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La minería ilegal ya daña las valiosas reservas de agua cruda. Los usuarios miran con desconfianza el agua que sale de los grifos. Los técnicos aseguran que el agua está potabilizada y que no es dañina para la salud. Pero ¿hasta cuándo será así? El agua es el otro reloj que va en contra de la Villa Imperial.

El silencio y la inmensidad de las lagunas del sistema Kari Kari, principal reservorio para dotar de agua potable a unos 110.000 potosinos de la zona alta de la ciudad, es interrumpido por la maquinaria de la mina Colquechaquita o por los camiones cisternas que esporádicamente aparecen para succionar el agua y escapar raudamente.

Este sistema, a una media hora de la ciudad y ubicado a las espaldas del Cerro Rico, tiene un pasado colonial, pues algunas de sus lagunas fueron creadas para complementar la actividad minera, siempre hambrienta del líquido elemento, de la época.

Cerca de los 5.000 metros sobre el nivel del mar llegar a la cuenca Chaluma no resulta fácil. Sin embargo, el azul intenso del cielo, las imponentes montañas salpicadas por bocaminas abandonadas y uno que otro grupo de llamas que se cruzan por el camino son un incentivo.

La primera parada es a las faldas de la mina Colquechaquita. En la zona, separada por unos cuantos metros se encuentran las lagunas Jachuy Chaluma y Jatun Chaluma.

Para llegar a sus orillas se debe tener muy buen equilibrio, sortear las enormes rocas y saber administrar bien el oxígeno, en especial si se viene de tierras bajas. Jachuy Chaluma refleja el azul del cielo, tiene una profundidad de unos cuatro metros y en su construcción se ven vestigios de la arquitectura colonial. Su agua es fría, cristalina, acogedora y aún libre de los químicos venenosos que desprende la actividad minera.

La suerte no es igual para la laguna Jatun Chaluma. ¿Su desgracia? Estar justo debajo de la mina Colquechaquita. Más grande que la primera laguna, sus aguas son amarillas, las llamas que están en el lugar la olfatean y optan por no beberla.

No es para menos, pues desde arriba dos mangueras negras botan las aguas ácidas que salen de las entrañas de Colquechaquita para envenenar la laguna y dejar a su paso una vegetación herida y un olor a muerte.

La segunda parada nos lleva a la laguna Chalviri, construida entre 1573 y 1575, la misma es constantemente monitoreada para conocer la calidad de sus aguas. Con una capacidad de reserva de 2,7 millones de metros cúbicos, es considerada una de las lagunas más importantes del sistema Kari Kari.

En el camino se pueden encontrar camiones cisternas “robando” las aguas contaminadas que luego serán comercializadas a los diferentes ingenios del lugar.

Cuando se les consulta quién les autorizó sacar el líquido, los choferes callan o solo indican que tienen permiso de la comunidad, para luego partir a toda velocidad.

Otra de las paradas, cada vez más arriba, es para observar las lagunas de la cuenca San Sebastián. Durante la subida, por los angostos caminos, se debe parar para levantar filas de rocas, muy pesadas, que hacen de paredes que dificultan el tránsito. Su ubicación no es casual, sino que fueron puestas por aquellas personas que, de manera ilegal, extraen los minerales. Su objetivo es demorar a los inspectores, así ellos tienen tiempo para escapar.

La situación

En la actualidad la sed de los potosinos es calmada por dos sistemas. El sistema San Juan, que tiene un caudal de 150 litros por segundo, y el sistema Kari Kari, con una potencia de 200 litros por segundo, que comprende 32 lagunas, de las cuales la Administración Autónoma Para Obras Sanitarias (Aapos-Potosí) tiene a su cargo 27 lagunas que almacenan aproximadamente 8,4 millones de metros cúbicos de agua dulce y cruda. De las cuales se aprovechan unos 5,5 millones de metros cúbicos para distribuir agua potable a una parte de la ciudad de Potosí.

Carlos Chumacero, gerente de Aapos- Potosí, considera que estas lagunas han sido, son y tendrían que ser la fuente generadora de agua cruda para las futuras generaciones; si bien reconoce que la capital potosina es un pueblo minero, a su criterio eso no da luz verde para que no respeten las leyes vigentes.

A la norma que se refiere es la Ley 147/2017 del Gobierno Municipal que declara a estas lagunas como área protegida. Eso significa que en la zona no se debe realizar ninguna actividad minera. Eso no se cumple.

En este contexto, y potenciado por los excelentes precios internacionales de la plata, zinc, estaño y plomo, la actividad minera ilegal ya dañó la cuenca Chaquilla y sus aguas, con un caudal de 70 litros por segundo; es irrecuperable. Ya no sirve para agua potable. Por ello, se estudia utilizar el recurso hídrico como insumo industrial para los ingenios asentados en la zona.

La cuenca Chaluma también se encuentra con severos daños. La misma está compuesta por las lagunas Turima, Juchuy Chaluma y Jatun Chaluma, esta última está contaminada debido a las aguas ácidas que salen de la mina Colquechaquita. Sus aguas, Aapos las vende a la empresa minera Manquiri a unos Bs 8 el metro cúbico. Un precio irrisorio.

En riesgo de seguir la misma suerte se encuentra la laguna Jachuy Chaluma, al igual que la laguna Chalviri, que es considerada un importante centro productor de agua cruda con una potencia de 100 litros por segundo; su debilidad es estar cerca de las minas pasivas, que de forma clandestina son habilitadas.

Chumacero detalló que en reiterados operativos pudo decomisar varios sacos con minerales y diferentes implementos mineros y que en cinco oportunidades hizo la respectiva denuncia ante el Ministerio Público. En cuatro de ellas no hicieron caso de las ilegalidades sucedidas, en la última lo escucharon.

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