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El queso es un ingrediente presente en infinidad de deliciosas preparaciones, como pizzas, pastas y muchas salsas. Y no fue hasta hace poco que se descubrió el secreto de su éxito y es que el queso puede llegar a ser tan adictivo como las drogas, el alcohol y el tabaco. Al menos, esa fue la conclusión a la que han llegado algunos científicos de la Universidad de Michigan, tras experimentar con 500 estudiantes. Este alimento contiene una proteína llamada caseína, que está presente en todos los lácteos, pero que tiene mayor concentración en el queso y que tiene unos efectos similares a los de los opiáceos durante su digestión. 

Esta proteína libera casomorfinas que, tal y como su nombre sugiere, es una sustancia “similar” a la morfina en el cuerpo humano, lo que genera una agradable sensación de bienestar y provoca adicción. Algunos consideran al queso como “una droga láctea” por su adicción, pero con una gran diferencia: no es perjudicial para la salud, siempre y cuando se tome de forma moderada y equilibrada.

Curiosidades 

  • La leche empleada en la elaboración de los lácteos procede generalmente de la vaca,​esto debido a su accesibilidad; aunque también puede consumirse leche procedente de otros mamíferos como cabras, ovejas, búfalos y burros.
  • La primera fábrica de quesos se inauguró en Suiza en 1853. Antes de la creación de la primera factoría, las personas elaboraban sus quesos de manera artesanal en sus propias casas con la finalidad de evitar que se estropease el excedente de leche.





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