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Cuando la oportunidad histórica anuncia su llegada

Sabado, 11 de julio de 2026 a las 04:55

El ministro de la presidencia, José Luis Lupo, asevera que rara vez una oportunidad histórica se anuncia de manera anticipada. Pues bien, más allá de que uno pueda estar de acuerdo o no con esa aseveración, la elección del actual gobierno fue uno de esos casos.

Al final del fallido gobierno de Luis Arce y tras 20 años de la elección por primera vez de Evo Morales, el país estaba sediento de un cambio drástico de rumbo –irónicamente, del movimiento que se autodefinía como “el proceso de cambio”.

Existía mucha esperanza de que las cosas mejorarían con la asunción al poder de un gobierno que no sea del MAS. Se esperaba un gran golpe de timón. Desde un nuevo modelo económico y la obtención de considerables recursos financieros, hasta la reforma integral de la justicia, desde terminar con la corrupción, hasta aplicar la justicia por igual a todos, incluido Evo Morales, desde la reconstrucción de la institucionalidad hasta el respeto riguroso a la Constitución Política del Estado.

Lamentable y penosamente, pero tal vez previsiblemente dada la naturaleza del nuevo gobierno, la esperanza que resultaba de escoger otro camino con otro gobierno después del fracaso del MAS ha sido frustrada, al menos hasta ahora.

Como señalaba Jaime Dunn, ex candidato, y probablemente futuro candidato presidencial, el gobierno está sufriendo los embates, no de lo que hizo, sino de lo que no hizo, lo cual puede ser mucho peor.

Casi ninguna de las principales asignaturas pendientes se ha realizado, aunque, para ser justos, varias de estas tomarían todo un periodo presidencial plasmar. Lo grave es que ni siquiera se han iniciado. Hay la percepción –y en la política la percepción lo es todo- de que no hay movimiento en el sentido correcto en la gestión de gobierno, de que seguimos con demasiadas cosas igual que antes.

En cambio, gruesos errores del gobierno dieron lugar a que dirigentes oportunistas, explotadores de la pobreza e ignorancia, y la sensación de marginamiento y desigualdad de una parte de la población, principalmente rural y originaria, articularan un bloqueo que semiparalizó la actividad económica y la circulación de la población, dando lugar a que Evo Morales aproveche esa coyuntura y en conjunto intentaran derrocar al gobierno, todo lo cual resultó en la muerte de varias personas inocentes y un gran perjuicio para el país.

Si bien las fuerzas que exigían la renuncia de Paz fueron derrotadas en esa pretensión, y ahora se encuentran enfrascadas en una pelea interna, por lo tanto significativamente debilitadas, el gobierno no ha salido fortalecido de ese enfrentamiento, más bien lo contrario. Los más de cincuenta días de bloqueo y paralización le han restado apoyo, confianza y tiempo. Tampoco puede contar con la desaparición de aquellos que demandaban su renuncia, especialmente de Morales; cualquier paso en falso y volverán a intentar convulsionar al país y derrocar al gobierno.

Si bien el MAS y sus facciones sufrieron una aplastante derrota electoral el 2025, este resultado fue hasta cierto punto engañoso. Si contamos los votos nulos, opción que apoyó Evo Morales en la primera vuelta, más los votos de las diferentes versiones del MAS, habría un electorado de alrededor del 25% que aún apoya a Evo Morales.

Sin embargo, tomando en cuenta esa realidad y que el Estado estaba en quiebra al inicio de la actual gestión de gobierno, era difícil imaginar un inicio de gestión más auspiciosa que la de Rodrigo Paz.

En la Asamblea, las facciones del MAS quedaron reducidas a tal vez diez diputados, aunque algunos se filtraron en las listas de otros frentes, principalmente, al parecer, del oficialismo, mientras que, dada la desinstitucionalización del poder judicial, el nuevo gobierno podía contar, al menos en ese momento, con su anuencia, prueba de lo cual es que le dio la razón al gobierno al no desautorizar el decreto supremo que permitía al presidente no traspasar el mando al vicepresidente y gobernar sin estar en el país, contrariamente a lo que dice la CPE.

La derrota electoral aplastante del MAS y facciones dio lugar a una desmoralización de ese movimiento político. O sea, al principio de su gestión el gobierno de Paz prácticamente no tenía una oposición que pudiera obstaculizar, ¿nos atreveríamos a decir bloquear?, iniciativas y políticas del flamante gobierno. Todo lo que tenía que hacer era convencer o transar con al menos un número suficiente de parlamentarios del anti MAS para obtener una mayoría que le permita aprobar sus leyes, e idealmente cambiar parcialmente la CPE.

La situación externa era, si cabe, aún más favorable. Si un gobierno regional se alinea con los intereses del gobierno de Donald Trump éste puede contar con un apoyo efectivo. Rodrigo Paz se alineó, aun antes de ser elegido, con la nueva política exterior de los EEUU, dando lugar a un apoyo crucial para obtener recursos de las instituciones multinacionales de crédito y la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.

No aprovechar una oportunidad histórica, haya o no sido prevista, es derrochar algo de valor inconmensurable. El gobierno de Paz no aprovechó el gran capital político al inicio de su mandato para tomar las medidas impopulares pero imprescindibles, excepto por la eliminación de la subvención a los hidrocarburos -la cual, irónicamente, y para aumentar la gran fortuna al inicio de su mandato, no causó una convulsión social- para que el país pueda revertir su situación y progresar de manera sostenida.

El gobierno nunca volverá a tener el capital político del inicio de su mandato y por tanto la posibilidad de efectuar reformas y cambios impopulares pero indispensables. Ahora debe enfrentar las consecuencias de su inacción. Las medidas más difíciles de este gobierno están por delante cuando éste ha sufrido un gran desgaste.

Ojalá, para el bien del país, que Lupo esté equivocado cuando también declara que las oportunidades históricas desaprovechadas casi nunca conceden una segunda oportunidad.

* Carlos Guevara Rodríguez; Columna Circunstancial

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