El Gobierno nacional aprobó nuevas exigencias técnicas para la importación y comercialización de combustibles en Bolivia, en un intento por evitar que se repita la crisis de la gasolina desestabilizada que en los últimos meses afectó a miles de vehículos y obligó a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) a desembolsar Bs 52,9 millones en compensaciones.
El nuevo Reglamento de Calidad de Carburantes, incorporado dentro del Decreto Supremo N° 5619, añade por primera vez el parámetro de “estabilidad a la oxidación (período de inducción)” para la gasolina especial importada, una especificación técnica que no estaba contemplada en la normativa anterior.
Según YPFB, esta modificación permitirá ejercer un mayor control sobre la calidad de los carburantes que ingresan al país y reducir el riesgo de formación de residuos que dañen motores e inyectores.
“La Comisión Técnica de YPFB detectó, en sus investigaciones exhaustivas, trazas de diolefinas en la gasolina importada. Por ello, sugerimos la incorporación de este parámetro, que permitirá un mayor control de calidad”, explicó Sebastián Daroca Oller, presidente ejecutivo de la estatal petrolera.
El origen de la crisis de la gasolina
La decisión surge después de uno de los episodios más delicados que enfrentó YPFB en materia de calidad de combustibles.
Durante los primeros meses de 2026, miles de conductores denunciaron daños mecánicos atribuidos a gasolina desestabilizada, incluyendo obstrucción de inyectores, pérdida de potencia, acumulación de residuos, fallas en válvulas y formación de carbonilla.
La crisis obligó a YPFB a crear el Sistema de Registro y Evaluación de Contingencias (SREC), mediante el cual la estatal compensó a más de 19.500 propietarios de vehículos de dos y cuatro ruedas con un desembolso que superó los Bs 52,9 millones.
Las investigaciones técnicas identificaron la presencia de diolefinas como uno de los factores asociados al deterioro del combustible importado.
¿Qué son las diolefinas y por qué preocupan?
Las diolefinas son compuestos químicos altamente inestables que se generan en procesos de cracking utilizados por algunas refinerías internacionales para producir combustibles.
Cuando estas sustancias se exponen al oxígeno, el tiempo y temperaturas elevadas, aceleran procesos de oxidación que derivan en la formación de “gomas” o residuos sólidos.
Estos residuos pueden obstruir inyectores, afectar válvulas y generar carbonilla dentro del motor, especialmente en vehículos sometidos a altas temperaturas o uso intensivo.
Especialistas señalan que la estabilidad a la oxidación es un parámetro ampliamente utilizado en mercados internacionales para medir la resistencia del combustible al deterioro químico durante almacenamiento y transporte.
La incorporación del “período de inducción” permitirá evaluar cuánto tiempo puede mantenerse estable una gasolina antes de comenzar a degradarse.
Nuevos límites y controles más estrictos
El nuevo reglamento también establece límites más estrictos para otros parámetros asociados a la calidad del combustible, entre ellos las gomas y el manganeso.
Las gomas son residuos derivados de procesos de oxidación que afectan el desempeño del motor, mientras que el manganeso es un aditivo metálico utilizado para elevar octanaje, pero que puede generar depósitos y daños mecánicos cuando se utiliza en niveles elevados.
YPFB sostiene que el nuevo marco regulatorio busca adecuar las especificaciones técnicas bolivianas a estándares internacionales y fortalecer los controles de calidad en toda la cadena de importación, almacenamiento y comercialización.
El Decreto Supremo 5619 también apunta a actualizar regulaciones que, según el Gobierno, habían quedado rezagadas frente a las nuevas condiciones del mercado hidrocarburífero y el creciente volumen de combustibles importados.
Bolivia y su creciente dependencia de combustibles importados
El endurecimiento de controles ocurre en un contexto donde Bolivia depende cada vez más de carburantes importados para abastecer el mercado interno.
Datos oficiales muestran que el país importa más del 80% del diésel y alrededor del 50% de la gasolina que consume debido a la caída de producción interna de hidrocarburos.
Esta dependencia incrementa los desafíos logísticos y técnicos para garantizar calidad en toda la cadena de suministro, especialmente considerando que parte del combustible proviene de diferentes mercados y refinerías internacionales.
Analistas consideran que la crisis de la gasolina desestabilizada expuso debilidades en los mecanismos de control técnico y seguimiento de calidad durante la importación y almacenamiento.
¿Será suficiente el nuevo reglamento?
Aunque el Gobierno y YPFB aseguran que las nuevas exigencias reducirán riesgos futuros, algunos especialistas consideran que el desafío no solo pasa por actualizar parámetros técnicos, sino también por reforzar infraestructura, laboratorios y sistemas de monitoreo continuo.
La crisis también abrió un debate sobre la necesidad de modernizar instalaciones de almacenamiento y mejorar controles en terminales y plantas de distribución.
Además, persisten dudas entre usuarios y sectores del transporte sobre la capacidad estatal para garantizar estabilidad y calidad en el suministro de combustibles a largo plazo.
Por ahora, YPFB sostiene que las nuevas medidas permitirán fortalecer la seguridad técnica del combustible que llega al mercado boliviano y evitar nuevos episodios de afectación masiva a vehículos.