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Fue la concentración más grande que vio Santa Cruz hasta ese momento. Con las brasas calientes de más de tres millones de hectáreas de la Chiquitania, cientos de miles de personas se reunieron en el Cristo para acordar un “voto castigo” contra Evo Morales (eso se tradujo en voto útil para Carlos Mesa, que llegó al 54% en Santa Cruz), dio un ultimátum para desalojar comunidades de tierras fiscales y áreas protegidas y decidió que se enrumbaría a la región hacia el federalismo.

Un año después, el hombre que hizo las preguntas de esa concentración va tercero en la carrera por la Presidencia del Estado, fue el que encabezó las revueltas contra Evo Morales y el fraude detectado por la OEA el 20 de octubre. Luis Fernando Camacho, ahora candidato por Creemos, logró llevar la Biblia a Palacio Quemado, pero gran parte de la agenda surgida de esa concentración quedó inconclusa.

Pasado y presente

En 2019, a 16 días de las elecciones, Luis Fernando Camacho convocó un cabildo por los incendios de la Chiquitania. Se lo habían pedido desde que era vicepresidente del Comité pro Santa Cruz, para tratar de impedir la repostulación de Evo Morales, pero él supo aglutinar la fuerza necesaria para que una concentración a los pies del Cristo sea multitudinaria. 

Ese día, se dispuso el voto castigo contra Morales, sin pedirlo directamente a favor de Carlos Mesa. Hasta ese día, las perspectivas de Óscar Ortiz, entonces candidato a la Presidencia por Bolivia dice No, eran la de mantener al menos la plaza de Santa Cruz como su núcleo fuerte, pero el voto útil a favor de Mesa comenzó a crecer y se llevó al 54% de los sufragios cruceños.

El resto de las decisiones del cabildo, la abrogación de las “leyes incendiarias” que permiten el desmonte en Bolivia, el desalojo de las dotaciones de tierra en áreas protegidas y zonas fiscales y el avance del país hacia el federalismo no se ha cumplido y ha quedado debajo de la disputa por el poder nacional. Algo de lo que participa también Luis Fernando Camacho, un líder emergente que amenaza con cambiar la relación de fuerzas en Santa Cruz. Así lo dicen los analistas José Luis Santistevan y Eliana Torrico.

Para Centa Rek, candidata a senadora por Creemos, el cabildo del millón y medio, como se lo llamó, marcó un hito histórico porque recupera la lucha por la autonomía y por la democracia, algo que había sido atacado por el Gobierno del MAS después del Caso Terrorismo. Para la primera candidata a senadora de Luis Fernando Camacho, a las reivindicaciones políticas se le sumaron otras, como las del medioambiente y el respeto a los resultados del referendo del 21-F.

Añade que allí nació todo el liderazgo de Camacho, porque fue el que se atrevió a plantarle cara al Gobierno de Evo Morales y surgió como “una voz inesperada”.

Inesperada y subestimada. Para el final de la tarde del 4 de octubre de 2019, el MAS veía a Camacho como un actor local que buscaba la Gobernación. Así lo dijo ese día la senadora Adriana Salvatierra. Un año después, compara el cabildo del año pasado con el llamado cabildo del millón.

El llamado cabildo del millón el 2006 se constituyó en la antesala de un proyecto político emergente del oriente boliviano.
Demandó mayor descentralización y construyó la ruta institucional para la consolidación del modelo autonómico.
Ahí reside su importancia como acontecimiento histórico determinante. Nadie duda de la legitimidad de una concentración masiva, pero el impacto, ¿se evalúa a través de la desestabilización de un gobierno? ¿Podríamos afirmar que ahí reside su aporte a la historia? Creo que no. Más aún cuando el siguiente cabildo que demandó federalismo fue abandonado por sus asistentes”, critica ahora Salvatierra.

Rek cree que uno de los aportes del cabildo fue el surgimiento de una voz firme y fuerte que se planteó encarar las reivindicaciones regionales y que hizo un llamado a los cabildos de toda Bolivia e impacto al país desde los pies del Cristo.

Ahí parece estar el mayor logro del cabildo del año pasado, el surgimiento de una figura política. Santistevan explica que los cabildos están constitucionalizados, que son una forma de democracia directa no vinculante, pero que sí debe ser tomada en cuenta por las autoridades y admite que pese a la contundencia de la protesta, muchas leyes y decretos tachados de incendiarios siguen vigente. 

Por eso centra su análisis en el surgimiento de un líder desde el cabildo. Explica que la primera diferencia con el nacimiento de Rubén Costas como figura política es que el liderazgo de Camacho es rebelde, que nace del Comité pero no de los grupos corporativos cruceños, a quienes también interpela por su relación con el Gobierno del MAS.

“Ahí había mensajes contra las autoridades, una ruptura del liderazgo emergente con los sectores tradicionales corporativos, cosa que no se había hecho en la anterior gestión cívica. Es una antesala del paro de los 21 días”, explica.

Para el abogado constitucionalista, esto tiene como consecuencia que la gente se apodera de la calle como lugar de protesta y ya no solo se rebela ante el poder nacional, que no quiere soltar el Gobierno, sino también contra el poder local conservador, al que vincula con el Gobierno del MAS.

Camacho expuso un liderazgo de rebeldía, como lo hicieron en su momento Andrés Ibáñez y Melchor Pinto”, dice Santistevan.

Para sustentar lo dicho pone como ejemplo que, incluso, al Comité entró “pateando la puerta”, secundado por jóvenes molestos. Sin embargo, Santistevan aclara que el impacto de este cabildo no se verá solo en la elección del 18 de octubre, sino que será más fuerte en las subnacionales. 

“Será el punto culminante para saber si hay renovación en el liderazgo político de Santa Cruz”, dijo y añadió que será el punto donde se sabrá si Camacho reemplaza los liderazgos de Percy Fernández y Rubén Costas.

 ¿Qué cambió?

Eliana Torrico, abogada y ambientalista, cree que el cabildo de 2019 tuvo el poder de convocatoria gracias a la molestia producida por los incendios y mala gestión de la crisis del Gobierno de Evo Morales. Cree que los que participaron de la concentración bajo esa bandera fueron engañados, porque luego del cabildo “no se hizo ni media gestión para la abrogación de la normativa incendiaria”.

Hoy estamos con incendios en muchos más lugares que el año pasado, son menos hectáreas, pero el fuego está más disperso y tropezamos con los mismos problemas: municipios que no se declaran en emergencia, la Gobernación que tarda en hacerlo y otra vez los activistas y bomberos voluntarios tienen que apagar las llamas, pero ahora con miedo al coronavirus. Mientras tanto, el ministro de Defensa mete preso a tres simples campesinos cuando también hay agroindustriales quemando”, dice y remata: “El cabildo sirvió para una convocatoria política”.