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Atiende el teléfono, estaciona y saluda a la distancia, agradeciendo por la llamada, que se acuerden de él después de tanto tiempo, y se abrió a una amena charla con Los Más Buscados de EL DEBER Radio.

Es Eligio Martínez, el hombre fuerte de la voz delgada. El zaguero alto y recio, temible para los delanteros de su época, los años 80, aquella en la que el Reglamento FIFA era un tanto contemplativo y permitía la “pierna fuerte”.

El popular ‘Cariñosito’, apodo puesto con ironía a raíz de la forma en la que jugaba este paraguayo, que se siente boliviano porque se naturalizó, vivió más de veinte años en La Paz y vistió la camiseta de la selección nacional.

“Me lo puso (el periodista) Juan Pastén y hasta ahora me llaman así. La verdad que no me molesta”, cuenta este personaje aún recordado por los aficionados del fútbol boliviano, tanto por los hinchas atigrados como por los que lo padecieron como adversario.

“Gracias por acordarse de mí, es importantísimo saber que la gente no me ha olvidado”, dice desde Asunción, aunque aclara que es de Ita, que en español quiere decir Piedra, “una ciudad que está a 40 km de la capital”, indica con esa voz finita que contrastaba con el físico que tenía como jugador y con el carácter que mostraba en la cancha.

Eligio se encuentra a muchos kilómetros de distancia, pero cerca emocionalmente de sus afectos bolivianos, más en esta semana de abril, en la que The Strongest cumple años. El jueves pasado festejó su 113 aniversario. “Vine (a Paraguay) en 2012, de Estados Unidos, y me quedé. Trabajo con negocios particulares, específicamente compro y vendo hierro. Estaba pendiente, me llama la gente, me llaman excompañeros, el periodismo también. Pasé 22 años, veintidós veces el 8 de abril en Bolivia”.

No jugó nunca en la primera división paraguaya y encontró su lugar en Bolivia. Llegó al país para jugar en Bolívar y terminó siendo referente de The Strongest. “En el 81 me incorporé a Bolívar que estaba renovando su plantel; llegamos como seis extranjeros, y yo quedé. Al año me contrata The Strongest para la Copa Libertadores”. Martínez cayó como anillo al dedo en el Tigre. Un zaguero implacable que se sumaba a un poderoso equipo, aguerrido, de una gran fortaleza anímica, pero antipático e insoportable para las hinchadas rivales por su artimañas.

“Estaba ahí mi paisano (Luis) Galarza, Wilfrido Cañellas, paraguayos que tenían trayectoria en The Strongest y me ayudaron mucho; yo era muy joven tenía 22, 23 años, y estaba en una camada de gente grande que realmente te contagiaba lo que es ser ganador. Desde el principio hasta el fin fui titular. Una época muy buena, muy linda, hemos tenido épocas buenas, salimos campeones varias veces”, cuenta, con el ruido de los motorizados que circulan en la carretera paraguaya como fondo.

Eran épocas de grandes atacantes, casi todos goleadores de más de veinte anotaciones por temporada, con los que tuvo inolvidables duelos. Él recuerda a varios y en especial a uno, al que más le costaba marcar.

“Había grandes goleadores como Juan Carlos Sánchez, Tucho Antelo, jugaba en esa época Urruti, muchos delanteros muy buenos, pero el más escurridizo y difícil era Jorge Hirano, un jugador peruano, chiquito, muy inteligente, no se le podía adivinar el movimiento porque era muy rápido, que cuando tenía la oportunidad no te perdonaba”.

Pero a Martínez le fue muy bien, prueba de ello es que incluso llegó a la selección boliviana siendo un veterano, junto a Ricardo Fontana, su compañero en la zaga atigrada.

“Jugué en la eliminatoria del Mundial Italia 90, la Copa América en Brasil en 1989 y vine a jugar la Copa Paz del Chaco contra Paraguay. Es una etapa muy linda que hasta ahora la tengo presente como un buen recuerdo”, recuerda y agrega que esa vez enfrentó a “Maradona en Goiania, empatamos con Argentina 0-0; Maradona estaba ahí con Cannigia, Valdano; jugamos con célebres jugadores, realmente fue un privilegio enfrentarlos”, recuerda orgulloso.

