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El arte de vivir

Sabado, 18 de julio de 2026 a las 05:00

No podemos huir de la realidad, ni escondernos bajo tierra. Lo que hay que hacer es controlar la realidad, ser parte de ella, asumirla, vivirla y superarla. Estamos bombardeados por los extremos opuestos, de la ira y la indiferencia, del amor absorbente y de la frialdad extrema, de la exagerada generosidad y la mezquindad, de la severidad y la indulgencia. De los odios y los amores. De las intolerancias y las falsedades.

Pero en esta dialéctica hay que ir construyendo nuestro arte de vivir, que nos anima a superarnos, resistir y seguir adelante. En ello el filosofar cumple un rol importante. “La filosofía debe ser un poder vivo, y debe tener como meta y como efecto, la mejora del hombre”, indica Víctor Hugo en Los miserables.

El arte de vivir es la respuesta, aquella gran respuesta, que ahora necesitamos frente a tanta, pero tanta crisis que todos vivimos: crisis de la existencia, económica, emocional, de salud, familiar, crisis, al fin y al cabo. ¿La vida necesita de un arte para sobrellevarla, para existirla, para proyectarla? ¿Acaso no basta con vivir y se alcanza el cielo o el infierno? ¿Vale la pena la vida en medio de las enfermedades, las pestes, las angustias, la náusea, la oscuridad?

Claro, contundente, preciso y fuerte que se haga escuchar el sí en todos los rincones de este país. Esta es la solución, el arte de vivir de manera filosófica, de la mano de los pensadores griegos, de la Edad Media, de la modernidad y los contemporáneos. Ellos, cuyas lecturas y escrituras nos legaron enormes depósitos de esperanzas, sueños, fe, proyectos, amares, encuentros, lucha, una permanente búsqueda de la felicidad.

No otra cosa significa Ulises, el héroe griego testarudo que no le importó obstáculo alguno, —enfermo, debilitado, sano, moribundo— llegó a superar a todos con el solo objetivo de regresar a su amada Penélope y a su hermosa tierra. ¿Cuántos Ulises existen hoy en día? Pues, bien, convirtámonos en Ulises para romper con cada una de las barreras que tenemos por delante, tanto las propias como las externas. Por eso escribió Homero: “Infundió fuerza a su coraje”; “despertó su ardor y coraje”; “un fuerte ardor hinchaba sus narices”; “hervía su sangre”. Con arengas como estas no hay dolores de cabeza, ni de estómago, ni de los huesos para repetir la hazaña del griego Ulises.

Es tiempo de filosofía, de pensarnos, de leernos por dentro. De mirarnos a fondo y con sinceridad. No hay por qué tener miedo. Es buena la lectura del alma. No cerrar las páginas de su propio libro.

Viva, elija, grite y posesiónese de su vida. No deje que se la arrebaten. Todo está en usted, claro que sí. Su presencia en el mundo es mucho más fundamental que en el Paraíso o en el Infierno, de esto tiene que estar totalmente seguro. Acá en la Tierra tendrá que liberar las batallas más decisivas, más fuertes y más dignas a lo largo de su corta existencia. Si muere es polvo y solo le quedará observarnos a todos desde algún lugar no visible, no palpable y abstracto.

Así que aguante hasta donde pueda seguir respirando, transpirando y palpando el corazón de sus hijos y el suyo propio en señal de que está presente ese instante y esas ganas de no morir, de vivir otro instante eterno. El que sigue y otros más, muchísimos otros. “La vida, a priori, no tiene sentido. Antes de que ustedes vivan, la vida no es nada; les corresponde a ustedes darle un sentido, y el valor no es otra cosa que este sentido que ustedes eligen”, expuso Sartre en una conferencia sobre el existencialismo.

Si le llega algún accidente laboral o de tránsito, podrá tener limitaciones físicas, como una pierna rota, un brazo mutilado, una herida en el cuerpo, se vuelve tuerto, mudo o ciego, pero todavía su corazón respira, su cerebro piensa, sus sentidos reaccionan, sus sentimientos palpitan y sus dedos se mueven y alza uno de ellos, dice: Está bien, y la vida continúa, estalla. Así como dicen los del circo: El show debe continuar. Nada nos debe atar ni atajar para conquistarnos, para dominarnos nosotros mismos.

Michel de Montaigne definía la vida como “la más brillante pieza maestra del hombre”. Hay salidas, túneles, escapes, vías, opciones, galerías, corredores o lo que usted quiera nominar al hecho y a la decisión de no dejarse vencer por las enfermedades, las locuras, los problemas diarios, los conflictos familiares y amorosos, las deudas impagables, los odios fraternales, el suicidio. Atrévase a vivir mejor y más cada día, cada minuto, cada milésima de segundo.

Si no lo ve así, le cuento el caso del revolucionario ruso Nikolai Ostrovoski, quien se quedó medio paralítico y con graves enfermedades en su frágil cuerpo, quien nunca se vio derrotado, ni bajó los brazos. Convirtió sus limitaciones en retos para afrontar la vida, quien nos dejó un hermoso libro: Así se templó el acero, de enorme repercusión mundial y acá te dejo con esta reflexión: «Lo más preciado que posee el hombre es la vida. Se le otorga una sola vez, y hay que vivirla de forma que no se sienta un dolor torturante por los años pasados en vano, para que no queme la vergüenza por el ayer vil y mezquino».

Convirtió sus enfermedades y los golpes que sufrió en un testimonio de saber vivir la vida.

(*) Hernán Cabrera M. es periodista

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