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Pese a que Evo Morales llegó a ganar elecciones con más del 60% de los votos, el Movimiento Al Socialismo nunca triunfó en una elección con tantos votos a su favor. 

Los más de 3,4 millones de sufragios a favor de Luis Arce Catacora superan los 3,2 millones obtenidos en 2014 y están medio millón de votos por encima del desempeño electoral del MAS en 2019. Así, el mapa político del país resulta pintado de azul en todo el occidente, con algunas incursiones en el oriente, que aún se mantiene como fiel opositor. 

Es como la cordillera Oriental de los Andes marcara una frontera política. Según el estudio de desempeño electoral, realizado por Rafael López Valverde, un estadístico experto en datos, el MAS aumentó su votación respecto a 2019 en 280 de los 340 municipios del país. Solo empeoró su registro en 60 municipios, todos ellos situados en el oriente. Según explica López Valverde, es como si el MAS hubiera compactado su votación en el occidente, mientras que la oposición se compactó en oriente. 

Los mayores porcentajes de crecimiento del MAS se dieron en municipios del Altiplano, sobre todo en los cercanos al lago Titicaca (hasta Felipe Quispe, históricamente contrario al MAS llamaba a votar por el MAS), con mejoras de hasta el 56% respecto al año pasado, como sucedió en el municipio de Todos Santos. Y es que incluso en los lugares donde perdió, el resultado del MAS fue mejor que el del año pasado. Su derrota más catastrófica fue en la ciudad del Potosí, donde Arce solo alcanzó el 21,46% de los votos, pero eso es un 3,58% mejor que en 2019. Lo mismo sucedió en Sucre, donde subió más de 7%; el mismo porcentaje de crecimiento que tuvo en Cochabamba, donde se quedó a décimas del 50%. 

Lo mismo sucedió en La Paz, donde el alcalde Luis Revilla recalca que el MAS perdió, pero el 45% obtenido significa una mejora de 6% respecto al año pasado. Fue más discreta su mejora en Santa Cruz de la Sierra, donde perdió dos circunscripciones urbanas que ganó en 2019, pero igual mejoró un 0,9%. 

La única capital de departamento donde el MAS tuvo menos votación que en 2019 fue Trinidad. En la antípoda está El Alto, que es la segunda ciudad de Bolivia con mayor número de votantes, y fue la urbe donde más creció el voto azul, con un 20% de mejora. Paradójicamente, el municipio donde más puntos porcentuales descendió la votación del MAS es uno en el que Arce Catacora ganó por mayoría absoluta, Exaltación (Beni), donde ganó con el 52%, pero obtuvo 10 puntos menos que en 2019. Por lo general, los municipios donde mejoró la votación del bloque antimasista son pequeños, con pocos votantes. En su mayoría del área rural de Santa Cruz (Urubichá, Colpa Bélgica, Okinawa, entre otros), Beni, Pando, Tarija y el chaco chuquisaqueño.

Consecuencias

Para López Valverde, la compactación del voto occidental del MAS puede deberse a la presencia de David Choquehuanca, cuyo liderazgo pudo atraer votación que se había decepcionado del MAS. Cree que esto dará a Arce y Choquehuanca algunos centímetros más de espaldas para atajar cualquier intento de Evo Morales de imponer decisiones. 

Otra de las explicaciones posibles la da Franz Flores, sociólogo con un doctorado en ciencias políticas, y es que el MAS se comió el voto que Chi Hyun Chung le había robado en las áreas rurales en 2019.

“Las comunidades evangélicas campesinas se pelearon con el MAS en 2019, pero volvieron en 2020”, dice. Otra de las demostraciones de esta elección, para Flores, es que hubo un sesgo en el análisis de “los pititas”, al considerarlo co - mo algo homogéneo y derechoso, cuando era bastante heterogéneo y hasta contradictorio. Su ala más izquierdista, “cuando arreció el discurso más racista y antimás, se arrepintieron de lo que habían provocado, se asustaron con lo que estaba pasando en el Gobier - no de Áñez y volvieron a votar por el MAS”, dice. En su opinión, esto provocó que al final el clivaje territorial vuelva a aparecer. 

“Veremos resurgir un oriente con pedidos de mayor autonomía”, dice. 

Para bajar la conflictividad, Flo - res cree que Arce debe enviar un mensaje al oriente desde su gabi - nete, incluyendo a figuras impor - tantes de esta zona en él. “Lo bueno del resultado de las elecciones es que su contundencia ha conseguido la paz para el país. Si la diferencia hubiera sido menos de 10%, iríamos a una segunda vuelta en medio de la confrontación. Y otra cosa que casi nadie la ve: no está Evo Morales en el poder. Ese es un cambio enorme y eso se debe a la revolución de las pititas”, dice. 

Para Centa Rek, senadora electa de Creemos, el mapa político resultante de las elecciones inicial - mente muestra dos visiones de país confrontadas, un occidente más estatista y un oriente más apegado al libre emprendimien - to, a una visión más de desarrollo personal. Sin embargo, Rek cree que se debe hacer un análisis más profundo de esto, no cree que solo se deba a una visión más paterna - lista del Estado en occidente, sino que la oposición tiene el reto de entender las necesidades de estas regiones del país para poder llegar a ellos. 

Cree que el resultado pue - de expresar algo de regionalismo, pero insiste: “hay algo más profundo que amerita que lo analicemos como corresponde”. Adriana Salvatierra, politóloga y senadora del MAS, cree que por más que la imagen resultante de las elecciones se asemeje a la me - dia luna, ese movimiento surgido en la década pasada en el oriente tenía por detrás el proyecto auto - nómico. “No era solo territorio, era discurso”, dijo.

 “Ahora no veo un proyecto. Y si existiera, falta ver si la gente del oriente se sentirá identificada por ese proyecto”, añadió. No cree que resurja el pacto fiscal como demanda opositora, porque durante el Gobierno de Áñez no se escuchó dicho reclamo. Salvatierra cree que Choque - huanca es un elemento para haber dibujado este mapa, pero también el racismo y el regionalismo fueron factores cohesionadores, porque terminaron por interpelar la identidad del votante.

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