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El Gobierno tiene previsto un Presupuesto General del Estado (PGE) de $us 33.584 millones para 2022, que será financiado en un 40% con nuevos créditos externos. Este monto representa el 90% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que refleja que el Estado centraliza todavía más la economía y deja poco margen al sector privado.

Revisando el presupuesto se evidencia que el agente económico Gobierno genera los bienes y servicios del PIB en más del 80% con empresas públicas, ministerios y entidades y solo un 20% para el sector privado, explica el economista Germán Molina. “Eso refleja que ya se vive la agenda del MAS, que estamos viviendo el socialismo, no es que va a llegar. Esto consolida para el 2022 una economía socialista a través del PGE, donde el gasto del agente económico Gobierno es superior al 80% del PIB”, indicó.

Para Antonio Saravia, director del Centro para el Estudio de la Economía y la Libertad de la Universidad Mercer, el PGE 2022 revela la declaración de intenciones del Gobierno nacional. “Aquí esencialmente tenemos un Gobierno que ha dicho: muchachos yo me encargo del país, yo soy el que lidera cómo se hace desarrollo en este país, el que decide cómo se gasta el 90% del PIB”, indica.

El Estado se ha “sentado” en el PIB boliviano, controla absolutamente todo, solo deja un 10% para el sector privado, coincide el economista Gonzalo Chávez. “El PGE tiene muchos gastos corrientes, viajes y sueldos que muestra la falta de serenidad y cautela que tiene el Gobierno en una época de crisis”, manifestó.

El presupuesto está sobredimensionado y obviamente no está equilibrado. Así lo asegura Jorge Akamine, presidente del Colegio Nacional de Economistas de Bolivia (Coneb). “Podés presupuestar, otra cosa es la ejecución. Para esta gestión se presupuestó una inversión pública de más de $us 4.000 millones, pero no se ha ejecutado ni el 30%”, cuestionó.

Mientras que el analista Alberto Bonadona considera que el hecho de que PGE 2022 alcance al 90% del PIB no es ninguna novedad, ya que en años anteriores ha llegado casi al total de lo que es el PIB nominal. “Es una cifra que está dentro del promedio del pasado, no solo del gobierno del MAS”, dijo.

Pero al comparar con otros países se notan las diferencias. Por ejemplo, en los países nórdicos, que mantienen un gobierno relativamente grande, el presupuesto no supera el 50% del PIB.

En tanto, en EEUU el presupuesto representa el 30% de su PIB, y en Chile representa el 32% de su PIB. En Paraguay, un país con el que Bolivia comparte el último puesto en niveles de desarrollo en Sudamérica, representa el 37% de su PIB.

Además, esta figura del PGE del próximo año tiene su talón de Aquiles y es que los recursos económicos que generan los impuestos no son suficientes para toda la inversión pública, apenas para pagar la burocracia de 500.000 empleados. Tampoco los recursos que generan las empresas estatales, alcanzan para financiar la inversión pública, proyectada en $us 5.000 millones, afirma Molina.

A decir del viceministro de Presupuesto y Contabilidad Fiscal, Zenón Mamani, con respecto a la afirmación de que el PGE 2022 es centralista, la autoridad indicó que los analistas que sostienen esa postura solo hacen un análisis superficial. “Ellos dicen que el PGE representa el 90% del PIB. No sé de dónde sacan este porcentaje. Si nosotros dividimos el PGE consolidado de los Bs 235.090 millones en relación al PIB, sacamos un 78%”, explicó Mamani.

En relación a las comparaciones del PGE con el de otros países, la autoridad señaló que ellos no contemplan el tema de las empresas públicas, el presupuesto de los municipios, las gobernaciones, cajas de salud, y universidades, y por eso tiene un presupuesto menor.

Mamani destacó el monto de inversión pública para 2022 por $us 5.015 millones, un 25% más de lo previsto para este año. “A medida que el Estado invierte vamos creciendo. Si invertimos en infraestructura y obras generamos un efecto multiplicador”, señaló.

