Por Erika Segales y César Del Castillo
Durante siete semanas, La Paz vivió entre bloqueos, rutas interrumpidas y cadenas de abastecimiento fracturadas. En algunas industrias faltan insumos. En otras, la producción se redujo al mínimo. Y en varios directorios empresariales comienza a instalarse una pregunta incómoda: ¿vale la pena seguir invirtiendo en el departamento?.
La inquietud no surge únicamente por el conflicto actual. Detrás de las pérdidas provocadas por los bloqueos aparece una tendencia más profunda y menos visible. Entre 2020 y 2025, una de cada tres empresas que canceló su matrícula de comercio en Bolivia estaba registrada en La Paz. Fueron 9.142 bajas empresariales en seis años, la cifra más alta del país, según datos del Servicio Plurinacional de Registro de Comercio (Seprec).
Pero la historia no trata solamente de empresas que desaparecen. También habla de inversiones que buscan nuevos destinos. La paradoja paceña
La Paz sigue creando empresas. El problema es que también las pierde.
Los datos del Seprec muestran además que, después de una reducción observada en 2022, las cancelaciones retomaron una tendencia ascendente y cerraron 2025 en su nivel más alto de los últimos años.
El fenómeno tiene una característica adicional. No golpea principalmente a las grandes corporaciones. Según la información oficial, el 97,8% de las cancelaciones corresponde a microempresas. Son talleres, pequeños comercios, restaurantes, oficinas de servicios y emprendimientos familiares que constituyen la base misma del tejido empresarial.
Los sectores más afectados coinciden precisamente con las actividades que sostienen el movimiento cotidiano de la economía urbana. Comercio, servicios profesionales, construcción, manufactura, transporte y gastronomía aparecen entre las actividades con mayores cancelaciones.
Detrás de esas cifras surge una pregunta que preocupa tanto a empresarios como a economistas: ¿por qué La Paz sigue creando empresas, pero enfrenta crecientes dificultades para conservarlas?
La inversión mira al oriente
La respuesta no puede encontrarse únicamente en las estadísticas de cierres. También debe buscarse en la capacidad de otras regiones para atraer nuevas inversiones.
“Hay muchas industrias que ya están optando por irse al mercado de Santa Cruz o, más lejos todavía, quieren migrar a Paraguay o al Perú, donde encuentran mejores condiciones y seguridad jurídica”, advirtió a principios de junio el presidente de la Cámara Nacional de Industrias (CNI), Gonzalo Morales.
El dirigente no es el único que observa esa tendencia.
Un estudio elaborado para ONU-Habitat por el economista Roberto Laserna concluye que Santa Cruz consolidó durante las últimas décadas un círculo de crecimiento en el que el propio dinamismo económico atrae nuevas inversiones. El informe identifica un mercado de consumo más amplio, una estructura productiva más diversificada, una fuerte presencia manufacturera y un ambiente de negocios percibido como más favorable para la actividad privada.
La región metropolitana cruceña genera alrededor del 32% de la producción nacional, casi el doble de la región metropolitana paceña. A diferencia del modelo bipolar conformado por La Paz y El Alto, Santa Cruz concentra gran parte de su actividad económica en torno a una ciudad dominante que actúa como núcleo empresarial, financiero y logístico.
El estudio recoge además una percepción reiterada entre inversionistas y empresarios: Santa Cruz ofrece una cultura institucional más cercana a la actividad productiva. Los entrevistados destacan una mayor facilidad para hacer negocios, mejor conectividad, parques industriales plenamente operativos y una red empresarial consolidada alrededor de instituciones como Cainco.
No es casual que varias empresas nacionales e internacionales hayan decidido expandir operaciones en el departamento cruceño durante los últimos años. El propio informe señala que numerosas inversiones del interior del país terminaron trasladando parte de sus actividades hacia Santa Cruz atraídas por el tamaño del mercado y las oportunidades de crecimiento.
Por eso, la preocupación empresarial ya no se limita a cuántas compañías cierran. También abarca cuántas inversiones dejan de realizarse en La Paz y cuántas terminan instalándose en otras regiones.
Compite consigo misma
Los industriales paceños sostienen que las siete semanas de crisis pueden profundizar una tendencia.
“No hay uno solo de los sectores que en este momento estén pudiendo trabajar con normalidad. La mayor parte han tenido que parar porque ya no tienen materia prima para procesar, porque no pueden sacar sus productos terminados o porque los operarios no están pudiendo llegar a sus puestos de trabajo”, afirmó José Iriarte, presidente de la Cámara Departamental de Industrias de La Paz (Cadinpaz).
Sin embargo, el dirigente reconoce que los problemas trascienden los bloqueos. La escasez de dólares, la inseguridad jurídica, el contrabando, la caída del consumo y el incremento de costos forman parte de un escenario que, según el sector privado, viene deteriorando la competitividad empresarial desde hace varios años.
“Había un optimismo en poder hacer inversiones, pero creo que eso es lo que se ha frenado sobre todo. Las industrias que tenían líneas de producción que querían ampliar han decidido simplemente retrasar estas operaciones por un año o dos años hasta ver qué pasa”, explicó Iriarte.
La Paz sigue siendo uno de los mercados más importantes de Bolivia. Mantiene una importante concentración de empresas, servicios y actividad económica. Pero los datos del Seprec, las advertencias de los industriales y los estudios sobre localización de inversiones apuntan en una misma dirección.
El desafío ya no consiste únicamente en crear nuevas empresas. Es evitar que las existentes desaparezcan o encuentren mejores condiciones para crecer en otro lugar.
Y las cifras muestran que Santa Cruz se consolida como el referente empresaria por excelencia.