Aprovecha el momento para contar cómo funcionaba aquella impasable zaga central de The Strongest, formada por el impetuoso Cariñosito Martínez y el irascible Tano Fontana, una dupla que marcó época.

“Con Fontana hicimos la mejor dupla central de la década. Fontana era un jugador técnico, temperamental, que te mantenía despierto todo el tiempo, y que toda pelota que agarraba no la perdía, era muy técnico. Yo hacía todo el trabajo sucio y Fontana era el que acomodaba todo tanto para defendernos como para salir. Llegamos juntos a la selección, y casi casi llegamos al Mundial de Italia, nos faltaron dos goles”.

Martínez va más a fondo y explica lo que significaba hacer “el trabajo sucio” en esa temible zaga aurinegra que no escatimaba zarpazos a la hora de defender resultados o asegurar el cero en su arco.

“Yo ablandaba toda la organización de ataque. Tenía que romper esa organización. Siempre hay uno que encabeza esos problemas, ¿verdad? Ese era mío”, cuenta provocando risas por la franqueza.

Era tal la fiereza defensiva de Cariñosito, que los rivales la pensaban dos veces para animarse a cruzar esa especie de Vietnam futbolero que incluía también a Galarza, Fontana, Iriondo, el ‘Negro’ Juan Peña, Eduardo Angulo, Ruiz, Camargo y compañía.

“La verdad, hablando ahora, tenían miedo, realmente tenían miedo”, dice sin remordimientos” y reconoce que “al final de esa época, yo me paraba (en la defensa) y nadie se acercaba”.

En una entrevista al diario Crónica de Paraguay, en 2017, contó que había lesionado a nueve jugadores y ¡a un camarógrafo! “Me acuerdo que me tiré al piso para sacar una pelota, me fui fuera de la cancha porque estaba mojado el pasto. Allí me llevé por delante al camarógrafo que estaba al costado de la cancha. Pero esos recuerdos me ponen mal, por eso pedí disculpas y perdón a quienes lastimé”, dijo al diario guaraní.

Sin embargo, Martínez descarta que haya sido un jugador malintencionado, afirma que todo era producto de su vehemencia para disputar las pelotas cerca de su área y lo explica de una manera risueña.

“No, no, no era malintencionado. Era un jugador fuerte, trabajaba mucho con pesas de hasta 40 kilos. No me desequilibraba cuando saltaba; tenía buena preparación, buena alimentación, me preparaba bien para jugar. Jugaba con 88 kilos, y los delanteros eran de 60 kilos, era como chocar una peta con un camión grande”.

Reconoce que una sola vez lesionó con intención, al argentino Wálter Gallo.

“Ese es el único (jugador) que con intención he lesionado”.

Eligio cuenta por qué actuó de esa manera.

“Wálter Gallo...cuando estaba en Bolívar, yo vivía con ellos en la calle Bolívar, en la sede del club. Era mi amigo, también Luis Gregorio Gallo (su papá), estábamos juntos todo el día, comíamos en la misma mesa, y cuando él jugó en Chaco (Petrolero) yo estaba en The Strongest. (En un partido) se me acercó y me pateó, me dio un codazo en la boca. Le dije: “¿Por qué Wálter, qué te hice yo?” Y me escupió. Él jugaba en la media cancha, casi como volante ofensivo, arrancaba de atrás y tenía una buena patada al arco. Fui, lo crucé, y cuando iba a patear, le puse (el pie) un poquito más arriba. Se rompió en tres partes. Fue al único que lesioné porque yo quería. Con la bronca que tenía, lesioné intencionalmente a ese jugador”.

También admite que los rivales lo corrieron para ajustar cuentas y que tuvo que escapar.

“Terminó el incidente ahí y la banca de suplentes (de Chaco) vino para masacrarme, corrí al lado donde estaba mi banca, porque me pegaba uno y me pegaban los veinte”.

La situación era tensa para él fuera de la cancha pese al paso de los días. Y tal como actuaba en la cancha, tomó el toro por las astas. Fue y buscó a los Gallo.

