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La fuerza antidroga de Perú detectó al menos cuatro rutas por donde los alijos de pasta base de cocaína transitan a Bolivia. La droga, que también llega gracias a un puente aéreo, es purificada en el país antes de ser transportada hasta la frontera con Brasil o Paraguay. Desde allí es enviada a mercados clandestinos en ultramar, situados en África y Europa.

Además, este tráfico ilegal incluye operaciones de resguardo y control que están a cargo de agentes del grupo irregular peruano Sendero Luminoso, así como enviados del Comando Vermelho y el Primer Comando de la Capital (PCC), dos carteles brasileños que además de traficar drogas desarrollan actividades ilícitas en otros países de la región.

“Las organizaciones criminales utilizan diferentes medios de transporte terrestre, mediante vehículos públicos de pasajeros y carga o particulares, acondicionando autos o camionetas para ocultar la droga. También utilizan cargadores -mochileros y ‘cargachos’- con la seguridad de sicarios o remanentes terroristas, a fin de evitar asaltos y enfrentar a las fuerzas del orden”, señala el informeTdencias de las redes criminales de tráfico ilícito de drogas de Perú - 2020’, publicado este año por la Dirección Antidrogas (Dirandro) de la nación vecina al que tuvo acceso EL DEBER.

El Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), en el centro de Perú, es donde se produce el 60% de la coca y una gran parte de la pasta base de cocaína que se trafica a Brasil y Bolivia, señala ese informe. Respecto al transporte terrestre, el documento precisa que la droga es cargada por mochileros que forman grupos de 20 u 80 personas. Cada uno lleva entre 8 y 13 kilos de la sustancia controlada en sus espaldas hasta la frontera. 

Poblados cercanos al lago Titicaca, como Copacabana y Desaguadero, además de la Feria internacional Muñani, cerca de Puerto Acosta, son los pasos fronterizos en el área andina. Los otros pasos ilegales están en el Madidi y Puerto Heath, además del poblado peruano de Iñapari que tiene frontera fluvial con Brasil (Acre) y el departamento de Pando.

Bolivia y Perú comparten 1.047 kilómetros de una frontera que va desde los 4.100 metros sobre el nivel del mar, en la parte andina; hasta los 100 metros de ese mismo relieve, en la zona amazónica. En caso del país, el área comprende el norte de La Paz y el occidente de Pando que colindan con los departamentos peruanos de Puno y Madre de Dios, respectivamente.

El Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (Cedro) de Perú, una organización que ha desarrollado varios informes sobre la realidad de los “mochileros”, jóvenes campesinos menores de 35 años afectados por la extrema pobreza, señala que Sendero Luminoso presta seguridad en estas operaciones a cambio de $us 5 por cada kilo de droga que es transportada.

En Bolivia, el Gobierno negó la presencia en el país de personas vinculadas con Sendero Luminoso o de cárteles internacionales. El viceministro de Defensa Social, Jaime Mamani, precisó que Bolivia “es una nación tránsito” y que, en ese marco, las operaciones antidroga se desarrollan sin descuidar el intercambio de información con países vecinos. “No tenemos cárteles en Bolivia”, insistió la autoridad. Citó un operativo desarrollado el mes pasado que permitió desbaratar una organización que transportaba pasta base desde Perú al oriente.

Desde la comunidad de Sisasani, ubicada a orillas del lago Titicaca, la droga era ingresada para luego ser trasladaba hasta un centro de acopio en Santa Cruz. La operación estaba camuflada con una empresa de transporte internacional y era desarrollada por el clan “Quintana Zamora”, recordó.

Mamani explicó que la fuerza antidroga de Bolivia está ejecutando varias estrategias de control como “el de las trancas móviles” en las zonas próximas a las fronteras, pero se disculpó hacer mayores comentarios sobre esa estrategia de interdicción.

“Bolivia se ha constituido en un país de tránsito y, evidentemente, lo que ha ocurrido este año es que existe un rebalse de drogas comercializadas y producidas fuera de nuestras fronteras, que utilizan a nuestro país como un puente”, puntualizó el comandante de la Policía, Jhonny Aguilera.

“Hemos desarticulado una organización criminal mexicano-peruana del cártel de Sinaloa. Les decomisamos 900 toneladas. También detuvimos a una organización peruano-boliviana. Detuvimos a sus cabecillas”, explicó el jefe de Dirección Antidrogas de Perú, el general Raúl del Castillo, según un reporte periodístico publicado en medios de su país.

Puente aéreo

“Las redes criminales que operan en Brasil, como el Comando Vermelho y Primer Comando de la Capital (PCC) han intensificado sus actividades y eso se evidencia en el incremento de comisos de cocaína y la presencia del puente aéreo. Han desplazado a sus integrantes hacia Ucayali y Madre de Dios (ubicados en la amazonia) principalmente, con la finalidad de controlar la cadena de fabricación de drogas cocaínicas y diversificar su participación regional en el tránsito de las drogas en países como Paraguay y Bolivia”, señala el más reciente reporte de la fuerza antidroga de Perú.

Además, las redes criminales dedicadas al puente aéreo entre Perú y Bolivia mejoraron su capacidad de contrarrestar las acciones de la Policía peruana. “En una primera fase -2011- 2015- las pistas clandestinas se habilitaban en zonas agrestes y montañosas lo que permitía a los agentes de la Dirección Antidrogas, en muchas de sus operaciones, decomisar cargas de drogas (hasta 350 kilos por vuelo)”. Pero en una segunda etapa, entre 2016 y 2020, “se habilitaron pistas muy próximas o colindantes a los ríos con el objetivo de sincronizar la llegada de la aeronave y la carga de drogas”. La estrategia complicó las operaciones de la fuerza antidroga por las dificultades de acceder a esas zonas.

Un oficial de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) explicó a EL DEBER que varias operaciones antidroga se realizan en zonas cada vez más agrestes, próximas a los ríos y reservas naturales, donde se han instalado laboratorios para cristalizar la paste base que llega de Perú.

En mayo, el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, informó que la Felcn halló un “megalaboratorio” que era capaz de cristalizar hasta 200 kilos de cocaína al día, donde trabajaban unas 20 personas. Ese hallazgo tuvo lugar en la comunidad beniana Santa Teresita, ubicada al noroeste del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), una de las reservas naturales con mayor biodiversidad del continente.

El informe antidroga de Perú señala que la producción de pasta base en el Vraem se ha incrementado “para ser exportada para su posterior procesamiento en los laboratorios de Bolivia, Paraguay, Brasil y Europa”. Respecto a las rutas empleadas por el narcotráfico, la Oficina de Nacionales contra la Droga y el Delito (Unodc) reveló, en su informe global de 2021, que se hallaron factorías de purificación de cocaína en países alejados de las naciones andinas tradicionalmente productoras como Bolivia, Colombia y Perú.

Pero, uno de los destinos, considerados clave en la narco operación que se inicia en Perú es Brasil. El reporte peruano señala que se intervinieron pistas clandestinas en la zona amazónica.

En el caso de Bolivia, el destino de la droga que transita por territorio nacional, es también Brasil, una tendencia que no ha cambiado en los últimos cinco años.

El Ministerio de Gobierno informó que prevé poner en marcha, durante el segundo semestre de este año, un sistema de 13 radares que estarán a cargo de la Fuerza Aérea. El proyecto será empleado en la detección de narcovuelos.

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