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Tiempos extraordinarios precisan de medidas extraordinarias. Y hay consenso global respecto de que, en casi un siglo, no ha existido otro evento tan catastrófico como la pandemia del Covid-19. En esa línea, la reciente promesa de China de aliviar la carga de la deuda que mantiene con algunos gobiernos fue una moción destacada transversalmente. Sin embargo, el beneficio es para países de África y del sur de Asia.

En el caso de Bolivia, la deuda del país con el gigante asiático suma $us 1.000 millones y los economistas y diplomáticos consultados sugierente renegociar los acuerdos.

“De acuerdo con los informes oficiales del Banco Central, la deuda externa de Bolivia superaba los $us 11.267 millones al 31 de diciembre de 2019”, dice al comenzar su explicación Óscar Molina Tejerina, vicerrector nacional de la Universidad Privada Boliviana (UPB). “De ese monto, un poco más de $us 1.000 millones corresponden a China”, dijo a la revista América Economía.

Molina indica que mucha de la deuda china venía también condicionada, como en algún momento lo hizo el Fondo Monetario Internacional (FMI), que supeditaba los préstamos a cumplir con indicadores macroeconómicos. Pero “en el caso de los créditos vinculados con China eran las propias empresas chinas las que realizaban inversiones en el país y […] y así se logró hacer muchas obras públicas e infraestructura, además de la explotación de recursos naturales”, dijo el académico.

Si bien no lo menciona el académico, muchas de las obras chinas imponían la contratación de mano de obra asiática, lo que fue denunciado como limitante para expandir las fuentes de empleo para bolivianos.

Tras el cambio de gobierno, en noviembre pasado, el vicerrector de la UPB destaca una “disminución tremenda del relacionamiento con la República Popular China”. A nivel de Gobierno se decidió cortar muchos proyectos de infraestructura ya presupuestados, como una forma de financiar la crisis sanitaria.

Si bien Bolivia posiblemente aumente su deuda global externa a $us 12.000 o $us 13.000 millones, para Molina la deuda con China “todavía no es incobrable, debido a su bajo tamaño”.

“Pero si la situación se pone mucho más complicada, posiblemente no podamos pagar […] aquí la búsqueda del flujo de corto plazo representa que muchas de las deudas multilaterales y bilaterales deberían ser renegociadas; y eso es un concepto para todos los países latinoamericanos: dadas las condiciones en las cuales nos encontramos [ahora] y nos vamos a encontrar en los próximos años, es muy importante que los servicios de deuda se puedan usar en otros elementos clave”, precisó.

Cuando EL DEBER planteó al ministro de Economía y Finanzas, Óscar Ortiz, la posibilidad de renegociar la deuda externa de Bolivia, la autoridad sostuvo que la pandemia es un problema que afecta al mundo entero y genera una contracción de la demanda que afectará a todos. “Está claro que, cuando pase esta etapa más crítica, a nivel de la comunidad internacional habrá que sentarse y ver cómo contribuir a que haya una recuperación económica del conjunto. Ahí, deberán surgir una serie de apoyos a países como el nuestro, porque también se caen la demanda y las exportaciones”, afirmó.

A su vez, el diplomático boliviano, Agustín Saavedra, recordó que en mayo de este año el presidente chino Xi Jinping refirió, entre otros temas, que se podría plantear al G-20 una disminución de la deuda externa de países agobiados por acreedores externos y que se han visto castigados por la pandemia. 

“China hizo una simple promesa. Habrá que ver cómo se implementa porque hay países que tienen deudas mayores que las de Bolivia y lo importante es aliviar la deuda cuando hay condiciones para la recuperación como el aumento de la productividad o un modelo productivo que permita pagar la deuda”, explicó Saavedra.

No obstante, el exdiplomático manifestó que estos son elementos teóricos que no siempre se cumplen y que tampoco se puede considerar la figura de ‘perdonar’ la deuda así porque sí porque sería una especie de “paternalismo para con Bolivia”.

Mientras tanto, el economista Luis Fernando García sostuvo que se debe contemplar ‘la letra chica’ de los contratos que hay con el país asiático para conocer con qué recursos se garantizó la deuda y expresó que, al existir cláusulas, Bolivia está en la obligación de cumplir.

Señaló que en el mundo se percibe una bajada de las tasas de interés, pero eso no significa dejar de cumplir con la responsabilidad de pago y una manera para que Bolivia se haga cargo de la deuda sería a través de impuestos, en un caso hipotético.

En términos generales, desde el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla) proponen tres escenarios para el debate. El primero se centra en la suspensión del servicio de deuda externa pública en la presente gestión, medida que permitiría minimizar el ciclo de endeudamiento.

