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Texto: RAFAEL VELIZ

En un abrir y cerrar de ojos todo cambió en el país. La cotidianidad interrumpida en los 19 días que llevaba el paro nacional dio sus frutos el domingo 10 de noviembre, a las 16:52, cuando Evo Morales, el gobernante que retuvo el poder por casi 14 años, daba su discurso de dimisión. 

En los puntos de bloqueo lo escucharon con cierta incredulidad, y luego, algo más de indignación. 

Porque Morales, flanqueado por Álvaro García Linera y Gabriela Montaño, afirmó que se había gestado un golpe de Estado en su contra, sin mencionar en ningún momento a la auditoría de la OEA, que recomendaba nuevas elecciones ante hallazgos de irregularidades en el cómputo electoral.

La declaración de renuncia parecía el horizonte incierto de una aventura a la que el pueblo movilizado se había embarcado el 23 de octubre, alentados en gran medida por Luis Fernando Camacho, presidente del Comité pro Santa Cruz; Marco Antonio Pumari, presidente del Comité Cívico Potosinista, además de otros liderazgos regionales, urbanos y rurales de composición diversa.

El catalizador fue la insurrección policial en Cochabamba, el 9 de noviembre, a la que rápidamente se plegaron en un efecto dominó los comandos del resto de los departamentos. La tarde y noche de aquel sábado repuso la esperanza de los vecinos en las ciudades capitales, que venían sosteniendo la vigilia de ‘pititas’ y llantas por más de dos semanas.

El domingo amaneció con el telón de fondo ya dispuesto para el final desde temprano, tras la difusión del informe preliminar de la Organización de Estados Americanos (OEA) difundo en la madrugada por Luis Almagro, secretario general. 

Era categórico y contundente al afirmar que “no se puede avalar los comicios del 20 de octubre” y en recomendar otras elecciones con nuevas autoridades electorales.

También al establecer que era posible que Evo Morales hubiera ganado la elección, pero que era “estadísticamente improbable” que hubiera obtenido el 10% de diferencia para evitar la segunda vuelta frente a Carlos Mesa.

El último empellón provino de Williams Kaliman, por entonces comandante las Fuerzas Armadas, quien a las 15:48, se dirigió a la opinión pública para “sugerir al presidente a que renuncie”, permitiendo así la pacificación y la estabilidad del país.

Entonces Morales, el líder cocalero que se había abierto camino hacia el Palacio por medio de bloqueos y marchas, se veía acorralado tras 13 años, 9 meses y 18 días de Gobierno, en una situación análoga a la de Gonzalo Sánchez de Lozada, en 2003, cuando terminó renunciando y saliendo del país rumbo a norteamérica.

“Decidí esta renuncia para que Mesa y Camacho no sigan persiguiendo a mis hermanos, dirigentes sindicales, para que no sigan secuestrando y maltratando a los familiares de nuestros dirigentes sindicales como el hermano Teodoro Mamani, en Potosí. Para que no sigan perjudicando a comerciantes y a transportistas que no dejan trabajar en Santa Cruz”, declaró Morales al inicio de su último discurso como presidente.

“No creo que se vaya a ir. Esto no se termina hasta que tengamos nuevo presidente transitorio”, expresó un vecino en el punto de bloqueo de la avenida La Barranca y cuarto anillo. Su consiga se repitió también en la radial 13 y quinto anillo, y en la mayoría de las rotondas cundía la alegría ante lo que se interpretaba como un momento histórico.

La palabra de Camacho, se aguardaba en las barricadas de la urbe cruceña para terminar de trazar las prioridades del movimiento cívico ciudadano. Para conjurar la incertidumbre, entonaron estrofas del himno nacional e improvisaron cultos de oración.

Camacho apareció entonces de forma virtual, a través de las pantallas dispuestas en el Cristo Redentor, el emblemático monumento en los que la ciudadanía se concentra cada noche del paro para reafirmar la lucha.

“Yo sé que queremos suspender el paro, pero ahora necesitamos tener fecha definida del nuevo proceso y claramente un Gobierno transitorio. Si lo levantamos el Congreso puede hacer algo”, advirtió el líder cívico.

El martes por la noche Jeanine Áñez, senadora de Unidad Demócrata, fue posesionada con lo que se daba inicio a un periodo de transición, cuyas prioridades están claras: elección de nuevos vocales y convocatoria a nuevas convocatorias generales.

