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Si hay algo que abunda en Santa Cruz son restaurantes, pero ¿qué marca la diferencia? ¿Cómo tener éxito y sobresalir entre tanta competencia? Para Florinda Zeballos de Caero, la respuesta es simple: creatividad, perseverancia y un exquisito sabor criollo. Esos tres ingredientes han sido clave para sacar adelante a su restaurante, La Barca, y mantenerlo vigente por más de 57 años.


Los inicios 

Oriunda de Cochabamba, Bolivia, doña Flory-como le dicen de cariño- llegó a Santa Cruz muy pequeña, en compañía de sus padres y hermanos que buscaban mejores oportunidades. Su madre, Micaela Pérez, fue quien empezó con este sueño, vendiendo comida en un pequeño canchón con techo de calamina por la zona de la Isabel la Católica. Poco a poco, su negocio fue haciéndose más conocido gracias al boca a boca; entonces se mudaron a una casita en el mercado siete calles, la cual en cuestión de años se convirtió en uno de los restaurantes más conocidos de la urbe cruceña.
Al comienzo no fue fácil, pues hace 50 años Santa Cruz no era ni la sombra de lo que es hoy. “Caminaba hasta la calle Pari y Mercado con dos baldes colgados en un palo que llevaba en los hombros para poder sacar agua de una bomba, pues en ese entonces no contábamos con agua en las casas y un restaurante utilizaba mucha” cuenta Florinda. 

El nombre 

Conocer los orígenes de un nombre siempre resulta interesante. En este caso particular, si bien el significado de barca hace referencia a una embarcación pequeña, el nombre no  va por ahí. Resulta que a mediados de los 80, gran parte de los clientes eran militares, entre ellos uno muy popular, un general de apellido Camacho. Este general frecuentaba tanto el lugar, que algunos se referían al restaurante como “el bar de Camacho”. Buscando hacer más simple el nombre, decidieron dejarlo como Barca, y como es un nombre femenino, se quedó con La Barca. La buena mano de nuestra protagonista no solo se hizo popular entre los cruceños; grandes personalidades como Laura León y el expresidente Luis García Meza, también visitaron el restaurante, este último era fan de la ranga que allí servían. 

Una gran responsabilidad 

Aunque comenzó como un negocio familiar, luego del fallecimiento
de su madre, Florinda asumió todas las responsabilidades que conlleva tener un restaurante de ese calibre. Eso no la detuvo y años más tarde abrió otra sucursal, en la avenida Roca y Coronado. Esta vez en compañía de su esposo, Jorge Caero, con quien formó una familia y tiene tres hijos, Jorge, Carlos y Verónica. Mantener a flote un restaurante que atiende todos los días del año es un trabajo duro y esta familia lo sabe. Su rutina empieza a las 3 de la mañana, haciendo las compras en el mercado para luego preparar la comida y todo debe estar listo antes de que salga el sol, porque atienden desde la mañana. ¿Y el menú? Platos típicos de nuestro país, como picante, pique macho, sopa de maní, chicharrón de cerdo, fricasé, entre otros.



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