Escucha esta nota aquí

Siguen las malas noticias para la economía boliviana. Sí, es la realidad de un país tensionado por la política electoral, y la crisis generada por la pandemia. Este miércoles Fitch Ratings bajó la calificación crediticia de Bolivia a B de B + y revisó la perspectiva de calificación de estable a negativa.  

Según la calificadora, la rebaja refleja un deterioro en las perspectivas de crecimiento y las finanzas públicas del país que vive aguda tensión política. En este contexto, la organización dijo que será complicado realizar cualquier ajuste, para contener los problemas macroeconómicos, después de las elecciones.


A esto se suma un factor clave: el agotamiento de las Reservas Internacionales Netas (RIN). Si bien, las divisas se estaban agotando años antes, la caída se fue atenuado en 2020.

Actualmente las RIN, según la calificadora, ofrecen una amplia cobertura de las necesidades e importaciones del servicio de la deuda externa a corto plazo, pero no son sólidas al existir un tipo de cambio fijo.

“El déficit fiscal ha aumentado considerablemente desde niveles ya elevados, el esfuerzo de un ajuste grande ya es necesario para estabilizar la deuda”, recomendó.

Fitch alerta que, más allá de los resultados de las elecciones de octubre, el futuro gobierno enfrentará una difícil situación: a la hora de conseguir el respaldo legislativo, para tomar medidas que ayuden a la recuperación económica pospandemia.

“El aumento de las tensiones políticas y sociales puede complicar cualquier esfuerzo de formulación de soluciones, como ya se ha visto un estancamiento en el acceso a créditos externos”, dijo Fitch.

Por otro lado, la calificadora prevé que la economía de Bolivia caiga un 7,5% este año — ya cayó un 8,0% en el primer semestre—, reflejando un duro golpe a la demanda interna y externa, como secuela del coronavirus y las estrictas medidas que se tomaron para frenar la enfermedad.

A esto se suma los bloqueos de carreteras de agosto y una fuerte agitación política que se vive en la actualidad. Para 2021 se espera una recuperación de 3,9%.

“Pero la perspectiva es muy incierta dada la falta de claridad en los planes de política pública”, concluye Fitch.

Por último, prevé un déficit fiscal de un 10,8% del PIB para este año. Sí, la realidad es muy dura y el futuro incierto.