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Las ciudades de América Latina y el Caribe consumen el doble de los recursos que garanticen la sostenibilidad y ese exceso va camino de cuadruplicarse, degenerando ecosistemas vitales, advirtió un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) divulgado este lunes 13.

Jacqueline Álvarez, directora regional del Pnuma, dijo que “muchos de los habitantes de América Latina y el Caribe sufren hoy los efectos del uso insostenible de recursos: degradación ambiental, falta de acceso a los servicios y, como resultado, un futuro sombrío”.

Ya en 2015, el año más reciente con mayor volumen de datos regionales, las ciudades latinoamericanas y caribeñas consumían anualmente entre 12,5 y 14,4 toneladas per cápita de recursos.

Las cifras más altas llegan del Cono Sur (19,2 TM por habitante), con Brasil que consume 38,1% del total regional; Mesoamérica, con 10,4 TM (México consume 21,5% del inventario), el área andina, con 10,2 TM, y el Caribe con 7,4 TM per cápita.

Se proyecta que en el año 2050, con una población regional de 680 millones de personas, el consumo de material doméstico urbano podría aumentar hasta las 25 toneladas per cápita, muy por encima del rango entre seis y ocho toneladas per cápita que se considera sostenible.

De acuerdo con el informe, en los últimos 40 años el espacio construido de la región creció 99%, casi a la par que el aumento de la población urbana en ese período (95%). Debido a la incapacidad de la mayoría de las ciudades para absorber el crecimiento, se exacerbaron la inequidad social y la injusticia ambiental.

Según el Panel Internacional de Recursos (IRP en inglés), que hizo el estudio junto al Pnuma, las urbes en el mundo generan hasta tres cuartas partes de las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento planetario.

El estudio llama a frenar la expansión horizontal de las ciudades, aumentando la densidad de población, y creando centros urbanos conectados por un transporte público eficiente y asequible.

Además, la región requiere edificaciones más sostenibles, impulsar la circularidad, aprovechar los residuos orgánicos, y una gestión hídrica que incluya el tratamiento y la reutilización de aguas.

Cerrar la brecha de desigualdad implicará resolver la precariedad que enfrentan las poblaciones más vulnerables, por ejemplo, la lejanía de los servicios urbanos, la infraestructura deficiente, las condiciones de violencia y la contaminación.

Chile, México y Brasil son los países más desiguales de la región, según el estudio.

Si se implementan las medidas adecuadas, las ciudades de la región podrían reducir su consumo material anual a entre seis y siete toneladas per cápita para 2050, la eficiencia podría disminuir la demanda de materiales vírgenes entre 15 y 25%, y reducir las emisiones de gases del sector industrial hasta en 30%.

Entre las recomendaciones está implementar medidas de zonificación y grados de densificación adecuados: aproximadamente 150 personas por hectárea en los centros urbanos, y entre 75 y 100 personas por hectárea en zonas adyacentes.

También, conformar barrios a escala humana, e incluyentes, integrando población con diversos niveles socioeconómicos, orígenes demográficos, estilos de vida o prácticas culturales, y con usos mixtos del suelo, accesibles y bien conectados sobre la base de sistemas integrados y eficientes de transporte público masivo.

Entre los ejemplos que destacó el reporte están las mejoras al transporte público de Fortaleza (Brasil), que incluyeron un mayor espacio para bicicletas y peatones, la “cosecha” de agua de lluvia en la Ciudad de México, y el proyecto de calefacción distrital de Temuco (Chile).

“Planificar una transformación sostenible es crucial si aspiramos vivir en una región más limpia, en armonía con la naturaleza y sin dejar a nadie atrás. Ahora que urge una recuperación sostenible de la covid-19, este informe alumbra el camino en la dirección correcta”, concluyó Álvarez.

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