“Me disculpé con su papá (Luis Gregorio, que jugaba en Bolívar en ese tiempo), me disculpé con su mamá, que era la que nos atendía la comida cuando estaba en Bolívar, le llevé mi aporte. Hice lo que tenía que hacer, porque eso no terminó ahí, me llegaban amenazas de muerte a mi casa, y en vez de hacer problemas judicialmente, me fui a la casa de ellos, llegué cuando estaban almorzando, hablamos y todo se solucionó, y me dejaron en paz. Esa época, yo ya estaba bien económicamente, y he donado algo para su papá que estaba mal (económicamente). Ahí terminó todo”.

Del momento amargo, a un grato recuerdo, el del entrenador que lo marcó en su larga carrera.



“Jorge Habegger fue el técnico que me marcó porque me hizo cumplir las funciones técnicas que él quería. Antes, en The Strongest, hacía de cuarto zaguero, de central, pero al segundo ya estaba de número 9. Él no me permitió hacer eso; me obligó a cumplir una función. Ahí mejoré mucho, corría menos y rendía más. Después llegué a trabajar con él como ayudante, aprendí mucho de él”.

Martínez sigue pensando que el jugador boliviano es débil porque su competencia es así. Lo dijo cuando jugaba y lo reitera ahora que está alejado del fútbol.

“La verdad que es muy débil, muy frágil nuestra competencia allá. Quisiera que veas la segunda división acá, en Paraguay, hay roces que te dan miedo a veces. En Bolivia jugamos muy frágil, por eso, a nivel internacional, cuando salimos, ya no figuramos. Se juega bien, pero no hay ese roce, esa fuerza para ganar algo a nivel internacional. Eso se refleja hasta hoy”.



Hace hincapié también en la preparación física. “Sí, hay mucha diferencia en el aspecto físico. Allá, cuando van a comenzar a trabajar la parte física, ya empiezan a llorar. Acá, en Paraguay, cuando entra el preparador físico, el jugador no tiene voz ni voto. Si el preparador físico no trabaja, el jugador no rinde. Y si no rinden, los primeros en irse son los del cuerpo técnico y después unos cuantos jugadores.

Eligio, sin embargo, reconoce que el boliviano tiene potencial en el aspecto técnico, y que cuando están bien preparados, triunfan en el exterior.

“Hubo varias figuras importantes en el fútbol, que han salido y han demostrado que son buenos; te nombro a Melgar, ‘Chocolatín’ Castillo, ‘Tapera’ Ramos, Etcheverry, ‘Platiní’ Sánchez, que demostraron que un futbolista puede llegar a jugar en el exterior y se quedaron mucho tiempo.

También hubo varias que salieron y regresaron. Eso significa que tienen que estar mejor preparados. Si sos extranjero, vas como refuerzo y tenés que hacer algo más que el nacional. A mí, en Bolívar y The Strongest, me exigieron más, todos podían cansarse menos yo. Eso le pasa al futbolista nacional, si no tiene moral y buena preparación, termina regresando a los seis meses o hace banco y no juega nunca. Después, lo llamamos a ese que no juega para ponerlo en la selección”.

Al tiempo de evocar recuerdos, no se queda con alguno en especial porque dice que abundan en su memoria. “Tengo muchos recuerdos de cuando salí campeón. Bolivia es mi país, porque también soy boliviano; tengo a mi hija, mis nietos; son muchos que tengo”, sostiene el recordado Cariñosito con un dejo de nostalgia.

Aún mantiene lazos y contactos con excompañeros, “con Juan Peña, Álvaro (Peña), con Luis Galarza, Huber Acosta, antes con Ayaviri, que ya no está con nosotros; con dirigentes como Jorge Sfeir, con mucha gente, y renovamos nuestros recuerdos, esto no termina, y en esta época nos comunicamos más”.

Al final, el tipo rudo de las canchas se muestra como una persona sensible, emocionado por el contacto. “Estoy agradecido, hasta pronto, que Dios los bendiga a todos, que tengamos suerte de pasar este momento tan difícil que pasamos, y alguna vez poder abrazarnos de nuevo. Chau, chau…”.

Chau, Cariñosito, gracias por dejar el alma en la cancha.


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