A esto se suma, en caso de que el Gobierno opte por un mayor endeudamiento, que todo nuevo préstamo debe gestionarse en condiciones concesionales, acompañado de procesos de transparencia y fiscalización.

Y la tercera figura sería la condonación de la deuda externa, opción que puede ser asumida en el mediano plazo, sobre las bases de un consenso social nacional y un diálogo con los organismos multilaterales y bilaterales; asimismo, el proceso no es una acción unilateral, el Gobierno debe abrir el diálogo con otros países en situación similar.

Además, el análisis del Cedla especifica que China es el principal acreedor bilateral de Bolivia y que el saldo de la deuda antes de la pandemia ascendía a $us 1.044 millones, solo por debajo de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y CAF-Banco de Desarrollo de América Latina.

Un fuerte socio comercial

La estrecha relación de Bolivia con China también recae en el tema comercial. Según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), al mes de julio de 2020, Bolivia exhibe un saldo comercial negativo de $us 734 millones con el país asiático. Los principales productos exportados al país asiático son minerales, madera y también entra en agenda el tema de la carne; en lo que va de año se exportaron cerca de $us 141 millones en productos y se importaron $us 875 millones de artículos chinos.

Wang Jialei, cónsul general de la República Popular China en Santa Cruz, señaló que, a pesar de la situación de Bolivia, afectada por la pandemia, hay interés por el impulso y promoción del potencial nacional para con el país asiático.

Actualmente, según Jialei, hay más de 60 empresas chinas operando en Bolivia y 20 de ellas tienen base en Santa Cruz en sectores como el siderúrigco, obras civiles, telecomunicaciones y redes, pero también se ve atractivo el sector productivo y eso se evidenció con las más de 6.000 toneladas de carne de res enviadas en los últimos 10 meses a China.

No obstante, hay empresas que están a la espera de pagos, especialmente quienes aguardan el desembolso de recursos por obras públicas, pero hasta ahora no se conoce que alguna de las compañías planee abandonar Bolivia. Sobre la situación de la pandemia el diplomático subrayó que se debe encontrar el consenso y entendimiento para llevar adelante los proyectos varados que generan empleo y son estratégicos para el desarrollo socioeconómico de Bolivia.

El mayor acreedor

El continente ha recibido por parte de China cerca de $us 150.000 millones entre 2005 y 2017, superando los préstamos del Banco Mundial, del BID y la CAF hechos en el mismo periodo, especialmente en Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia y Venezuela.

Y es evidente que la situación latinoamericana post Covid-19 será –cuando menos– delicada, con el FMI pronosticando para la región de América Latina y el Caribe una contracción del 9,4% de su PIB este año.

Durante la última década, los préstamos de China en la región alcanzaron su punto máximo en dos ocasiones, 2010 y 2015. “En retrospectiva, China comenzó a ser prestamista de América Latina desde 2005 y, de acuerdo con un estudio de la Cepal (2018), los bancos chinos han dirigido más de la mitad del monto total de sus préstamos hacia América Latina en infraestructura, casi un tercio a la extracción de hidrocarburos, distribución y generación de energía, y el resto a financiamiento del comercio, apoyo presupuestario y otros proyectos mixtos”, precisa Pamela Aróstica, doctora en Ciencias Políticas de la Freie Universität Berlin y directora de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios.

En el último pico de 2015 se observó que los créditos de China a los países de la región alcanzaron los $us 29.000 millones, casi dos veces más que los totales combinados de todos los bancos multilaterales de desarrollo.

Estas cifras son complementadas por la Academia de Ciencias Sociales de China, que sostiene que hacia fines de 2018, la inversión extranjera directa global de Beijing era de $us 1,98 billones. “Y de ese monto, $us 406.000 millones fueron para América Latina, con Brasil, México, Venezuela, Chile, Argentina, Perú y Jamaica como los principales receptores. No existe información oficial publicada sobre los préstamos”, aclara Yue Yunxia, académica de la institución.

Si bien es difícil comprender completamente la magnitud de la situación, se acepta como un hecho que existe tal deuda, ya sea como dinero que se traspasa a gobiernos, o en forma de proyectos que generan oportunidades a empresas chinas, o préstamos respaldados por petróleo.

“Y es un problema, porque (China) les prestó a estos países en un momento en el que probablemente no debió haberlo hecho”, explica Margaret Myers, directora del programa Asia y América Latina de la Fundación Diálogo Interamericano.

Para Eric Farnsworth, vicepresidente del Council of the Americas, si bien el camino chino hacia la supuesta supremacía global no pasa por América Latina, la región sí es parte de un programa mayor para torcer la gobernanza global hacia sus intereses.