¿Cómo se financiará el PGE 2022? El documento establece la emisión de bonos soberanos, crédito externo, pero este año el Gobierno no pudo conseguir los $us 4.000 millones del presupuesto 2021. Sin embargo, Molina recuerda que las calificadoras de riesgo disminuyeron la capacidad crediticia para Bolivia, lo que hace que los inversores internacionales no tengan incentivos para comprar bonos soberanos.

Más todavía, repara en la declaración del presidente Luis Arce en Naciones Unidas que pidió la condonación del pago de la deuda, en momentos de déficit fiscal alto.

¿Cuál será la salida?

Si el Gobierno no tiene los suficientes recursos para llevar adelante un PGE de carácter socialista, el economista Germán Molina, cree que presionará para aumentar la recaudación de impuestos sin brindar facilidades al sector privado, por lo que ve una situación complicada.

Saravia también coincide en que la situación es muy preocupante porque deja al margen la iniciativa privada. Y es que, cuando un Gobierno gasta tanto, señala el experto, va a cobrar más impuestos, va a poner muchas regulaciones y, por lo tanto, la iniciativa privada, la producción, el desarrollo del individuo quedan al margen.

 “Desde el 2014 el Gobierno no ha podido sostener su enorme gasto y, por lo tanto, ha venido acumulando déficits. Venimos de ocho años de déficits fiscales consecutivos a un promedio del 7,8% y el 2022 no será la excepción. El PGE 2022 prevé un déficit del 8% que seguirá aumentando la deuda”, indicó.

Sobre el déficit fiscal, el viceministro Mamani sostuvo que gracias a la política de austeridad y racionalidad del gasto público, el déficit fiscal disminuyó del -12,2% en 2020 al -9,7% está gestión. Y para el 2022 se tiene previsto bajar aún más; hasta llegar al -8%.

Sin embargo, el 40% de los recursos que gastará el Gobierno el próximo año proviene de financiamiento interno o externo. Esto significa créditos de organismos multilaterales, préstamos del Banco Central de Bolivia (BCB), venta de bonos a las AFP y dinero no usado de la gestión pasada. En suma, el Gobierno piensa gastar un 40% más de lo que generará como ingresos en 2022. El segundo componente del financiamiento es ingresos de operación (23%) y el tercero es impuestos que paga el ciudadano y las empresas como el IVA, IT, entre otros (18%). Las rentas petroleras (IDH e IEHD) representan solo el 3% de los ingresos.

“Hipotecando” el futuro

Con lo que el Gobierno se va a prestar en 2022 para cubrir todo este gasto, según Saravia, la deuda externa acumulada bordeará el 40% del PIB.

“Cuando se llega a ese porcentaje, los organismos internacionales te ven con ojos chuecos y te dicen ya ni un peso más, porque llegaste a un límite de deuda que es muy difícil de pagar”, manifestó y agregó que si a esto se le suma la deuda interna, entonces estará por encima del 50% del PIB.

“Nos va a costar muchísimo en el futuro. Lo que estamos haciendo con estos presupuestos es hipotecar el futuro de las nuevas generaciones. Nos va a tomar muchos años pagar esto, mucho sacrificio en términos de más impuestos en el futuro. El gran peligro es incrementar los impuestos que ya se paga un montón, y genera más emisión monetaria inorgánica que genera inflación”, dijo Saravia.

Para Bonadona no resulta raro que una economía tan golpeada como la boliviana financie sus gastos con crédito interno o externo. Lo que sí cuestiona el experto, es el buen uso de esos recursos.

“Los créditos deberán estar destinados a empresas y actividades que impulsen la producción, el empleo y el aumento del ingreso y el consumo de las personas de manera tal, que permita generar los propios recursos para pagar las deudas”, afirmó.

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