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Los atisbos de una gradual reactivación económica en el país, se cocinan a fuego muy lento. ¿El motivo? La falta de liquidez para encarar proyectos de magnitud que impulsen al aparato productivo nacional.

Así, la escasez de dinero se vuelve en un número rojo, que de acuerdo con el empresariado y los analistas consultados condiciona el despegue económico de Bolivia.

En esa línea, el Centro Boliviano de Estudios Económicos (Cebec) de la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco) considera que el principal factor que hace más lenta la reactivación económica es la falta de recursos externos frescos que puedan impulsar las cadenas de pago y suministro de la actividad económica que permitan a las empresas contar con capital de operaciones para reactivar sus actividades.

El Cebec hace notar que si no hay una inyección a la economía nacional de al menos $us 6.000 millones, monto que según la institución significó el golpe de la pandemia en 2020, la actividad se recuperará lentamente, con una expansión en torno al 5% este año y por debajo del 4% para 2022.

Luis Fernando Barbery, presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), señala que, en el ámbito interno, el factor principal que condiciona el comportamiento de la economía, es la necesidad de inyección de recursos que dinamicen la demanda y la oferta.

Sin embargo, a su criterio hay otros aspectos determinantes como la estabilidad política, económica y social; la seguridad jurídica; la inversión; y el apoyo a la iniciativa privada a través de medidas que protejan la industria nacional que son un freno de mano para el despegue económico.

El economista Germán Molina, también hace foco en el tema del dinero y en la dificultad que tiene el país para acceder a créditos extranjeros y hace notar que los $us 3.000 millones autorizados por la Asamblea Legislativa y aprobados en el Presupuesto General del Estado (PGE) para la reactivación económica, a partir de los Bonos Soberanos, hasta el momento no se han concretado, un aspecto que de acuerdo con el experto pone un freno a una reactivación económica de mayor envergadura y más acelerada.

Molina ve que esta falta de recursos está relacionada al déficit fiscal (se tiene más gastos que ingresos) que el país arrastra desde 2014 y que habitualmente se buscó equilibrar la balanza recurriendo a las Reservas Internacionales Netas (RIN) o al endeudamiento externo.

Jean Pierre Antelo, presidente de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz (FEPS), dice que al problema de la falta de liquidez que apalanque con mayor solidez la reactivación nacional, suma la incertidumbre, en el ámbito local e internacional, como un factor que condiciona el despegue, la inversión y la recuperación.

Antelo estima que en el ámbito internacional hay dudas sobre la futura evolución de la pandemia, algo que provoca que los precios de los commodities -que el país exporta- tengan una gran volatilidad, mientras la logística del comercio internacional presenta dificultades que complican el movimiento de mercancías.

“En lo nacional, se suman las convulsiones sociales, el poco diálogo con los sectores productivos y empresariales, la aprobación de normas que desincentivan la inversión privada, extranjera y la formalización de los nuevos emprendimientos”, remarcó Antelo.

Lectura del Gobierno

El presidente del país, Luis Arce, destaca las políticas y medidas económicas que fueron aplicadas en el país desde noviembre de 2020, a partir del Modelo Económico Social Comunitario Productivo, permitieron alcanzar resultados importantes.

Explicó que uno de esos frutos es, por ejemplo, el índice de la tasa de desempleo en el país, que en julio de 2020 llegó al 11,6%, mientras que hasta agosto de 2021 disminuyó al 6,5%, gracias a las políticas económicas implementadas.

Agregó que otro indicador económico importante es el superávit comercial, que actualmente alcanza a $us 1.817 millones, superior al registrado al cierre de 2020, que fue de $us 341 millones.

“La política de sustitución de importaciones y diversificación de la economía nacional gradualmente empieza a darnos resultados y ese es un elemento positivo de la economía”, precisó Arce, a tiempo de remarcar que ese es el camino que se debe seguir en la reconstrucción de la economía.

Producto de estas medidas, en los primeros días de septiembre, Marcelo Montenegro, ministro de Economía y Finanzas Públicas, informó que la economía del país creció en 8,7% a junio de 2021, de acuerdo con los datos del Índice Global de Actividad Económica (IGAE). 

Montenegro detalló que este crecimiento de la actividad económica fue impulsado por la minería que creció en 52,4%; construcción 32,8%; transporte y almacenamiento 22,6%; hidrocarburos 14,8%; industria manufacturera 10,7%; electricidad, gas y agua 9,6%; comercio 9,1%, entre los más importantes. Sin embargo, las perspectivas de crecimiento de Bolivia para 2021 (5,5% según el Banco Mundial), todavía están por debajo de Perú(11,3%)Chile (10,6%) y Colombia (7,7%).

Proyecciones

Jaime Dunn, economista, sostuvo que 2021 cerrará con un crecimiento positivo ya que el IGAE al primer semestre señala una mejora de la economía en más de un 8%. El analista precisó que, mientras los buenos precios internacionales se mantengan el desempeño de las exportaciones será bueno y la construcción se seguirá destacando en el mercado interno.

Sin embargo, Dunn remarcó que para 2022 y 2023 las perspectivas de crecimiento del país -de acuerdo con los organismos internacionales- serán menores y se ubicarán en no más del 4% (Banco Mundial prevé un 3,5%).

Un porcentaje que puede ser menor si de acuerdo con Luis Fernando García, analista económico, no se mejora el clima de negocio, no se revierte la falta de incentivos para aumentar la producción, no se busca mejorar la competitividad de la producción nacional y no se enderezan las políticas económicas que; para García son desacertadas, al crear nuevos impuestos y promocionar leyes que generan inseguridad.

El otro inconveniente a superar es la falta de créditos internacionales, debido a la mala calificación de riesgo país que impiden o encarecen los préstamos.

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