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El mundo de las criptomonedas funciona según sus propias leyes. Y una ley básica es: a mayor precio, mayor consumo de energía. Y, por tanto, también mayores emisiones de CO2, especialmente de las "minas”, que son enormes granjas de ordenadores donde se minan los bitcoins. Las emisiones son ya tan elevadas que resultan comparables con las emisiones anuales de países enteros: las transacciones de bitcoin requieren actualmente 140 teravatios hora de electricidad al año, según estima el Centro de Finanzas Alternativas de Cambridge. Esto es mucho más que el consumo de electricidad de los Países Bajos.

Los investigadores del Centro Blockchain de la Escuela de Fráncfort, dirigidos por Philipp Sandner, llegan a resultados algo diferentes. Bitcoin consume actualmente 91 teravatios hora de electricidad al año, lo que corresponde a un equivalente de CO2 de 38 millones de toneladas. "En mi opinión, el consumo de electricidad debería evaluarse primero de forma neutral", dice Philipp Sandner. El factor decisivo es si la electricidad utilizada para crear nuevos bitcoins procede de combustibles fósiles o de energías renovables. Según los cálculos del equipo de Sandner, alrededor del 50% de la energía utilizada en las transacciones de Bitcoin es "marrón" y el otro 50% es "verde".

Sin regulación mundial

Con los cálculos de su modelo, Sandner y su equipo quieren aportar algo de transparencia a la opaca red para ayudarle a los inversores a tomar una decisión. El equipo de Philipp Sandner ha calculado que se producen 370 kg de equivalentes de CO2 por cada transacción de bitcoin. Basándose en ello, los inversores podrían ahora compensar esto cuando inviertan en bitcoin o realicen transacciones en la criptomoneda. "En la actualidad, no existe una normativa mundial al respecto. Y no queremos esperar", dice Dominik Poiger, de la compañía de fondos Iconic Funds, especializada en criptomonedas. "Queremos tratar con transparencia esta huella de carbono y compensar nuestra huella de carbono a largo plazo".

Según este cálculo, un fondo de bitcoin cotizado en bolsa lanzado por Iconic tiene una huella de carbono de unas 37 toneladas de dióxido de carbono. Esto se compensará comprando certificados para un proyecto en la cuenca del Amazonas, donde se salvarán los bosques tropicales de la deforestación, se promoverá la biodiversidad y se pondrán en marcha proyectos sociales para la población local.

China ha trasladado el alto consumo de energía a otros países

Es obvio que estas compensaciones serán necesarias en vista de la crisis climática y del presumible aumento del consumo de energía de bitcoin en el futuro. Por un lado, los innumerables ordenadores de la red bitcoin consumen electricidad. Además, los participantes también pueden "minar” bitcoins. Para ello, tienen que resolver un rompecabezas que se complica entre más ordenadores participan. Varios usuarios y empresas de bitcoin se han especializado en esta minería. Tienen granjas enteras de servidores esperando a ser los primeros en resolver los rompecabezas y recoger bitcoins. Para ello, a veces se desplazan por todo el mundo buscando las condiciones más favorables y la electricidad más barata.

Pekín, por ejemplo, tomó medidas contra los mineros y finalmente prohibió la minería en China. "Las instalaciones de minería se cerraron, se empaquetaron y se enviaron a otros países", cuenta Sandner, que muestra en un gráfico cómo las minas chinas "se reconstruyen en otros países con la misma capacidad informática que tenían en China”.

La curva ha superado con creces el mínimo del verano y las transacciones han vuelto casi a los niveles anteriores a la intervención china. Por lo tanto, es probable que en el futuro se plantee la cuestión de si la compensación de los inversionistas puede ser suficiente para equiparar el consumo de energía del bitcoin.

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