Al 31 de mayo de 2026, la deuda externa pública de Bolivia alcanzó los $us 14.418,1 millones, registrando un incremento de $us 286,7 millones (2,0%) respecto a diciembre de 2025, según datos oficiales recopilados difundidos por el Banco Central de Bolivia. El reporte estadístico del BCB detalla la siguiente composición de los pasivos externos:
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Deuda multilateral: Concentra el 70,6% del total, equivalente a $us 10.173,6 millones. Los principales acreedores en este bloque son el BID con $us 4.394,8 millones (30,5%), la CAF con $us 3.330,4 millones (23,1%) y el Banco Mundial con $us 1.719,3 millones (11,9%).
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Títulos de deuda: Suman $us 2.286,9 millones (15,9%). Este componente subió desde los $us 1.850 millones tras la reciente emisión de bonos soberanos por $us 1.000 millones.
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Deuda bilateral: Registra $us 1.904,3 millones (13,2%) por créditos entre Estados. China se mantiene como el mayor acreedor bilateral con un saldo de $us 1.068,4 millones (7,4% del total general), seguida por Francia con $us 680,1 millones (4,7%) y Alemania con $us 93,5 millones (0,6%).
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Acreedores privados: Tienen una participación del 0,4%, con $us 53,3 millones.
El contraste internacional: Bolivia, en el fondo de la tabla regional
Este nivel de endeudamiento se publica en un contexto crítico de desaceleración. El Banco Mundial ratificó en su informe Global Economic Prospects que el Producto Interno Bruto (PIB) boliviano se contraerá un 3,2% este año, convirtiendo al país en la economía con peor desempeño de América Latina tras haber cerrado 2025 con otra caída del 1,6%.
Mientras vecinos como Paraguay crecerán un 4,4% y Guyana se expandirá un 16,3% impulsada por su desarrollo petrolero, Bolivia encabeza la recesión regional. Según el organismo internacional, la contracción de la actividad interna responde directamente a la escasez de divisas, el déficit fiscal crónico y el declive en la producción de hidrocarburos.
El análisis técnico: Sostenibilidad frente a iliquidez
La confluencia de ambos informes expone un serio problema de flujo de caja para el país. En su evaluación, el economista Fernando Romero apuntó que, si bien la estructura de la deuda boliviana es de largo plazo y manejable en términos de solvencia, la sostenibilidad financiera enfrenta crecientes desafíos debido a las limitaciones para captar dólares.
Romero explicó que el peso del servicio de la deuda se ha vuelto muy elevado. Entre enero y mayo de 2026, el Estado pagó más de $us 913 millones por amortizaciones y $us 273 millones por intereses y comisiones. El analista advirtió que las transferencias netas prácticamente se han equilibrado, alcanzando apenas los $us 5,8 millones. Esto significa que casi la totalidad de los $us 1.192 millones desembolsados en lo que va del año se destinaron a cubrir las obligaciones financieras ya existentes, neutralizando la capacidad del endeudamiento para expandir la inversión pública productiva y calificando el desempeño como estable con perspectiva negativa.
Tres medidas para la estabilidad financiera
Para revertir esta tendencia y asegurar que la deuda externa sea sostenible, los especialistas sugieren tres lineamientos de política económica:
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Consolidación fiscal gradual: Reducir el déficit fiscal mejorando la eficiencia del gasto público y disminuyendo la necesidad de contratar deuda para financiar gasto corriente. Una regla fiscal de mediano plazo aportaría certidumbre técnica.
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Generación de divisas: Fortalecer el perfil exportador impulsando sectores clave como hidrocarburos, minería, agroindustria, litio y turismo, además de flexibilizar trabas administrativas para atraer inversión privada y elevar las reservas internacionales.
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Optimización de la administración de pasivos: Privilegiar el financiamiento multilateral de bajo costo y limitar los bonos soberanos de alto interés de mercado. Cualquier nuevo programa financiero —incluyendo eventuales créditos internacionales por más de $us 5.000 millones— debe insertarse en un plan de estabilización macroeconómica.