El convoy avanzó hasta donde pudo. Los camiones cisterna cargados de gasolina y diésel llegaron a Oruro con la esperanza de atravesar el corredor humanitario hacia La Paz, pero el miedo terminó imponiéndose. Las advertencias sobre posibles ataques y el riesgo de una tragedia mayor obligaron a los conductores a detenerse y retroceder.
“Nos anticiparon que era muy peligrosa la situación”, contó a Radio Panamericana, Marcelo Pico, transportista que participó en el operativo suspendido en medio de los bloqueos instalados por sectores sociales que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Según relató el transportista, el temor principal era que una piedra, un petardo o cualquier objeto impactara contra los tanques cargados con combustible.
“Si le daba a un tanque o a algún seguro ya iba a ser peligroso para ellos, incluso atentar contra sus vidas y contra el camión”, explicó.
La escena se repite desde hace casi cuatro semanas. Decenas de cisternas permanecen inmovilizadas, algunas con carga completa, mientras el abastecimiento de combustible hacia La Paz continúa interrumpido. Pico asegura que en Oruro la actividad es normal y que los problemas comienzan a partir de Caracollo, donde se concentran los puntos de bloqueo.
“En Oruro todo está normal, pero ya para venir desde ahí hacia La Paz empiezan los conflictos”, relató.
El desgaste no solo es económico. El dirigente explicó que muchos conductores sobreviven gracias a bonos por viaje y hoy llevan semanas sin generar ingresos. A eso se suma la falta de medicamentos y las complicaciones de salud entre los choferes varados en carretera.
“Tenemos conductores que sufren diabetes, necesitan sus medicamentos y no están pudiendo acceder a ellos”, afirmó.
Mientras habla, Pico también describe la otra cara del conflicto: noches dentro de los camiones, escasez de agua y alimentos, y largas jornadas de incertidumbre. Algunos pobladores colaboran con comida o abrigo, pero la ayuda no alcanza para sostener a decenas de transportistas atrapados en rutas bloqueadas.
El temor aumenta porque las cisternas continúan cargadas con combustible altamente inflamable. “La gasolina es muy inestable en temperaturas extremas”, advirtió el transportista, al pedir a los sectores movilizados que permitan al menos una pausa humanitaria.
Su propuesta es concreta: un cuarto intermedio de 24 horas para dejar pasar a los vehículos retenidos y evitar mayores riesgos. “Que se toquen la mano al pecho”, pidió al dirigirse a los dirigentes de los bloqueos. “Entre hermanos mismos nos estamos perjudicando y atentando incluso contra nuestra salud”.
Desde el sector del transporte también surgen pedidos para que el Gobierno adopte medidas más drásticas. Pico señaló que varios actores plantean la declaratoria de un estado de excepción para permitir una intervención más contundente de la Policía y las Fuerzas Armadas en las rutas bloqueadas.
Sin embargo, mientras el conflicto político se intensifica y nuevas movilizaciones son anunciadas en La Paz, los choferes siguen detenidos al borde de la carretera, custodiando cisternas llenas y esperando una señal que les permita volver a avanzar.