El inconformismo del electorado no se explica únicamente por las irregularidades en la elección del 20 de octubre; se debe a una pérdida de legitimidad tras el referédum del 21 de febrero de 2016, cuyo resultado en contra de la repostulación (51,3%), desoído a través de un fallo del Tribunal Constitucional el 29 de noviembre de 2017, y en época electoral, el incendio en los bosques de la Chiquitania entre agosto y septiembre, que provocó la pérdida de más de 3 millones de hectáreas.

Del poder al exilio

Despojado de símbolos de poder, sin la participación de su gabinete y bajo la sombra del fraude certificado por la OEA horas antes, a las 7:35 del domingo 10, Morales quiso salvar su Gobierno anticipando la convocatoria a nuevas elecciones con nuevos vocales; un pedido que se escuchó desde el primer día de la protesta pero que fue minimizado por la confianza de que la auditoría les sería favorable. También se descartó la concertación entre sectores y solo se intentó recurrir a ella en los momentos de mayor tensión. Cuando ya era demasiado tarde.

Tras su renuncia, Morales inició su propia odisea por los cielos de América. Pertrechado en algún lugar indeterminado de Chapare. Subió una foto en Facebook en la que se lo ve recostado en el suelo, con una colcha de colchón y una sábana acomodada como si fuera una carpa por encima de él.

Dijo que así “recordó sus tiempos de dirigente”, denunció una trama golpista y acusó a Mesa y a Camacho de gestarla, vinculándolos de la violencia. Dijo que querían aprehenderlo después de que un policía en Yacuiba afirmó que existía una orden de captura que fue negada. El domingo se dijo que el Falcon 900 aterrizó en esta ciudad fronteriza, en un intento llegar a Argentina.

El lunes por la tarde, en previsión a que el exmandatario aceptara el asilo propuesto por “razones humanitarias”, un avión de las fuerzas armadas mexicanas asomó a territorio boliviano, pero fue rechazado por la fuerza aérea.

Fueron cuatro horas de negociación del canciller mexicano Marcelo Ebrard; del presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, y de la embajada de Brasil en La Paz para que ‘se le abran los cielos sudamericanos’. Incluso Jorge ‘Tuto’ Quiroga reconoció que hizo gestiones ante los militares para que se otorguen los permisos al avión mexicano y se deje salir al líder cocalero del país, debido al vandalismo y enfrentamientos entre grupos masistas y de oposición, que tenían a fuego cruzado a la sede de Gobierno.

“Quiero pedirles disculpas (a los exiliados políticos). Ayer hice algo que nunca pensé hacer: gestiones ante la Fuerza Área para que el tirano salga del país. Lo hice por varias razones, porque La Paz era un caos y porque aprendí en Venezuela que cuando a (Hugo) Chávez no lo sacaron volvió al tercer día. Sé que es lo mejor para el país, aunque es doloroso ayudar a que escape un hombre que nos hizo tanto daño”, explicó el expresidente en un video.

“Las dificultades para sacar a Morales obligó a realizar negociaciones con Paraguay, Brasil, Perú y Ecuador, para utilizar el espacio aéreo”, contó Ebrard.

Según Página 12, fue Fernández, el mandatario electo argentino el que hizo las gestiones para que Morales reciba asilo en México, apelando a su tradición de recibir exiliados políticos.

Cuando el avión mexicano tuvo trabas para ingresar a Bolivia, y luego para hacer tareas técnicas en su retorno por Perú, fue Fernández quien hizo las gestiones ante el presidente de Paraguay, Mario Abdo, “quien los sorprendió con su total predisposición”.

“Si usted me lo pide, presidente, con todo gusto”, respondió Abdo a Fernández sobre la posibilidad de refugiar a Evo y su gente.

Fernández se comunicó con el triunfante presidente español, Pedro Sánchez, a quien felicitó por la victoria de las elecciones generales del domingo y le alertó sobre lo que pasaba en Bolivia. “Estoy siguiendo el caso con atención”, respondió el socialista.

El exilio de Morales no trajo aún la paz esperada. El clima de tensión social en Bolivia no baja, incluso luego que el Gobierno transitorio de Jeanine Áñez, hicieron un acuerdo con la bancada del MAS en la Asamblea para que ocupen las directivas, en cumplimiento de la normativa interna, y por la pacificación del país.

En tierra azteca, Morales plantea su retorno “para ayudar con la pacificación”; sigue opinando sobre la situación del país desde Twitter, pese a los cuestionamientos diplomáticos, y es noticia por el numeroso grupo de guardaespaldas que lo cuidan, similar a la guardia del expresidente Enrique Peña Nieto, y su visita a restaurantes elegantes, como el Brick, un lugar ‘nice’ en la colonia Roma.

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