, cuando sabemos lo que funciona, no lo cambiamos. Está funcionando, así que no lo arruinemos".

Las dos tenistas, que jugarán su primera final de Grand Slam, han aniquilado todos los pronósticos previos a este US Open.

De padre rumano y madre china, Raducanu es la primera finalista de un Grand Slam proveniente de la fase previa mientras Fernández ha eliminado a tres de las cinco mejor clasificadas en el ranking de la WTA.

"Te estás enfrentando a otra guerrera. No creo que la edad, el nombre o el ranking deban importar", dijo Fernández sobre la próxima rival de su hija. 

"Es una final. Dejémoslo todo sobre la mesa. Vamos a sudar. Asegurémonos de que, termine como termine, no haya arrepentimientos", demanda.

El padre de la joya recuerda con dolor la última vez que la vio en una final.

"Fue en Acapulco cuando llegó a la final y la perdió", rememora. "Me estuve odiando durante dos meses después. No quería hablar de ello"."Me decían: 'Vamos, es solo un partido, llegó a la final'. Pero dentro de mí es como: 'No, no debería haber aparecido. No debería haber estado allí", asegura. 

El padre y entrenador admite que todo "se trata de una superstición. Ella sabe que la apoyo desde lejos. Estoy en su corazón y ella en el mío".

"Todos quienes la han visto desde la cancha, fantástico. Pero yo voy a mirarla al otro lado de la mesa de la cocina cuando vayamos a cenar y vamos a estar bien", avanza.

Leylah, que sí está acompañada de su madre en Nueva York, recibe llamadas de su padre la noche antes del partido para hablar del plan de juego, a la mañana siguiente para los detalles de las prácticas y en la charla de ánimo antes del juego. 

"Se basa más en los sentimientos y las emociones", explica Jorge. "Es casi como un abrazo virtual y un beso. 'Buena suerte, ya sabes lo que tienes que hacer", describe.

- Aprender de antiguas campeonas -

La dureza mental de Fernández, capaz de remontar sets en contra ante estrellas como Naomi Osaka, se desarrolló través de un estudio profundo del tenis. 

"Ese aplomo le ha venido de ver mucho tenis, de ver algunos de los grandes nombres, de los vídeos de YouTube, de ver los partidos", explica su padre. "Está constantemente analizando lo que ha pasado. Es una gran estudiante del juego. Creo que eso le aporta ese aplomo que vemos en ella, capaz de hacer lo que hace porque lo ha visto mucho".

"Está de alguna forma actuando como las anteriores campeonas. Ha aprendido cómo se recuperan y mantienen su aplomo. Eso es lo que estamos viendo", señala Jorge, que también le enseñó a su hija a hablar un fluido español. 

Ambas finalistas tienen ascendencia asiática. En el caso de Fernández, su madre es canadiense de familia filipina.

"Esas dos damas están tocando a muchas jóvenes. Esto solo puede ser bueno para el tenis", se felicita Jorge Fernández.

"Aportan un estilo que es muy singular para ellas. Me alegro de que estén conmoviendo a la comunidad asiática. Es una gran oportunidad en el deporte femenino para expandirse y tener un nuevo estilo", señala.

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