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Cara a cara

Viernes, 26 de junio de 2026 a las 05:00

 José Luis Rodríguez Zapatero fue mucho más que un expresidente español. Se convirtió en el consejero político de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Evo Morales y Luis Arce. Durante años se creyó que esa cercanía respondía a convicciones ideológicas. La investigación que hoy avanza en España plantea una hipótesis mucho menos épica: mucho dinero cobraba Zapatero.

 En Bolivia, Morales y Arce hicieron de la lucha contra la corrupción una bandera política. Sin embargo, los casos que se acumulan —consorcios judiciales, operadores políticos y ahora los chats atribuidos a Zapatero— dibujan un escenario opuesto. No erradicaron el cáncer de la corrupción; todo indica que contribuyeron a su metástasis. Arce negó cualquier tráfico de influencias. No es novedad; lo hizo también en los caos de sus hijos millonarios.

 Samuel Doria Medina encontró una lectura que trasciende el caso. Dijo que ahora entiende por qué durante años ganaba litigios en tribunales internacionales y los perdía en Bolivia. Si los presidentes influían en las decisiones judiciales, preguntó, ¿cómo podía esperar un fallo imparcial? Más que una acusación, es una radiografía de la profunda desconfianza que arrastra la justicia boliviana.

 El problema ya no es Zapatero y sus caros zapatos. Es un modelo de poder que confundió militancia con impunidad y relaciones políticas con influencia institucional. En España, el proceso seguirá su curso; pero en Bolivia abundan conclusiones sobre los entuertos del poder. Al final, la ironía de Jorge Tuto Quiroga parece resumir mejor que cualquier discurso el ocaso de una época: no son socialistas; son socios listos.

(*) César Del Castillo es editor

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