El país entra en feriado, pero no en pausa. Mientras miles de familias hacen maletas y buscan una salida —literal— de la rutina, otra Bolivia se mueve en paralelo: la de las marchas, los controles policiales y la tensión social que no descansa ni en fechas conmemorativas. El 1 de mayo vuelve a exponer una contradicción conocida: se celebra el trabajo en un país donde trabajar no siempre garantiza estabilidad ni futuro.
El despliegue de seguridad no es casual. Miles de policías en carreteras, terminales y puntos turísticos no solo buscan prevenir accidentes, sino contener un escenario donde el flujo masivo de personas convive con movilizaciones y reclamos. El feriado, lejos de ser un paréntesis, funciona como un espejo: refleja un país que se mueve, pero no logra ordenar sus prioridades ni encarar sus problemas de fondo.
Mientras miles de bolivianos intentan generar ingresos trabajando en feriado, la COB marchará en La Paz con un pliego de peticiones que más parece un plan de gobierno. Pero para aplicar un plan de gobierno hay que ganar elecciones, no marchar. Y queda otra pregunta incómoda: ¿qué mérito tiene una protesta dirigida por sindicalistas que viven declarados en comisión?
Es tiempo de buscar consensos. El clamor es cada vez más fuerte, pero parece que los principales dirigentes políticos del país están enfermos de la vista, el oído y el sentido común. Y así, entre discursos, marchas y evasivas, el país sigue esperando respuestas que tardan en llegar.
¡Feliz Dia del Trabajo a quienes realmente le ponen el hombro al país, sin cálculos ni retaceos!
(*) César Del Castillo es editor